Carlos Fuentes aborda el narcotráfico en México en una nueva novela

September 8, 2009 by Revista Opción  
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CarlosFuentesEl escritor mexicano Carlos Fuentes tendrá a finales de noviembre una nueva novela en las estanterías de las librerías, una obra que bajo el título de “Adán en Edén” aborda el tema del narcotráfico y la corrupción política en su país.
El autor de “La voluntad y la fortuna” informó a medios españoles que estos días anda corrigiendo las pruebas de su nueva obra, que califica de “novela-reportaje”.
Fuentes, de 80 años, se encuentra en España para recibir en la noche de hoy lunes el Premio González-Ruano de Periodismo, que concede la Fundación Mapfre.
Entre los galardones recibidos a lo largo de su carrera, el escritor cuenta con el Premio Rómulo Gallegos y el Cervantes.
Milenio

Obra de Onetti emerge de su amor a la vida

July 4, 2009 by Revista Opción  
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OnettiLa obra de Juan Carlos Onetti emerge de “su amor por la vida”, que le permitió escribir de forma “elocuente” y “eficaz”, y “llegar a lo más inherente del ser humano”, sostiene la periodista uruguaya Esther Gilio, quien mantuvo una estrecha amistad con el escritor y lo entrevistó durante casi treinta años.
Onetti, de quien el pasado miércoles se cumplió el centenario de su nacimiento, no habría podido hacer literatura “si la vida le hubiese pasado por el costado”, opina Gilio en una entrevista.
De hecho, “no tenía el menor respeto por la muerte”, pues “para él era una injusticia muy grave”, explica la escritora y periodista, quien participa activamente en las actividades del “Año Onetti” inaugurado el pasado mes de mayo para rendir homenaje al autor de “La vida breve” (1950).
“Si Dios existiera, que creo que para él no existía, habría cometido una gran injusticia dándole la vida al hombre para luego quitársela”, afirma Gilio, quien recopiló sus diálogos con el novelista en el libro “Estás acá para creerme. Mis entrevistas con Onetti”, reeditado en Uruguay en el marco del centenario.
Para la periodista y escritora, Onetti (Montevideo, 1909 – Madrid, 1994) “es, tal vez, el único novelista uruguayo”, cuyo virtuosismo radica en llegar “a las profundidades del ser humano, a lo más íntimo, a lo más sustancial”, de una manera “directa”, “sin rebuscamientos”.
“No había nada en la vida que él cambiase por escribir”, asegura Gilio, quien hace mención en su libro al platónico “romance de dos días” que vivió en Montevideo con el escritor uruguayo cuando ella tenía 17 años y él 33, y ya había publicado su primera novela, “El pozo” (1939).
Según la periodista, las relaciones de Onetti con las mujeres “lo acercaban al sexo femenino”, que él encontraba cargado de “misterio”.
“Yo le decía: ‘Te crees que todas las mujeres somos seres misteriosos, y somos unas idiotas, igual que vos, igual que los hombres’. Y él se reía”, rememora Gilio.
A su juicio, el amor dio “alimento” a la literatura de Onetti, cuya cuarta mujer, Dorothea Muhr (con quien estuvo casado desde 1945 hasta su muerte en Madrid) llegó a ser una de esas “muchachas sin edad” por las que dijo sentirse atraído.
Gilio también menciona el romance que vivió con la poetisa uruguaya recientemente fallecida Idea Vilariño, “una de las mujeres que más le importó”, junto a “su propia esposa (Dolly) y otra mujer (de quien no quiso dar su nombre) que vive todavía en Uruguay”.
Según la periodista, “el amor fue muy importante” para Onetti, cuya postura de “indiferencia” consistió en “colocarse en un lugar irónico para hablar de la vida”.
Al contrario de los poetas, que “derraman ríos de sangre, él quería apartarse de esa actitud tan reverente con la vida, pero en el fondo la tenía”, afirma la periodista.
“Amaba a sus amigos, a sus mujeres, a sus perros; incluso a alguna periodista también”, dice Gilio con una sonrisa pícara.
Tras entrevistar a Onetti en sucesivas ocasiones entre 1965 y 1994, tanto en su domicilio en Montevideo como en su piso en la Avenida de América de Madrid -donde se exilió tras la instauración de la dictadura en Uruguay y que nunca abandonó-, lo describe como un hombre “irónico” y “muy pesimista”.
También sincero, pues “si le estabas entrevistando y pensaba que la pregunta que le hacías era una estupidez, te lo decía. Era de una gran autenticidad”.
Una actitud que le llevó a mostrar “un gran desprecio por la bambolla, por ser elogiado”, apostilla la periodista.
Para Gilio, el novelista uruguayo nunca podrá convertirse en un autor de masas al margen de obras como “El Pozo” o “Jacob y el otro”, que sí lo acercan al gran público.
“A Onetti le pasa en Uruguay como a Jorge Luis Borges en Argentina, todo el mundo habla de Onetti pero poca gente lo lee”, sentencia.
El Universal

Onetti, el primer novelista moderno de nuestra lengua: Vargas Llosa

June 19, 2009 by Revista Opción  
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gdetierra_bald_juan_carlos_onetti2“Seguimos sintiendo que el mundo, tal como es, es insuficiente”, y al igual que los hombres primitivos que se reunían a escuchar historias, ellas muchas veces nos salvan, afirmó el escritor peruano Mario Vargas Llosa en un emotivo homenaje al uruguayo Juan Carlos Onetti.
En el marco de los actos en memoria del autor, del que se cumplen 100 años de su nacimiento el 1 de julio (y 15 de su muerte el pasado 30 de mayo), Vargas Llosa dialogó en la Casa de América de Madrid el miércoles por la noche con el periodista Juan Cruz sobre la obra de Onetti, del que destacó su autenticidad y su lenguaje completamente moderno para su tiempo.
“Uno de los grandes méritos es que Onetti es el primer novelista moderno de nuestra lengua. El suyo es un lenguaje moderno, hay que pensar que su primera novela (El pozo) aparece en 1939″, señaló Vargas Llosa.
Hasta entonces, la literatura se hacía con mucho color local, queriendo mostrar en Latinoamérica el sufrimiento de los marginados y la situación presente, pero con un lenguaje “amanerado, distanciado” que trata de distanciarse de esa realidad. “Cuando aparece El pozo, ese tipo de literatura queda vieja”, porque los personajes de Onetti hablan como lo hace la gente de la calle.
“Lo que a mí me apasiona en los escritores que yo admiro son las obsesiones. Y en Onetti son flagrantes”, añadió el autor de La fiesta del Chivo tras la proyección de un relato del uruguayo que teatralizó hace unos años junto con la actriz Aitana Sánchez Gijón, que habla precisamente del amor, los celos, la muerte.
“Eso le da a la obra de Onetti ese rasgo de autenticidad. No sentimos sólo que el escritor ha puesto su destreza técnica, sino que en cierta forma se ha involucrado. Él ponía sus conocimientos, su manejo de la literatura moderna, pero además ponía las entrañas”.
“Nunca me sentí defraudado con Onetti”, añadió Vargas Llosa al comentar que conoció su obra desde los años 60 y tuvo oportunidad de leerla además toda de corrido para un seminario sobre el escritor que acabó convertido en libro.
Ante un auditorio a rebosar en el que estaba Dorothea Muhr, viuda de Onetti, Vargas Llosa señaló que aunque en persona el uruguayo tenía un gran sentido del humor, lo más profundo de su creación literaria era “negra y pesimista”, de un nihilismo total, “con una visión de la condición humana y de la historia desesperada” en la que las personas, a medida que se hacen adultas, van haciendo concesiones y se corrompen, en un sentido más profundo o sencillamente por la mediocridad.
Por eso la pregunta que surge es “con esta visión del mundo cómo se pueden escribir cosas tan bellas. Ahí está el genio de un escritor”, destacó. Porque al leer a Onetti, “a pesar de la mugre, a pesar de la desesperanza, estamos disfrutando. Y su obra despierta en nosotros cosas buenas, generosidad, solidaridad”.
Vargas Llosa aprovechó la conferencia para contar la versión auténtica de una conversación que tuvo con Onetti, en la que éste, después de que el peruano le relatara lo ordenado y sistemático que él es al escribir, resumió: “Claro, lo que pasa es que tú tienes relaciones conyugales con la literatura, y yo carnales”.
Lo que no pudo confirmar es que sea cierta la anécdota supuestamente ocurrida después de que Vargas Llosa ganara en 1967 el Premio Rómulo Gallegos, del que Onetti fue finalista ese año con Juntacadáveres. Pero en cualquier caso, afirmó el peruano, es perfectamente verosímil con el carácter del uruguayo.
Conocida la noticia, Onetti habría dicho: “Cómo no iban a darle el premio a Vargas Llosa si el burdel de La casa verde tenía orquesta, y el mío no”.
La Jornada

Muere JG Ballard, autor de El Imperio del Sol

April 20, 2009 by Revista Opción  
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ballardjgEl escritor JG Ballard, uno de los grandes referentes de la literatura británica de ciencia ficción de las últimas décadas, murió hoy a los 78 años después de una larga enfermedad, informó su agente, Margaret Hanbury.
El autor de obras como El Imperio del Sol y Crash, cuyas adaptaciones cinematográficas fueron grandes éxitos de Hollywood, escribió un total de 15 novelas y numerosas historias cortas.
Ballard, que afirmaba que sus libros no eran ciencia ficción, sino “un retrato de la psicología del futuro”, obtuvo fama mundial con El Imperio del Sol (1984), novela basada en los años que pasó en un campo de concentración japonés en China cuando era un niño.
La novela fue llevada a la gran pantalla por Steven Spielberg en 1987, al igual que lo fue Crash (1973), adaptada por David Cronenberg en 2000 y también un gran éxito de público y crítica.
Ballard nació en Shangai (China) el 18 de noviembre de 1930 y durante la II Guerra Mundial fue encarcelado junto a su familia, que formaba parte de la comunidad británica de expatriados, por los invasores japoneses, cuya violencia es descrita en su obra.
Esa experiencia cuando tenía 12 años le marcó y dejó una clara impronta en su obra, que comenzó a desarrollar plenamente a principios de los años 60, ya instalado en el Reino Unido.
Sobre su experiencia infantil durante la guerra, afirmó en una ocasión: “no diría que fui feliz, pero no tengo recuerdos desagradables del campo. Recuerdo mucha de la brutalidad arbitraria y de las palizas continuas, pero al mismo tiempo los niños podíamos jugar todo lo que quisiéramos y a todas horas”.
A la fama cosechada por la obra adaptada por Spielberg, se sumó la generada por la versión cinematográfica de Crash, una descripción explícita sobre la relación entre el deseo sexual y los coches que provocó una fuerte controversia por parte de quienes consideraban que superaba los límites aceptables de la obscenidad.
Sus últimos trabajos -Super-Cannes (2000), Millennium People (2003) y Bienvenidos a Metro-Center (2006)- atrajeron a numerosos lectores, pero también polémica en los círculos literarios.
En cuanto a los cuentos e historias cortas, su prolífica trayectoria se remonta a finales de la década de los 50 y es en la década posterior cuando se convierte en uno de los autores de referencia de la llamada Nueva Ola de la ciencia ficción inglesa.
Su literatura desarrolla la problemática del siglo XX, ya sean las catástrofes medioambientales o el efecto en el hombre de la evolución tecnológica, como en su primera novela, El mundo sumergido (1962), en la que imagina un tema tan de actualidad como las consecuencias del calentamiento global del planeta.
El Universal

El chileno Luis Sepúlveda gana el Primavera de Novela

February 21, 2009 by Revista Opción  
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sepulvedaEl escritor chileno Luis Sepúlveda ha ganado la XIII edición del Premio Primavera de Novela, dotado con 200.000 euros, con su obra ‘La sombra de lo que fuimos’, mientras que el español José María Beneyto se lleva los 30.000 euros correspondientes al finalista con ‘Los elementos del mundo’.
El jurado que ha fallado este premio, que convocan cada año la editorial Espasa Calpe y Ámbito Cultural de El Corte Inglés, ha estado presidido por Ana María Matute y han formado también parte de él Antonio Soler, Ángel Basanta, Ramón Pernas, Ana Rosa Semprún y Miryam Galaz, como secretaria sin voto.
Luis Sepúlveda ha escrito una novela generacional “con estructura detectivesca” que habla del desengaño de unos chilenos que recuerdan su juventud, en los años sesenta y setenta, su relación con el Partido Comunista, el golpe de Estado, el exilio y su regreso a un Chile en democracia, “un país que ya sólo existía en su memoria”, ha explicado Ángel Basanta al presentar la obra.
Es una obra muy extensa en la que José María Beneyto propone una gran reflexión sobre Alemania y Europa, el nazismo y el sentimiento de culpa, con una mezcla de géneros, ha señalado Antonio Soler.
Uno de los escritores más traducidos
Afincado en Gijón desde hace años, Luis Sepúlveda (Ovalle, Chile, 1949) es uno de los escritores en lengua española más traducido, y, en concreto, su obra “El viejo que leía novelas de amor” (1989) está publicada en sesenta idiomas.
Hijo de vasca y de jienense, Sepúlveda se considera miembro del grupo de escritores latinoamericanos posteriores al ‘boom’ del realismo mágico y es autor además de títulos como ‘Patagonia express’ (1995), ‘Historia de una gaviota y del gato que la enseñó a volar’ (1996) y ‘La rosa de Atacama’ (2000).
Por su parte, José María Beneyto es director del Instituto Europeo de la Universidad San Pablo-CEU y autor de varios ensayos, y ésta es su primera novela.
Casi 300 originales, procedentes de cuatro continentes, se habían presentado a esta XIII edición del Premio Primavera de Novela.
El Mundo

Futurismo, un siglo a toda velocidad

February 18, 2009 by Revista Opción  
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20090218elpepicul_1A finales del año 1908 Marinetti, uno de los principales protagonistas del vanguardismo europeo, es arrojado por su coche a una zanja llena de agua tras un rocambolesco viraje para evitar a dos ciclistas. Será el primer accidente moderno que dará lugar a una narrativa mítica, la de los orígenes; cerrar una etapa de forma violenta, como ocurrirá casi medio siglo después con James Dean primero y el pintor abstraccionista Jackson Pollock después, ambos fallecidos en un choque de automóvil, muertos a manos de la velocidad, incapaces de soportar los anticuados esquemas de los cincuenta, ávidos de comenzar de cero incluso a costa de la propia vida.
También Marinetti va a perder la vida en su accidente, o por lo menos la vida que conoce hasta aquella tarde. Como si de un bautismo laico se tratara -cuenta la leyenda que más circula- reemerge de la zanja futurista. No está mal el nombre acuñado para la ocasión, pues no hay pasado ni hay ancestros: sólo el futuro por delante.
Se pone a la tarea sin perder ni un momento, porque el futuro va muy deprisa, y apenas unos meses después está concluido el texto que aparece en Figaro hace ahora 100 años, el 20 de febrero de 1909. Es un escrito programático en el que no caben dudas respecto a lo que se espera del porvenir y con ese Primer manifiesto del futurismo se inaugura mucho más que el amor a la velocidad. Con él se da el pistoletazo de salida para la vanguardia como va a entenderse y a organizarse a partir de entonces: una actitud renovadora en el terreno artístico y, sobre todo, existencial. Hay que ser sobre todo modernos, como dijeran los poetas franceses de finales del XIX.
Modernidad radical
Y Marinetti se propone serlo desde sus orígenes decadentistas que apenas un año después, en 1910, le llevan a escribir -casi a destiempo- una novela indescriptible, Mafarka el futurista, paroxismo de desenfreno colonial africano pese a dedicarse el protagonista, en ese colmo de las paradojas que acarrea el movimiento, a “la construcción de pájaros mecánicos”.
Porque si la modernidad propuesta desde el manifiesto no puede ser más radical, tampoco puede ser más contradictoria. Son internacionales y son nacionalistas, revolucionarios sin intereses sociales; quieren cantar al peligro, exigen poetas ardorosos y rebeldes, glorifican la guerra -higiene del mundo-; son antifeministas y aspiran a quemar los museos, las bibliotecas y “las academias de todo tipo” en un mundo que deberá estar gobernado por la velocidad y en el cual “un automóvil de carreras que ruge es más bello que la Victoria de Samotracia”.
La polémica está servida por el poeta y animador cultural Marinetti, que sabe promocionar su producto como nadie y a la manera más contemporánea, se diría, recurriendo con frecuencia al escándalo, como ocurre en las famosas seratas futuristas, veladas con mucho de actuación teatral -con insultos y provocaciones al público incluidos- y en las cuales se halla el origen del cabaret dadá y hasta de los happenings. Con un mejor manejo de los medios que habilidad intelectual, como ocurre con tantos animadores hoy, Marinetti logra promocionar el movimiento dentro y fuera de Italia hasta convertirse en referente de lo moderno en círculos tan variopintos, políticamente hablando, como Revista de Occidente y los círculos ramonianos de Madrid; la revista Actual de los estridentistas mexicanos, comprometida con la revolución rusa; o Martín Fierro de Borges en Buenos Aires, donde se parafrasea a Marinetti al escribir que “un Hispano-Suiza es una obra de arte más bella que una silla Luis XV”.
Sin embargo, pese a la diversidad de facciones que el movimiento fue capaz de atraer, suele verse demasiado próximo a las posiciones mussolinianas, en parte debido a las lecturas de Walter Benjamin sobre el totalitarismo y las asociaciones con los futuristas.
Parte de razón no falta en las críticas hacia su militarismo y su peligrosa esencia nacionalista, aunque visto con la distancia del tiempo y tras las lecturas que Fluxus hizo del movimiento en la década de los sesenta, a partir de los experimentos musicales de Russolo y su Arte de los ruidos parece claro que las relaciones con el fascismo italiano no fueron tan armoniosas como se ha tratado de enfatizar. La constante revisión de posiciones del grupo, que les hizo también ser feministas y antifeministas a un tiempo, hace que resulte complejo establecer las auténticas y perdurables filiaciones ideológicas de los futuristas.
Así, hoy día el Futurismo tiende a leerse como un soplo de arte fresco, al menos en lo que a las propuestas artísticas se refiere. Si personajes como Boccioni o Balla trataron de mostrar el movimiento en la escultura, el cine y la foto de Bragaglia y sus sobreimpresiones dinámicas -la ilusión óptica de atrapar el movimiento mientras ocurre- se enraízan con la famosa obra de Duchamp Desnudo bajando una escalera, que convulsionaría la escena de los primeros años diez. No sólo. Es posible que todas y cada una de las provocaciones de la vanguardia, su fascinación por convertir el arte en la vida y la vida en el arte, por romper las fronteras entre ambos, deban volver la mirada hacia las primeras performances marinettianas.
Por eso, tratar de encontrar la herencia futurista en la actualidad no parece de ninguna manera desatinada. Los planteamientos de los futuristas siguen vivos tanto en nuestra pasión de hoy por la técnica como en la crítica cultural a los museos, si bien, más mediocres que ellos, no terminamos de quemarlos.
Dejando a un lado las radicalidades vanguardistas, está claro que el Futurismo nos enseñó algunas cosas esenciales de la modernidad: a vivir deprisa, por ejemplo, pues como dijo Lacan, la realidad no nos espera.
El País