Detenida la cónsul colombiana en Caracas

August 17, 2009 by Revista Opción  
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La guardia venezolana ha detenido a la cónsul de Colombia en Caracas, María Elvira Cabello, junto con otros 50 compatriotas, cuando realizaban labores de documentación con residentes colombianos, según ha informado la cancillería de ese país y los medios locales.
La cónsul ha denunciado a la emisora colombiana Caracol Radio que se ha producido una violación de la inmunidad diplomática. Según Cabello, los policías decomisaron documentos y equipos del consulado y luego trasladaron al grupo a una comisaría. “Se violó la inmunidad diplomática al detenernos los computadores y la papelería de nosotros, al solicitarnos que les entregáramos nuestros documentos de identificación donde dicen que éramos diplomáticos y nos los devolvieron cuando llegamos a la sede de la policía de Caracas”, ha asegurado la diplomática.
El presidente venezolano, Hugo Chávez, decidió recientemente congelar las relaciones con Colombia a raíz del acuerdo de este país con Washington para el uso de sus bases militares por fuerzas estadounidenses y de las acusaciones sobre un supuesto desvío de armas venezolanas a la guerrilla colombiana de las FARC.
El País

El dinero perdido de las FARC

August 2, 2009 by Revista Opción  
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El archivo de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) asedia al presidente de Ecuador, Rafael Correa, y ha puesto al rojo vivo las relaciones entre Bogotá y Quito. Primero los ordenadores de Raúl Reyes, número dos de la guerrilla; luego, un vídeo del Mono Jojoy, su jefe militar, y ahora un supuesto diario personal del propio Reyes dan cuenta de las relaciones clandestinas de la guerrilla con el equipo de Correa y la financiación de su campaña electoral en 2006.
Un mensaje de Raúl Reyes, muerto en el ataque colombiano contra su campamento en Ecuador, anuncia, en octubre de 2006, la aportación de 400.000 dólares. La cifra coincide con las sumas ingresadas en efectivo en esas fechas en la cuenta bancaria de Alianza País, la formación del entonces candidato Correa, y con los gastos de campaña no justificados ante las autoridades electorales.
El presidente ecuatoriano ha rechazado con vehemencia cualquier contacto o aportación de las FARC. Pero con unas evidencias cada vez más comprometedoras, Correa, que en 10 días iniciará un nuevo periodo presidencial, parece estar cambiando de estrategia: sugiere que alguien pudo haber usado su nombre para sacarle dinero a la guerrilla, que maneja fondos cuantiosos gracias a sus actividades en el narcotráfico, y ha ido cortando por lo sano con los colaboradores más señalados por los documentos incautados.
Se trata de un grupo que mantenía relaciones con las FARC mucho antes de que Correa se lanzara a la batalla política, y que se integra después en su círculo cercano. Entre ellos está el general René Vargas, actual embajador en Caracas; el coronel Jorge Brito o el ex ministro de Seguridad Gustavo Larrea y su asesor José Ignacio Chauvín, adscritos a la izquierda radical y admiradores de Hugo Chávez. En nombre de Correa, negociaron donaciones o acuerdos con la guerrilla.
Un análisis del conjunto de los correos electrónicos hallados en los ordenadores de Raúl Reyes, a los que ha tenido acceso EL PAÍS, permite reconstruir la bitácora de los contactos con bastante precisión.
La primera mención a Rafael Correa aparece en septiembre de 2006, apenas un mes antes de la primera vuelta electoral. Las FARC, fieles a su tradición intervencionista en la política ecuatoriana, aún no habían decidido a qué candidato de la izquierda prestar su apoyo, tanto financiero como de movilización de votos en las provincias fronterizas. Les buscaban León Roldós y Lucio Gutiérrez, pero Reyes se había fijado en Correa. “Bien valdría la pena hacerle monitoreo”, le dice a una de sus más conspicuas corresponsales, alias Alicia (identificada por Colombia como María Augusta Calle, luego diputada de Alianza País).
El interés de la guerrilla aumenta tras la visita del coronel Brito al campamento base de Reyes, instalado de forma estable en Sucumbíos, al norte de Ecuador. Brito le explica los compromisos de campaña de Correa: cerrar la base estadounidense de Manta, “disminuir las tropas en la frontera con Colombia, establecer relaciones con las FARC al más alto nivel y convenir formas de colaboración recíproca”, además de convocar una asamblea constituyente, entre otros puntos. “Como es obvio solicitan nuestro aporte en motivar a la gente de la frontera y alguna ayuda económica. Respondimos con el cuidado requerido”, escribe Reyes el 24 de septiembre de 2006.
Las FARC se hacen de rogar. No acaban de confiar en el joven candidato. “Realmente le falta consistencia política e ideológica”, escribiría Reyes aún después de haber decidido ayudarle. Pero “pese a sus inconsistencias y de carecer de un pasado revolucionario, sí ha expresado posiciones antiimperialistas, amistosas con Cuba, Venezuela, Bolivia y la lucha revolucionaria de las FARC”.
Las críticas de Correa al Plan Colombia contra el narcotráfico y las fumigaciones de cultivos ilícitos en zona fronteriza animan a las FARC. Un rápido intercambio de consultas entre los dirigentes del Secretariado desemboca en la decisión, anunciada por Pedro Marín, Tirofijo, máximo jefe de las FARC, el 12 de octubre de 2006, de donar 100.000 dólares recolectados entre los diferentes bloques de la guerrilla.
“El 13 de los corrientes me entrevisté nuevamente con el coronel Jorge Brito y el Médico Ayala, les transmití el saludo del Jefe y del Secretariado deseándoles éxitos en el día de las elecciones y la decisión de aportarles cien mil dólares, más la disposición de contribuirles con el llamado a la gente de la frontera a votar por ellos”, escribe Raúl Reyes a sus compañeros de las FARC el 14 de octubre de 2006, un día antes de la primera vuelta electoral en Ecuador. “De una vez le hice entrega de dicha cantidad al Coronel, quien emotivamente agradeció a nombre del candidato Rafael Correa. Edgar me hizo el préstamo. Amigos del Frente 48 hicieron una recolecta de otros 300 mil dólares para la misma campaña, me dice Edgar” [Se trata de Edgar Tovar, jefe del Frente 48, que controla la zona fronteriza entre Colombia y Ecuador].
A lo largo de los días siguientes, la cuenta única abierta por Alianza País en el Banco de Machala registró depósitos en efectivo por un total de 487.848 dólares, según un informe de las autoridades electorales. Además, la auditoría realizada a los gastos de campaña, publicada por el diario El Comercio, no pudo establecer la procedencia de 412.000 dólares gastados por Alianza País en la segunda vuelta electoral, celebrada el 26 de noviembre y que llevó a Correa a la presidencia.
El expediente no tuvo recorrido. En octubre de 2008, a punto de ser disuelto por la nueva la Asamblea Constituyente, el Tribunal Electoral dio carpetazo al asunto. Sin embargo, la espinosa cuestión de la financiación ilegal a la campaña de Alianza País volvería a explotar poco después, tras la ofensiva llevada a cabo por la fiscalía antinarcóticos ecuatoriana contra el cartel de los hermanos Ostaiza, que opera en el norte del país y comercializa la droga de las FARC. Jefferson, Edison y Miguel Ostaiza eran, de hecho, los principales clientes del Frente 48. La inteligencia colombiana cree que los Ostaiza son, precisamente, la fuente de esa recolecta de 300.000 dólares que menciona Reyes en su mensaje.
Sobre todo después de que las investigaciones de la fiscalía ecuatoriana destaparan una turbia red de contactos que tiene como eje a José Ignacio Chauvín, amigo de los Ostaiza, de Raúl Reyes y del entonces ministro de Seguridad, Gustavo Larrea, que lo nombró subsecretario. Según testigos y grabaciones en poder de la fiscalía, Chauvín aseguraba que los Ostaiza “querían contribuir con mucha plata al proceso” electoral.
El escándalo provocó la salida de Gustavo Larrea del Gobierno, justo después de que Colombia diera a conocer su reunión con Raúl Reyes en enero de 2008. Larrea justificó el encuentro como un intento de mediación para la liberación de los rehenes de las FARC, pero el mensaje que Reyes dejó escrito en su ordenador el 18 de enero de 2008, añade otros datos inquietantes. Larrea expone el “interés del presidente Correa de oficializar las relaciones con la dirección de las FARC”, su “disposición a coordinar actividades sociales e intercambio de información en la frontera”, “cambiar a los mandos de la fuerza pública con comportamientos hostiles” y demandar a Colombia por las fumigaciones… “Tienen claro que Uribe representa los intereses de la Casa Blanca, las multinacionales y las oligarquías y es peligroso para la región”, concluye Reyes.
La complicidad entre los amigos de Correa y las FARC no termina ahí. Chauvín y Larrea utilizaban a la Asociación Latinoamericana de Derechos Humanos (ALDHU) para dar cobertura a los guerrilleros. Chauvín les facilitaba carnés y documentación de esa ONG, muy conocida en Suramérica, para que pudieran moverse libremente en la frontera y organizaba redes de información camufladas en organizaciones de “solidaridad campesina”.
Mientras todo esto ocurría, las autoridades colombianas se desesperaban ante la falta de colaboración de sus pares ecuatorianos. El general Fredy Padilla, comandante de las Fuerzas Armadas de Colombia, insiste en que ellos pasaron puntual información a Quito sobre la ubicación de los campamentos de las FARC en Ecuador, incluido el de Raúl Reyes, sin que nunca obtuvieran respuesta. El coronel ecuatoriano Mario Pazmiño, ex jefe de inteligencia militar, asegura que esas coordenadas nunca llegaron a los mandos sobre el terreno. Esa falta de confianza fue la que llevó a Colombia a ocultar al Gobierno ecuatoriano su intención de atacar el campamento de Raúl Reyes, el 1 de marzo de 2008.
¿Cuál es el papel de Rafael Correa en toda red de contactos con las FARC? ¿Sabía lo que hacían sus colaboradores? El presidente ecuatoriano ha mantenido desde el principio una postura muy beligerante contra el Gobierno de Álvaro Uribe. Rompió relaciones con Colombia tras el bombardeo contra el campamento de Reyes, por la violación del territorio ecuatoriano, y ha llevado la batalla al terreno comercial, al instaurar unos aranceles especiales a más de 1.300 productos colombianos.
Sin embargo, al mismo tiempo, se ha ido desmarcando de los colaboradores más polémicos. José Ignacio Chauvín fue encarcelado (aunque poco después recuperó la libertad por “irregularidades en el procedimiento”). Gustavo Larrea perdió el ministerio y vio frustrada su intención de convertirse en diputado de la Asamblea Constituyente, lo que le hubiera garantizado la inmunidad. Correa, además, asegura que el general Jorge Brito nunca formó parte de su equipo de campaña. Y no ha dudado en retirar la inmunidad a la Asociación Latinoamericana de Derechos Humanos, cuyos dirigentes se han volatilizado.
¿Ha sido Correa víctima de un abigarrado sector militar y civil, vinculado a las FARC y al narcotráfico, que ha estado actuando a sus espaldas? Así lo cree el ex jefe de inteligencia ecuatoriano Mario Pazmiño. En una entrevista a la revista Semana, Pazmiño asegura que Correa está siendo engañado. La inteligencia colombiana lo duda: varios testimonios y documentos indican que Correa sí estuvo de acuerdo en solicitar apoyo electoral a las FARC. Aunque tal vez, admiten estas fuentes, algunos miembros de su equipo llevaron las cosas “demasiado lejos”.
El País

Reservan su derecho a declarar dos mexicanos acusados de nexos con las FARC

July 25, 2009 by Revista Opción  
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colombia-farcDos mexicanos acusados de apoyar a las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) se reservaron hoy viernes el derecho a declarar, al comparecer en la Subprocuraduría de Investigación Especializada en Delincuencia Organizada (SIEDO).
“Nos estamos reservando el derecho de declarar. Solamente estamos tomando nota y sabiendo de qué cosa se está acusando”, dijo Enoc Escobar, abogado defensor de Ángel Fermín García Lara y Margarita Villanueva Gallegos. “Vamos a presentar una declaración por escrito con pruebas documentales y testimoniales”.
García Lara y Villanueva Gallegos forman parte de un grupo de 15 personas, entre ellos Lucía Morett, demandados por dos organizaciones civiles mexicanas por supuesto apoyo a las FARC.
Morett y un grupo de mexicanos, de los cuales cuatro murieron, se encontraban en un campamento de las FARC en Ecuador atacado el 1 de marzo de 2008 por el Ejército de Colombia, en un bombardeo en el que murió Raúl Reyes, el segundo en la jerarquía de la guerrilla.
De acuerdo el presidente del Consejo Ciudadano para la Seguridad Pública de México, José Antonio Ortega, que es uno de los demandantes, todos ellos formaban parte de una red de apoyo a las FARC.
García Lara es, según la acusación, el Fermín que aparece en correos electrónicos encontrados en la computadora de Reyes.
“Definitivamente, nadie ha participado en hechos delictivos, menos como parte de las FARC, ni en recibir dinero ni en correos electrónicos. Eso es una gran mentira”, aseguró el abogado defensor.
“Esta es una falsa acusación. Se basa en recortes de periódicos, en testigos de oídas. Los hechos que se investigan tienen que ser hechos comprobables, no presuncionales (sic)”, agregó.
Escobar confió en que el procedimiento ante la Unidad Especializada en Investigación de Terrorismo, Acopio y Tráfico de Armas de la SIEDO concluya en esta etapa “porque no hay pruebas”.
Además, anunció que presentará una contrademanda contra las dos organizaciones que presentaron la acusación, hace un año.
“Nosotros estamos ya actuando en materia internacional pero sobre todo nos estamos dirigiendo a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos para que resguarde los derechos fundamentales no sólo de Morett, sino de todos”.

Confirma FARC que liberarán a dos secuestrados

July 19, 2009 by Revista Opción  
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Las FARC ratificaron que liberarán a dos militares secuestrados y entregarán los restos de un tercero fallecido en cautiverio, a la vez que saludaron la autorización dada por el gobierno a la senadora Piedad Córdoba para que reciba a los uniformados, se informó el sábado.
“Recibimos con expectativa la autorización que le otorgó el gobierno…es el pleno reconocimiento oficial a la seriedad de sus gestiones humanitarias”, dijeron las FARC en un mensaje enviado a la senadora Córdoba y que la legisladora divulgó el sábado a la prensa en un correo electrónico.
La senadora Córdoba se encuentra en una visita a Nicaragua y no retorna al país sino hasta el domingo, informó su oficina de prensa.
Los rebeldes de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) dijeron además que si el gobierno del presidente Alvaro Uribe había facultado a Córdoba para recibir a los rehenes, era porque “seguramente muy pronto (el gobierno) nos hará conocer una propuesta acerca de las circunstancias de modo, tiempo y lugar en que, sus delegados y los nuestros, van a poder precisar los términos de un acuerdo de canje” o intercambio de secuestrados por guerrilleros en prisión.
El pronunciamiento rebelde, sin embargo, no explicó las razones por las cuales las FARC creían que el gobierno estaba dispuesto a discutir ese canje, un intercambio siempre rechazado por Uribe.
“Mientras se produce ese pronunciamiento presidencial podemos organizar para que reciba (Córdoba) al cabo Pablo Emilio Moncayo, al soldado profesional Josué Daniel Calvo Sánchez y los restos del capitán (Julián) Guevara tal como lo comunicamos” en declaraciones conocidas en abril y junio pasado.
El cabo del ejército Moncayo está en poder de las FARC desde diciembre de 1997, el soldado Calvo fue capturado en abril último, mientras Guevara, quien estaba retenido desde noviembre de 1998, murió en cautiverio, según han dicho ex rehenes.
Tras varios meses sin mencionar el asunto, Uribe anunció el pasado 8 de julio que Córdoba, miembro del opositor Partido Liberal, contaba con el permiso y respaldo oficial para ir a recibir a los rehenes, pero que debía ser de los 24 uniformados y no sólo alguno de ellos.
Córdoba ha dicho que espera reunirse con Uribe para discutir detalles de las liberaciones, pero el gobierno aún no anuncia si recibirá o no a la senadora. La congresista ha gestionado y recibido en el pasado a por lo menos media docena de secuestrados tras obtener de las FARC, de forma confidencial, las coordenadas del sitio en que los recoge en la selva usando helicópteros civiles y en compañía de delegados del Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR).

Un jefe de las FARC asegura que la guerrilla financió a Correa

July 18, 2009 by Revista Opción  
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En un vídeo difundido este viernes por la agencia AP, el jefe guerrillero de las FARC, Jorge Briceño, conocido como el Mono Jojoy, asegura que la organización terrorista contribuyó a la financiación de la campaña presidencial del mandatario ecuatoriano, Rafael Correa, en 2006.
La noticia de un supuesto vínculo entre las FARC y Correa no es nueva. El gobierno colombiano asegura que cuando incautó el famoso ordenador de Raúl Reyes, difunto líder guerrillero, encontró hasta cuatro documentos de 2006 en los que algunos jefes de las FARC mencionaban pagos a la campaña de Correa.
El vídeo muestra a Briceño frente a un ordenador portátil en medio de la selva, dirigiéndose a un grupo de unos 250 combatientes. El jefe guerrillero reconoce que muchos de los secretos de su organización han quedado al descubierto debido a las operaciones de las autoridades colombianas. Entre estos menciona la “ayuda en dólares a la campaña de Correa y posteriores conversaciones con sus emisarios, incluidos algunos acuerdos, según documentos en poder de todos nosotros, los cuales resultan muy comprometedores en nuestros nexos con los amigos”.
El vídeo, no obstante, supone un episodio más en las difíciles relaciones entre Quito y Bogotá. A principios de julio el juez ecuatoriano Daniel Méndez ordenó la detención del ex ministro colombiano de Defensa Juan Manuel Santos, acusado de ser el artífice de la Operación Fénix, desarrollada en territorio del país vecino, que en marzo de 2008 terminó con la muerte de Raúl Reyes, cabecilla de las FARC, y 25 personas más. La operación militar supuso un duro golpe para el grupo guerrillero y una victoria importante para Colombia, pero provocó que las relaciones con Ecuador se quebraran. Álvaro Uribe, presidente colombiano, ha afirmado que no tiene intención de entregar a Santos.
Por otra parte está el reciente acuerdo entre Colombia y Estados Unidos por el que el último podrá utilizar algunas bases militares del país sudamericano. Con este acuerdo EE UU pretende reemplazar las operaciones que hasta ahora llevaba a cabo en la base ecuatoriana de Manta. El cambio de bases, según algunos políticos colombianos, podría aumentar la tensión con los vecinos Ecuador y Venezuela.
En el vídeo, que dura aproximadamente una hora, el guerrillero también confirma la muerte de Manuel Marulanda, alias Tirofijo, líder fundador de las FARC, que murió el 26 de marzo de 2008 de un infarto. Según han informado fuentes de la fiscalía colombiana, el documento fue encontrado por la policía en un registro el pasado 29 de mayo en una casa de Bogotá, donde fue arrestada la presunta guerrillera Adela Pérez.
Ecuador responde
La respuesta de Quito a las acusaciones no ha tardado en llegar. El ministro de Seguridad de Ecuador, Miguel Carvajal, ha negado lo dicho por Briceño en el vídeo y ha asegurado que el ejecutivo de su país “no tiene ninguna relación” con la guerrilla. Para Carvajal, la acusación forma parte de una “ofensiva política” orquestada desde Bogotá y un intento más por justificar el bombardeo de 2008 en territorio ecuatoriano. El propio Correa ha negado en varias ocasiones que su gobierno tenga algo que ver con las FARC.
El País

Las armas ilegales desangran Latinoamérica

May 25, 2009 by Revista Opción  
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Los recientes juicios contra dos de los más conocidos traficantes de armas, el ruso Víktor Bout -alias El Mercader de la Muerte- en Tailandia (pendiente de extradición a EE UU para agosto) y el sirio Monser al Kassar (condenado en febrero a 30 años de prisión en Nueva York), han revelado lo sencillo que es meter armas ilegalmente en América Latina, el papel crucial que desempeña Centroamérica, en especial Nicaragua, en este negocio, y la amenaza que supone que un país como Venezuela fabrique sus propios fusiles y municiones.
Para detener a Bout y Al Kassar, la agencia antidroga estadounidense alegó que ambos intentaron vender lanzamisiles portátiles tierra-aire rusos SAM a las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC). La ruta prevista para ambas operaciones era similar: las armas partían desde Rumania o Bulgaria y entraban por Nicaragua. Desde el país centroamericano se iban a arrojar con paracaídas sobre territorio colombiano.
“No hay pruebas de que el Gobierno de Ortega sea cómplice del tráfico, pero sin duda el país tiene enormes lagunas legales que facilitan el tráfico ilegal”, dice Roberto Orozco, experto nicaragüense del Instituto de Estudios Estratégicos y Políticas Públicas. “Es verdad que no se puede afirmar que Managua esté directamente involucrada, pero hay que recordar que Ortega ha dado cobijo a narcoterroristas de las FARC”, replica el colombiano Alfredo Rangel, director de la Fundación Seguridad y Democracia en Bogotá.
Los puertos nicaragüenses están entre los mayores coladeros de armas en la región, según fuentes de Defensa de EE UU. “En especial el puerto de Corinto”, apunta Orozco. “Es el único de aguas profundas y está controlado por el Ejército y la policía, que hace la vista gorda. No hay estadísticas fiables sobre la cantidad de barcos que atracan allí, pero no hay que pensar en veinte o treinta, con dos o tres bien cargados es suficiente para abastecer al mercado de miles de armas”, añade.
Hay más de 80 millones de armas ilegales en América Latina, según el Centro para la Información de Defensa (CID) de Washington. Cualquier criminal, hasta el más imbécil, tiene acceso a una pistola y hasta a un fusil. Ni hablar de las narcoguerrillas y el crimen organizado, éstos se hacen con un lanzacohetes como cualquier español con una barra de pan.
Los datos son brutales. La tasa de homicidios -140.000 al año, según el Banco Mundial- es más del doble del promedio mundial. Varios países tienen un índice de crímenes por cada 100.000 habitantes más que alarmante: Brasil, 28; Colombia, 65; El Salvador, 45; Guatemala, 50; Venezuela, 35. La violencia también golpea a la economía latinoamericana. El coste de esta lacra se estima en un 14,2% del PIB regional. según el informe Crimen y Violencia en el Desarrollo del Banco Mundial.
Además, el tráfico ilícito de armas está cada vez más estrechamente ligado al narcotráfico. En Perú, hace unos meses, saltaron todas las alarmas cuando el Ejército comprobó que los resquicios de la guerrilla maoísta Sendero Luminoso, hoy dedicada a la producción y venta de cocaína, tenían en su poder lanzacohetes RPG-7, ametralladoras pesadas y fusiles Kaláshnikov, todos de origen ruso. El rearme senderista ya ha costado la vida a medio centenar de soldados peruanos en 12 meses.
A finales de abril, los senderistas intentaron derribar el helicóptero en el que viajaba el comandante en jefe de las Fuerzas Armadas, el general Francisco Contreras. El coronel Jorge de Lama iba en el aparato. “Nos dispararon dos granadas de RPG, pero por suerte cayeron lejos. No creo que supieran que iba el general Contreras, simplemente apuntaron a un helicóptero militar que estaba en su zona”, relata De Lama, refiriéndose al valle de los ríos Apurimac y Ene, la inaccesible zona de Ayacucho donde Sendero ha estado desde que se creó en los ochenta. El Ejército peruano se resiste a revelar las rutas de abastecimiento de armas de los senderistas, pero no se atreve a negar que el puerto amazónico de Iquitos es un agujero negro para la seguridad del país. A esta ciudad estaban destinados los 50.000 Kaláshnikov que Vladimiro Montesinos, el siniestro ex jefe de los servicios secretos peruanos durante el Gobierno de Fujimori, compró en Jordania. Sin embargo, 10.000 de esas armas acabaron en manos de las FARC. El resto nunca se entregó porque Ammán detuvo la operación.
Iquitos y la frontera entre los países andinos y Brasil, el golfo de Urabá, que une Colombia y Panamá, el triple límite entre Paraguay, Brasil y Argentina -zona donde Hezbolá tiene una fuerte influencia-, son algunos de los principales puntos de contrabando en la región. Sin embargo, Centroamérica y, en especial Guatemala y Nicaragua, han adquirido en los últimos años especial relevancia como puerta de entrada de los cargamentos.
Rangel recuerda que así como Nicaragua ya es clave en el comercio ilegal, Venezuela desempeña un papel relevante. Como buena parte de las armas que acaban en el mercado negro proceden de la policía y el Ejército -robadas o vendidas por los propios agentes o militares-, hay serios temores de que parte de los 100.000 Kaláshnikov que Caracas compró a Rusia acaben en manos de los narcos. Sin embargo, el mayor peligro, apunta Rangel, lo constituirá la fábrica venezolana, bajo licencia, de armas y municiones rusas.
Mientras que las armas abundan en la zona, las municiones escasean. El calibre 7,62 mm, que usan los fusiles rusos AK-103 adquiridos por Venezuela, es el más deseado por la región y en especial por las FARC, que aún poseen al menos 5.000 armas que necesitan esta munición. Hoy se consigue en Perú y Bolivia, pero en poca cantidad. La fabricación de este calibre en Venezuela ofrecerá a las narcoguerrillas una fuente ilimitada de municiones dentro del continente.
Aparte de los canales de tráfico de armas que se remontan a la época de auge de las guerrillas, en los setenta y ochenta, se han afianzado en la región aquellos controlados por el crimen organizado. Los intercambios de droga por armas que los carteles de la droga colombianos inauguraron a mediados de los noventa con la mafia rusa han proliferado. Así como la cocaína sale de Colombia, Perú y Bolivia hacia Europa a través de Venezuela, Ecuador y Brasil, las armas recorren el mismo camino en sentido contrario.
Adelaida Vásquez y Carolina Gabea son testigos casi a diario de este tráfico. Ambas son fiscales de Ciudad del Este, la urbe paraguaya pegada a Brasil y Argentina y uno de los mayores focos de contrabando de armas de Suramérica y paso del tráfico desde Brasil hacia Perú y Colombia. Tienen una queja común: pocos recursos y el enemigo en casa. “La policía nacional no sólo no nos ayuda, nos boicotea. Tenemos un grupo de agentes especiales, pero son pocos ante tanto delito”, explica Vázquez, que sobre drogas y armas lo ha visto todo. “Una vez confiscamos una ametralladora antiaérea a unos narcos… no me lo podía creer”, añade. Vázquez es de Ciudad del Este, pero Gabea lleva en la ciudad cuatro años, es de Asunción. “Es peligroso ser legal y trabajar acá, pero ¿sabe qué?, si uno se mantiene limpio el narco no suele meterse con uno. Es parte del juego”, dice Gabea.
El País

Cae en México un presunto jefe de las FARC

May 23, 2009 by Revista Opción  
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La policía mexicana ha detenido este viernes a Miguel Ángel Beltrán Villegas, alias Jaime Cienfuegos, presunto miembro de la comisión internacional de las FARC. Su captura ha sido posible gracias a la información hallada en los ordenadores de Raúl Reyes, número dos del grupo terrorista, abatido en Ecuador en una operación militar del ejército colombiano en marzo de 2008. Tras su captura, el Gobierno mexicano ha ordenado la inmediata expulsión del jefe guerrillero a su país de origen.
El director de la policía colombiana, el general Oscar Naranjo, ha asegurado que tras su captura el detenido ha sido deportado a Colombia. Sin embargo, las autoridades mexicanas han contradicho esta información afirmando que Cienfuegos fue expulsado del país por no “cumplir con los requisitos migratorios”. En cualquier caso, el presunto jefe tenía “un perfil terrorista bastante sofisticado”, como ha sugerido Naranjo. Y es que Cienfuegos no era un guerrillero cualquiera. La Policía le acusa de gestionar recursos para las FARC en otros países y de escribir artículos de opinión a través de la página electrónica de Anncol, un portal de difusión del grupo terrorista. Además, según ha informado el diario colombiano El Tiempo, el presunto cabecilla ejercía como profesor en la Universidad Autónoma Nacional de México, al parecer con documentos falsos.
México fue un importante centro de operaciones para las FARC durante la década de los noventa. Sus principales líderes encontraron en el país norteamericano un lugar donde moverse con facilidad.
El País

Clara Rojas, la otra verdad de la selva

April 5, 2009 by Revista Opción  
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clararojasLo primero que quiso hacer tras su liberación fue darse una ducha. Una ducha larga de agua caliente. Al salir, después de haber probado sobre su piel todos los jabones y todas las cremas que encontró, Clara Rojas advirtió que en aquel lujoso baño de aquel lujoso hotel de Caracas había un enorme espejo de pared:
- Me aterraba verme de cuerpo entero, pero me armé de valor. Me planté delante y me miré. Hacía seis años que no me veía así, desnuda, delante de un espejo. Recorrí mi cuerpo con la mirada. Vi la cicatriz de la cesárea, mi rostro cansado y ya con algunas arrugas en la frente. Pero, además de las huellas de mis seis años de cautiverio en la selva, vi que estaba entera, sana y salva, y le di gracias a Dios.
Clara Rojas fue secuestrada el 23 de febrero de 2002 por la guerrilla colombiana de las FARC junto a su amiga Ingrid Betancourt, por aquel entonces candidata a la presidencia de la República por el partido Verde Oxígeno. Ingrid le había pedido a Clara que la acompañase en un viaje varias veces pospuesto a San Vicente del Caguán. No era una misión fácil. Sólo dos días antes, el presidente Andrés Pastrana, que desde 1998 venía intentando mantener un diálogo con la guerrilla, había dado por rotas las conversaciones y ordenado el levantamiento de la zona de distensión. Así que aquel viaje implicaba meterse en la boca del lobo. Habría que volar desde Bogotá hasta Florencia, capital del departamento del Caquetá, y de allí en helicóptero hasta San Vicente, a unos 160 kilómetros de distancia. La noche anterior a la partida, el jefe de seguridad le advirtió a Clara Rojas –abogada de profesión y asistente y amiga de Ingrid Betancourt– de los peligros del viaje. Clara se los trasladó por teléfono a Ingrid, y ésta le contestó: “Clara, si no quieres ir, te quedas. En todo caso, yo viajo”.
–Le dije que iría con ella, y esa decisión marcó mi vida. Tendría que haberle dicho que no. Pero le dije que sí. Tras colgar el teléfono, cené con un amigo en mi casa. Nos tomamos una deliciosa botella de vino blanco. Al marcharse, me dio un beso y un gran abrazo. No exagero si le digo que ése fue el último gesto de cariño y amistad que recibí hasta el día en que me liberaron. Y de aquel abrazo a la liberación transcurrieron seis años, seis largos años…
Clara Rojas dice las cosas más tristes con una sonrisa en la boca, sin dejar de mirar a los ojos, terminando muchas de sus frases con una muletilla –“¿cierto?”– que busca en el otro la complicidad que tanto extrañó en la selva. Durante una hora y media de conversación, en un club social de Bogotá que fundó su padre y donde los camareros que hoy le sirven el desayuno la vieron crecer junto a sus cuatro hermanos varones, esta mujer de 44 años no deja de sonreír más que en una ocasión. Cuando recuerda que ahora mismo, mientras ella saborea los pequeños placeres recuperados, muchos de sus compañeros siguen allí, en algún lugar de la selva colombiana, encerrados en jaulas y encadenados al cuello como perros malqueridos, vigilados día y noche, temiendo que en cualquier momento el Ejército intente su liberación y mueran víctimas del fuego cruzado o ejecutados por los guerrilleros.
¿Temían que el Ejército intentase su liberación? Sí. Todo el tiempo. Ya sé que eso es muy difícil de entender para cualquier persona que esté fuera, pero lo cierto es que ésa es una angustia con la que vivíamos permanentemente. El Ejército no sabe con exactitud dónde te encuentras ni quién eres en realidad, porque los guerrilleros te dan la misma ropa que usan ellos. Te visten de camuflaje verde oliva, y también entre ellos hay mujeres guerrilleras, así que, en el caso de un enfrentamiento, los soldados nunca pueden saber a ciencia cierta quién es guerrillero y quién no… Hay además un largo historial de rescates fallidos. Y hubo casos en los que los guerrilleros mataron a tiros a los cautivos durante un intento de liberación por parte del Ejército. Los mataron cumpliendo las reglas de la guerrilla…
¿A usted la amenazaron con matarla? Sí, nos lo dijeron a Ingrid y a mí: “Si el Ejército intenta rescatarlas, las matamos. Nosotros no las vamos a entregar. No dejaremos que nos las quiten. Sólo se las entregaremos muertas. Es bárbaro. Te lo dicen apuntándote con sus armas, cuando han advertido la presencia cercana de los soldados y tienen que cambiar de escondite. Y te lo repiten para que prepares tus cosas y salgas corriendo con ellos, sin retrasar la huida… Si te retrasas, te vuelven a apuntar y te lo vuelven a repetir: “Antes de que las rescaten, las matamos….
¿Fue eso lo más duro de sus seis años de cautiverio? No.
¿Qué fue? La sensación de tiempo perdido. Yo era una persona permanentemente atareada, con unas ansias enormes de aprender. Incluso leía libros sobre cómo aprovechar mejor el tiempo. Y de pronto me vi cautiva y forzada a una inactividad insoportable. Sin noticias de los tuyos, sin periódicos, sumida en la monotonía más absoluta. El cautivo es despojado bruscamente de todo. Pierde por completo el control de su propia vida y de todo lo que le rodea. Se encuentra solo frente a sí mismo, sin nada más. No tienes más opciones que dejarte morir o luchar por la vida. Ingrid y yo decidimos luchar. No llevábamos ni tres días de secuestro cuando empezamos a pensar en huir y nos hicimos la promesa de escapar juntas en cuanto tuviéramos la menor oportunidad.
No lo consiguieron. Pero eso ya es casi lo de menos. Lo más relevante es que de aquellas fugas frustradas –pasaban varios días de sustos y penalidades, perdidas en la selva hasta que se daban por vencidas o eran encontradas por la guerrilla– surgió entre Ingrid y Clara un desencuentro tan grande que todavía hoy persiste. Poco tiempo después de que las FARC pusieran en libertad a Clara Rojas, gracias a la intermediación del presidente de Venezuela, Hugo Chávez, el Ejército colombiano logró, tras urdir una ingeniosa operación de rescate, liberar a Ingrid Betancourt…
¿Han hablado tras su liberación? No.
¿Nunca? Nunca…
¿Qué pasó entre ustedes? Habíamos intentado escaparnos varias veces. Incluso en una ocasión, el secretariado de las FARC mandó a un comandante para preguntarnos por qué seguíamos intentando escapar. No lo entendían. Ellos creían que nos trataban bien porque nos daban de comer todos los días. El caso es que, tras fracasar nuestro último intento de fuga, los soldados nos trataron con mucha rudeza. Nos encañonaron y amenazaron con matarnos. Incluso nos cambiaron de comandante y de guardianes. Los nuevos no se anduvieron con paños calientes. Nos colocaron un candado en el tobillo con una cadena de unos tres metros amarrada a un árbol. Sólo nos soltaban para ir al baño. Fue la única vez que nos pusieron cadenas durante los seis años, pero aquel recuerdo, terrible, dejó en mí una marca imborrable. Y creo que entonces empezó a cambiar mi actitud hacia Ingrid.
Clara Rojas admite que se irritó con su amiga cuando, en el segundo intento de fuga, Ingrid Betancourt se descontroló al toparse con un avispero. Fue a plena luz del día. Las dos fugitivas estaban cruzando el cauce de un riachuelo, escondidas bajo un puente de apenas un metro y medio de altura. “Cuando Ingrid se topó con el avispero, salió corriendo y gritando, haciendo todo tipo de aspavientos a pesar de que era pleno día y podíamos ser vistas”. De hecho, fueron capturadas. Intentaron combatir aquel fracaso rezando juntas por el padre de Ingrid, que acababa de fallecer, y leyendo y comentando la Biblia, pero poco a poco fueron encerrándose en el silencio y el desencuentro. “Imagino”, explica Clara Rojas, “que cada una culpaba a la otra de que hubieran fracasado los intentos de fuga, pero nunca nos lo dijimos. Todo aquel dolor mal digerido creó entre nosotras una barrera de silencio. No podría decir que ocurriera un hecho concreto que rompiera nuestra amistad. Fue más bien un distanciamiento progresivo. La ruptura fue tal que el comandante que nos vigilaba decidió separarnos y ponernos en lugares distintos. La animosidad entre nosotras fue en aumento. Un día le pedí a los guerrilleros un diccionario para entretenerme. Cuando me lo trajeron, Ingrid no me lo dejó usar. También me hizo sufrir que me expulsara de las clases de francés que ella daba de vez en cuando a los demás cautivos… Opté por encerrarme definitivamente en el silencio”.
¿Hubo algún momento en que pensó que podía estar perdiendo la razón? Sí. Hay un momento. La soledad me había embargado. Pasaba mucho tiempo callada, casi no pronunciaba palabra. Me había separado del grupo. Comía siempre sola, no tenía con quién hablar. Hasta perdí la costumbre de que alguien me dirigiera la palabra. Un día, cuando estaba lavando la ropa, vino el comandante a decirme algo, pero yo seguí con lo mío. No me inmuté con su llegada ni cuando se volvió hacia mí y me llamó por mi nombre. Como no le contesté, me llamó varias veces más hasta que perdió la paciencia y gritó: ¡Clara! Yo estaba como ida. Mi cuerpo estaba allí, pero mi mente andaba lejos. Aquel grito me sorprendió y me di la vuelta para mirarlo. Me di cuenta en ese momento de que estaba siendo ignorada completamente como ser humano…
¿Ese grito la salvó? Casi que sí, casi que sí… Me permitió reaccionar, y reaccionar positivamente. Otra persona se podría haber aislado más, y eso hubiese resultado fatal. Y con el grito yo me doy cuenta de ese peligro. Y es durísimo porque me percato de que necesito hablar con alguien, hacer algo, salir de ese círculo mortal. Ese momento es durísimo. Me doy cuenta de que me estoy aislando para contrarrestar la situación de cautiverio. Me estoy desconectando…
¿Se sintió torturada? Claro que todo aquello constituía una tortura.
¿Consciente? Claro. Si no es para hacerte daño, ¿por qué te quitan la radio? Por qué de pronto te dejan sin pilas, sabiendo que para ti es vital escuchar las noticias, los mensajes de apoyo de tu familia o los testimonios de las familias de otros secuestrados… Ellos saben el daño que están haciendo. Ellos me ven llorar de tristeza. Sí, conscientes sí son. Y, de hecho, hay un momento en el que un comandante me pide perdón en su nombre y “en el de la organización”. Hasta el grito, que yo logro utilizar para seguir adelante, es una forma de tortura. Para mí fue durísimo, hasta ese día nadie me había tratado así.
Y aun así, usted no habla con odio de los guerrilleros… Tengo un sentimiento doble. Yo soy conciente de que ellos reciben órdenes y de que su capacidad de reacción es mínima. Me doy cuenta de que algunos de ellos intentan mitigar ese dolor que me están causando. Yo sé que los responsables de mi secuestro son los comandantes de la secretaría de las FARC. Y sé que hay distintos niveles de responsabilidad. Por eso, durante el secuestro hago el esfuerzo de no manifestar mi inconformidad y todo mi desacuerdo contra ellos. Y también porque sé que es negativo para mí.
¿Usted los ha perdonado? Sí.
¿Por qué? Primero porque eso allana el camino a la libertad de las personas que aún están secuestradas. Y segundo, porque, al tener yo una dimensión pública, tengo una responsabilidad hacia los demás. Yo quiero un país en paz. Y si yo estoy resentida, traslado ese resentimiento a la población. Prefiero manejar esos sentimientos en busca de un ideal más amplio que es la paz. Y claro que la paz exige de justicia. Y que las FARC y me refiero al secretariado, a sus dirigentes– tienen una responsabilidad que tendrán que pagar.
Después de aquella ducha en el hotel de Caracas, ¿qué hizo? Llamar a mi hijo.
Lo que viene a continuación es una historia de mucha alegría y de mucho dolor, una historia sobre hasta qué punto la vida, cuando quiere, se abre paso a puñetazos en las condiciones más adversas. Clara Rojas se quedó embarazada durante su cautiverio. A finales de 2003, después de una temporada en la que los guerrilleros cambiaron frecuentemente a sus víctimas de campamento, Clara notó que, además de sentirse mal, estaba aumentando de peso. “Se lo comenté a algunos de mis compañeros, quienes me aconsejaron, con cierto malestar, que se lo comentara a la guerrilla. Noté ya entonces que no se querían implicar, y aquella respuesta me dejó un mal sabor de boca. Decidí pedir una cita con Martín Sombra, el jefe de los guerrilleros. Cuando me recibió, me dijo: ‘Doña Clara, ¿cuál es la joda?”. Clara Rojas le contó sus temores y él mandó llamar a una enfermera. “Me sorprendió su manera de resolver el asunto, como si fuera un médico, sin interesarse por chismes ni cuentos. Cuando me iba, me regaló un par de paquetes de galletas y dos latas de leche condensada”. Clara Rojas no durmió aquella noche. “Antes del secuestro había pensando en tener un hijo. Notaba desde hacía un tiempo que estaba corriendo mi reloj biológico. Por eso, al saber que estaba embarazada, aunque fuera en una situación inverosímil y arriesgada, pensé que tal vez se trataba de la última oportunidad de cumplir mi aspiración de ser madre. Descarté enseguida la idea de no tener el niño”.
A los pocos días, Martín Sombra la volvió a llamar para que se hiciera el test del embarazo. “Cuando resultó positivo, el comandante y una enfermera me felicitaron y trataron de animarme. Él me recomendó que me untara en la barriga aceite de tigre y, al percatarse de mi angustia, me dijo: ‘Clara, no se preocupe más de la cuenta. No vamos a dejarle morir a usted, ni a su bebé. Y recuerde: ese bebé es suyo y lo va a cuidar como una tigresa furiosa”. Es aquí donde, sorprendentemente, los papeles se cambian. Al volver al campamento con la noticia, Clara Rojas sólo recibe indiferencia –en el mejor de los casos– o las críticas de sus compañeros.
¿Qué sucedió? Ingrid sólo me dijo: bienvenida al club, de una forma sarcástica que me llenó de pesar. Y al día siguiente los prisioneros me hicieron una encerrona. Me empezaron a preguntar de forma insistente quién era el padre de mi hijo. Unos me llamaron irresponsable y otros me acusaron de estar metiéndoles en problemas. Supongo que temían que se pensara que alguno de ellos era el padre, así que les devolví la pregunta: ¿alguno de ustedes es el padre? Al responder uno tras otro que no, les dije: muy bien, entonces no se preocupen. Déjenme tranquila, que yo respondo por mi bebé…
Clara está frente al espejo del lujoso hotel de Caracas adonde fue llevada tras su liberación. La cicatriz de la cesárea es el recuerdo de una noche de espanto donde los guerrilleros lucharon por que ella y su bebé sobrevivieran.
¿Qué vio aquel día en aquel espejo? Lo que sigo viendo ahora. El tiempo perdido. Mi hijo nació con el brazo fracturado. Y al poco de nacer me lo quitaron para llevarlo a tratamiento. Usted tiene que tener en cuenta que mi hijo y yo estuvimos tres años separados. Hay momentos en que estoy con él y veo a otras amigas que tienen a sus bebés y yo pienso: desde esa etapa hasta los cuatro años, yo la tengo en blanco, no sé cómo fue mi hijo cuando tenía dos años, o cuando tenía tres… Y eso me provoca un dolor infinito. Perdimos tiempo. Tiempo juntos. Vivencias vitales en la vida de las personas. Y eso me duele. Y eso ¿quién te lo devuelve?, ¿quién te devuelve el tiempo que perdiste? Mi hijo ya creció. ¿Quién vuelve el tiempo atrás?
¿Tiene esa pérdida muy presente? No, ya lo perdí y punto. Ahora intento estar con él todo lo posible. Dedicarle tiempo de calidad. No puedo estar quejándome todo el tiempo. Estoy feliz. Y noto que él también es un niño feliz. Y con mucho sentimiento de propiedad hacia mí. Me dice mucho: “Eres mi mamá…”.
Su hijo, durante el tiempo en que la guerrilla lo entregó a un campesino y aun después, cuando estuvo en un centro de acogida, vivió bajo otro nombre… Sí, pero eso lo ha manejado muy bien. Desde que nació se llama Emmanuel. Porque yo lo bauticé y debe tener un recuerdo emocional. Y cuando lo encontraron y se demostró que era mi hijo, organizaron un juego en el que todos los niños se cambiaban de nombre. Hicieron una terapia para que él entendiera el proceso. Y además le dijeron que su nombre significa una bendición de Dios, Dios entre nosotros, y él lo entiende y le gusta. El otro día le dijeron: “¿Cómo te llamas?”. Y él dijo: Emmanuel, el todopoderoso, mira cuánto puedo correr”.
Clara Rojas acaba de escribir un libro con toda su aventura. Hay sólo un lugar de sombra, un secreto metido en un cofre con siete cerrojos donde nadie puede entrar. “Cuando Colombia se enteró de que había tenido un niño en la selva, se habló de drama, de historia de amor. Lo único cierto en todo lo que se ha contado hasta ahora es que tuve un hijo en cautiverio. Eso es un hecho. Todo lo demás no tiene ningún fundamento. Me corresponde a mí decir qué se hace público sobre mi historia y qué no. Es algo reservado a mi hijo Emmanuel, cuando me pregunte por ello. Aún no es el momento. Lo único que quiero decir es que durante el secuestro viví una experiencia que me dejó embarazada. Pero mi verdadera historia de amor comienza cuando descubro que espero un hijo y decido salvarle la vida”.
Clara Rojas se va entre sonrisas de este club social de Bogotá donde los camareros la vieron crecer. En su casa, a las afueras de la ciudad, la espera su hijo, Emmanuel, que dentro de unos días cumplirá cinco años, y su madre, una mujer valiente que durante aquellos seis terribles años no dejó de luchar para arrancársela a la selva. A veces, en medio de los juegos, Emmanuel se pone serio y dispara una pregunta que pone un nudo en el corazón de su madre:
–Mamá, ¿por qué no fuiste a por mí antes? Yo te extrañaba…
El País

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