La franja de lluvias tropicales migra hacia el norte
July 3, 2009 by Revista Opción
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Cerca del Ecuador, una franja de abundantes lluvias nutre a numerosos espacios terrestres y los convierte en típicas estampas del trópico húmedo. A lo largo de todo el globo, islas y regiones continentales reciben hasta cuatro metros de lluvia anuales en algunos casos.
Sin embargo, esa franja, conocida como zona de convergencia intertropical, se está desplazando hacia el norte desde hace tres siglos a una velocidad de 1,4 kilómetros por año. Ese desplazamiento podría acelerarse si continúan aumentando las temperaturas globales, según un nuevo estudio publicado en ‘Nature Geoscience’.
Las oscilaciones de la zona de convergencia intertropical, así llamada porque en ella colisionan los vientos alíseos del noreste con los del sureste, son naturales. En el verano boreal, las presiones atmosféricas bajan con el calentamiento y la franja de precipitaciones tiende a subir hacia el norte (unos 10º Norte). En el invierno boreal, se desplaza hacia el sur (3º Norte). Las oscilaciones también pueden verse influidas por forzamientos astronómicos, pero éstos abarcan periodos de tiempo mucho más largos.
Sin embargo, Julian Sachs, oceanógrafo de la Universidad de Washington, y colegas advierten de las alteraciones que podría producir el cambio climático sobre estas variaciones estacionales. En el estudio, los autores pronostican que la franja de precipitaciones podría continuar su tendencia hacia el norte debido al actual calentamiento global, con consecuencias económicas y sociales para los habitantes de los trópicos.
«El incremento de gases de efecto invernadero podría alterar la principal franja de precipitaciones en los trópicos con profundas implicaciones para las sociedades y las economías que dependen de ella», escriben los autores del estudio. «Estamos hablando de la mayor franja de precipitaciones del planeta», dice Sachs. «De ella depende mucha gente que no tiene acuíferos de los que extraer agua dulce», continúa.
La franja estuvo más al sur en el pasado
Para llegar a sus conclusiones, los investigadores analizaron sedimentos y fósiles microbianos de algunas islas tropicales. Sorprendentemente, descubrieron que algunas islas situadas justo encima del Ecuador, a 5ºN, que actualmente reciben abundantes lluvias (tres metros anuales), como la Isla de Washington o Palau, en el Pacífico, fueron áridas durante unos siglos, especialmente en los inicios de la Pequeña Edad de Hielo (1400-1850).
Paralelamente, las islas Galápagos, situadas en el Ecuador y hoy más bien áridas, fueron mucho más húmedas durante ese periodo de tiempo. La zona de convergencia intertropical estuvo, pues, mucho más al sur hasta hace unos 300 años, cuando empezó a trasladarse hacia el norte como consecuencia de un mayor calentamiento de la atmósfera. Algo que podría intensificarse ahora con la aportación de los gases de efecto invernadero.
«Esto ocurre porque, aunque la radiación solar que recibe la Tierra es siempre la misma, cambia la forma de redistribuir el calor», expica a elmundo.es José Luis Pelegrí, del Departamento de Oceanografía Física del Instituto de Ciencias del Mar perteneciente al Centro Superior de Investigaciones Científicas (CSIC).
«Lo interesante de este estudio es que demuestra una vez más lo complejo que es el sistema Tierra, con tantos mecanismos de reajustes que oscilan a frecuencias muy diversas», añade. Como ocurre en cualquier sistema caótico o no lineal, del que el clima es un buen ejemplo, un pequeño cambio en la redistribución de la insolación ha provocado grandes alteraciones climáticas, como es este desplazamiento de la franja de lluvias ecuatoriales.
«Ahora estamos en un sistema cálido. Pero si seguimos forzando las cosas, puede que el clima pegue un cambio importante. Este estudio es un ejemplo de eso», advierte Pelegrí.
No obstante, la zona de convergencia no tiene libertad total de movimiento. Los expertos consideran que sus límites la mantendrán cerca de los trópicos. «De continuar avanzando a la misma velocidad, se situará 126 kilómetros más al norte que ahora para finales de siglo», concluye Sachs.
El Mundo
Despega ‘Sunrise’, un globo que estudiará el campo magnético del Sol
June 9, 2009 by Revista Opción
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El telescopio solar Sunrise, que viajará en globo estratosférico para estudiar el campo magnético del Sol, ha despegado desde el Centro Espacial Esrange, cerca de la ciudad de Kiruna (Suecia). La misión, fruto de la colaboración entre la NASA, la Agencia Espacial Alemana (DLR) y el Programa Nacional del Espacio en España, estudiará la estructura y dinámica del campo magnético solar.
Durante cinco días, el telescopio, de un metro de diámetro, se situará en el Ártico, a una altura de 40 kilómetros sobre la superficie terrestre, para evitar así los ciclos de día y noche y la degradación de las imágenes producida por la atmósfera. Desde esta posición observará los detalles de hasta 35 kilómetros de la superficie solar.
Juan Carlos del Toro, investigador del Instituto de Astrofísica de Andalucía, en Granada, e integrante del equipo Sunrise destaca “la resolución sin precedentes” de las imágenes y espectros que obtendrá el telescopio, cuyo análisis “permitirá abordar uno de los mayores desafíos de la astrofísica actual, el campo magnético solar”, según informa el CSIC en un comunicado.
En este campo magnético hay gran cantidad de energía que se manifiesta de muy variadas formas, desde las manchas hasta las tormentas solares. Su estudio resulta primordial porque la actividad solar afecta de forma directa a nuestro planeta y porque constituye el único objeto celeste lo suficientemente cercano para estudiar un campo magnético en detalle.
El Programa Nacional del Espacio ha contribuido en Sunrise con el diseño y elaboración del magnetógrafo IMaX, llevado a cabo por cuatro instituciones: el Instituto de Astrofísica de Andalucía del CSIC en Granada, el Instituto de Astrofísica de Canarias, el Instituto Nacional de Técnica Aeroespacial y el Grupo de Astronomía y Ciencias del Espacio de la Universidad de Valencia.
IMaX, (siglas inglesas de Imaging Magnetograph eXperiment o magnetógrafo experimental con imagen) estudiará el campo magnético solar con una resolución sin precedentes y por periodos de varios días con una calidad de imagen constante, lo que permitirá avanzar de forma notable en el conocimiento del magnetismo solar, su evolución y sus efectos sobre el medio interplanetario.
Sunrise tiene la tecnología de algunos de los mejores observatorios solares, como la Torre Solar Sueca en la Isla de la Palma o el satélite Hinode, a la vez que incorpora mejoras en la resolución de las imágenes, la posibilidad de observación en el espectro ultravioleta y el poder obtener un mapa en dos dimensiones del campo magnético solar al completo.
En este primer vuelo de cinco días, Sunrise atravesará Noruega y Groenlandia hasta alcanzar el norte de Canadá y, en un segundo vuelo programado para diciembre o enero de 2010, completará una trayectoria alrededor del Polo Sur de entre nueve y doce días de duración.
El empleo de un globo estratosférico le permite trabajar en condiciones similares a las de los satélites y evitar así la degradación de las imágenes producida por las turbulencias de la baja atmósfera terrestre, pero con un coste y un tiempo de ejecución considerablemente menores.
El Mundo
El calor y el frío se adelantan dos días en todo el planeta
January 23, 2009 by Revista Opción
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No sólo los científicos llevan advirtiendo durante décadas que últimamente las primaveras adelantan su llegada. Numerosos aficionados en todo el mundo han ido señalando cada año en sus diarios los acontecimientos del calendario natural: el día en que florece tal planta; el día en que se avista por primera vez tal mariposa o tal pájaro.
Estos preciosos testimonios han ayudado a los científicos que se dedican a la fenología (ciencia que estudia la relación entre los factores climáticos y meteorológicos y los comportamientos de los seres vivos) a combinarlos con sus propias observaciones y deducir que, efectivamente, ahora la primavera llega antes.
Las consecuencias a nivel biólogico también se han documentado en abundancia, como los desajustes entre las migraciones de las aves y la disponibilidad del alimento, cuando las primeras llegan a su destino antes de que hayan eclosionado las larvas, por ejemplo. Ante los cambios, no todas las especies se adaptan igual, ni al mismo ritmo.
Pero ahora los científicos van más allá: ya no se trata de que la primavera sea ahora precoz, sino que los picos de máximo calor y máximo frío se están adelantando una media de dos días (1,7 días) en todo el planeta con respecto a hace 50 años. El mecanismo es más complejo que el previamente detectado, y consiste en desfases en cadena que se producen mes a mes.
En un estudio publicado en Nature, científicos de la Universidad de California, Berkeley, y de la Universidad de Harvard (EEUU) explican este desajuste estacional en todo el globo -la investigación se centró en las regiones no tropicales, por tener las estaciones más marcadas-, que comenzó, según los registros, en el mismo momento en que se intensificó el calentamiento global, hace cinco décadas.
“Vemos que a lo largo de 100 años [de 1850 a 1950] hay un patrón natural de variabilidad, y de repente vemos un desvío de ese patrón al mismo tiempo que las temperaturas medias globales empiezan a aumentar, lo que nos hace sospechar que tiene algo que ver con la actividad humana”, explica Alexander Stine, estudiante de Berkeley y principal autor del estudio.
Efecto dominó
Las causas inmediatas no están claras, comenta Stine, pero se trata de un efecto dominó desencadenado, posiblemente, por la misma actividad humana responsable del calentamiento global. Así, el desajuste estacional -que ha ocurrido en tierra, pero no en el mar- puede en parte ser provocado por una alteración en el patrón de vientos que se ha detectado también en los últimos 50 años.
Según Stine, las temperaturas son muy distintas en el mar y en la tierra, y un simple cambio en la potencia y la dirección de los vientos puede desplazar enormes cantidades de calor del mar a la tierra, lo cual puede afectar a los ciclos estacionales. Como casi todo en la vida, pequeños cambios pueden producir enormes efectos.
Tomando datos de los últimos 150 años, los investigadores concluyeron que, dentro de la tendencia al calentamiento significativo registrada desde 1950, no todos los meses se han calentado por igual. Normalmente, la temperatura “reacciona” ante la radiación solar con un retraso de unos 30 días en la tierra(60 días en el mar). Es decir, el sol tarda aproximadamente un mes en calentar la tierra. Pero los pequeños desfases en cada uno de los meses del año hacen que, al final, tanto las temperaturas máximas como las mínimas acaben llegando antes.
¿Por qué el sol tarda ahora menos en calentar la tierra? Los autores del estudio barajan, entre otras posibles causas, la aridificación del suelo en el mundo, que acelera la respuesta a la radiación solar, y la contaminación del aire, que modifica la cantidad de energía solar que absorbe la atmósfera.
El calentamiento afecta a toda la Antártida
January 22, 2009 by Revista Opción
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Hoy, la revista británica Nature pone fin al confuso debate sobre la temperatura de la Antártida con un estudio que afirma que el continente austral, en su totalidad, también se está calentando.
Parecía una extraña excepción: todo el globo se calentaba menos la Antártida. Durante años, los escasos datos que tenían los científicos para calcular las variaciones de temperatura en todo el continente antártico indicaban que, salvo la pequeña península que apunta hacia Chile y Argentina, la Antártida se enfriaba, desafiando la tendencia al calentamiento en el resto del planeta.
Una cosa era cierta en el anterior debate: la Antártida oriental, aproximadamente la mitad este del continente, se enfrió en los años 80 y 90. Un importante estudio publicado en la estadounidense Science en 2001 dio con la clave de este enigma. La pérdida de ozono -por el agujero debido a la emisión humana de aerosoles- enfría la estratosfera, lo cual hace que fuertes vientos rodeen la Antártida, impidiendo que las masas de aire de latitudes bajas, más cálidas, alcancen el interior del continente.
Pero una nueva técnica de medición más completa, desarrollada por Eric Steig, de la Universidad de Washington en Seattle (EEUU), y colegas, con la ayuda de la NASA, ha mostrado que la destrucción de la capa de ozono sólo afectó a la Antártida Oriental. Afectó, en pasado, porque incluso la mitad este del continente está volviendo a caldearse -con la recuperación del ozono- en la actualidad, volviendo a la tendencia que siguió hasta los años 80.
La nueva técnica estadística desarrollada por Steig y colegas combina las mediciones por satélite (infrarrojos térmicos) y los datos recogidos de las estaciones meteorológicas, con series que se remontan a hace 50 años (al primer Año Geofísico Internacional, en 1957). Hasta ahora, las valoraciones de temperatura en la Antártida se basaban sólo en la información que daban las estaciones meteorológicas, casi todas situadas en la costa. Poco decían, en realidad, sobre el interior del continente, donde, además, hay muy poca presencia de científicos.
(Las incursiones humanas hacia ese interior inhóspito son cada vez más frecuentes. En estos momentos, un grupo de científicos chinos va camino del centro de la Antártida, en la llanura de mayor altitud del continente, donde esperan encontrar hielos de hasta 1.200.000 años de antigüedad repletos de información sobre cómo era el clima en el pasado).
Calor en la Antártida Occidental
Pero los autores del estudio descubrieron que los datos de las estaciones meteorológicas coincidían con los datos de satélite, por lo que decidieron utilizar estos últimos para deducir las variaciones de temperaturas en las zonas del interior sin estaciones meteorológicas.
Los resultados indican que no sólo la Península, como se creía hasta ahora, sino también la Antártida Occidental, han registrado un aumento significativo en la temperatura del aire desde 1957 (de más de 0,1ºC por década en esta última). Esta vasta región apareció incluso con un mayor calentamiento que la Península, y es de hecho la más susceptible de perder sus plataformas de hielo (extensiones de hielo continental que se adentran en el mar), como está ocurriendo con la plataforma Wilkins -ésta, en la base de la Península-, y como ha ocurrido con otras nueve en estos 50 años.
Así, el calentamiento de la mitad oeste del continente ha sido tal que supera el enfriamiento durante 20 años de la mitad este, por lo que, en total, el balance ha sido positivo, es decir, de calentamiento en estas cinco décadas. Según Steig, la pérdida de hielo marino en la costa de la Antártida occidental ha hecho que ésta se caliente más que la Antártida oriental.
La pérdida de hielo marino tiene dos efectos sobre el clima. Primero, el agua del mar se vuelve mucho más cálida que el aire, por lo que la atmósfera se calienta. En segundo lugar, un mar sin hielo tiende a provocar tormentas, las cuales arrastran el aire cálido del norte hacia la Antártida Occidental. «No es muy distinto del calentamiento de la costa occidental europea durante el invierno. El aire cáildo de latitudes bajas, junto con las relativamente cálidas aguas del Atlántico Norte, tienden a mantener cálida la costa europea en comparación con la costa este de Norteamérica», añade Steig.
Diferentes mediciones
Como glaciólogo, Adolfo Eraso, de la Universidad Politécnica de Madrid, apoya los resultados de Steig. «¡Por fin, cuánto me alegro!», responde a la noticia del estudio. Eraso lleva nueve años con el proyecto Glackma midiendo cada hora en determinados periodos de tiempo la descarga de los glaciares tanto en el Ártico como en la Antártida (para lo cual mete, a sus setenta y tantos años, sus pies descalzos en aguas de cero grados, «ni frío ni calor»).
«Los resultados dependen mucho de dónde se tomen las medidas», puntualiza. «En la zona alta de un glaciar, que es donde se suelen hacer las mediciones, a menudo la masa que se gana suele ser superior a la que se pierde. Pero en cotas más bajas… ¡se está perdiendo más masa de la que se gana!», enfatiza.
En el futuro a corto plazo, Steig considera que también la Antártida Oriental sufrirá el mismo grado de calentamiento que el resto del continente. «A mediados de siglo, los esfuerzos por reparar la capa de ozono empezarán a tener sus resultados y tal vez se consiga hacer desaparecer el agujero. Si es así, toda la Antártida se calentará al mismo ritmo que el resto del planeta», concluye.




