Zona Arqueológica Cañada de la Virgen: Excavaciones Arqueológicas
September 30, 2008 by Revista Opción
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Complejo B. La Casa de la noche más larga
Mtra. Gabriela Zepeda García Moreno
Centro INAH Guanajuato
Los entierros
Hallazgos significativos son los entierros asociados a dos espacios ritualizados: el primero localizado en el desagüe pluvial (Entierro 15). La osamenta es femenina y corresponde a una niña de siete años de edad, que fue depositada al centro de un círculo de piedras y acompañada por una ofrenda de cerámica de cajetes y platos (Fig. 1). “La Niña de la Lluvia”, como se le llamó a este entierro, portaba en su cuello un pequeño collar de cuentas, que incluye una cuenta en forma de mariposa en la parte central del collar (Fig. 2). También formando parte de la sacralización se colocó una navajilla prismática de obsidiana de color gris veteado –procedente de la región de Zinapécuaro, Michoacán– y una lasca de obsidiana negra que se presume su procedencia de Otumba, en el Estado de México.
Completa la ofrenda un malacate cerámico y un fragmento de concha marina. Junto a la niña, y como acompañante y vestigio de las prácticas de veneración ancestral, se colocó un pequeño coyote –ejemplar completo de Canis latrans– animal de importancia totémica en la región.
Los análisis forenses realizados por Dehmian Barrales (2007 y 2008), ofrecen una explicación desde la perspectiva de la tafonomía –descomposición cadavérica¬– con respecto al tratamiento mortuorio practicado en la niña. El investigador explica que:
“Se localizó en decúbito ventral flexionado completo (posición fetal bocabajo) y perfecta relación anatómica. De haber sido enterrada horas después de su deceso, la “Niña de la Lluvia”, como se denomina afectivamente a los restos, el rigor mortis habría impedido la postura flexionada a menos que hubiese sido colocada de tal forma antes de que trascurrieran dos horas desde el momento de la defunción. Por otro lado, de haber sido este el caso, tal compresión de los huesos hubiera sido imposible, como puede apreciarse en las imágenes (Fig. 3 y 4). Esto mismo aplica a un sinnúmero de casos de entierros flexionados “comprimidos”. Lo anterior indica que la Niña de la Lluvia –como muchos otros individuos–, fue inhumada no sólo tras el período de 48 horas requerido para la desaparición de la rigidez cadavérica, sino hasta la Etapa X de la escala de cambios postmortem, la cual comprende la pérdida gradual del tejido blando e inicia meses después de la defunción.
Por tanto, los restos fueron inhumados durante algún punto previo a la desarticulación del cuerpo pero cuando la descomposición estaba lo suficientemente avanzada como para comprimir el cuerpo en un apretado bulto mortuorio. (Barrales, Dehmian, 2008)
Los estudios forenses practicados en el Entierro 15, “La Niña de la Lluvia”, proporcionaron su estatura, estimada en 1.10cm. y algunas patologías asociadas a procesos infecciosos como periostitis o infección del periostio, así como lesiones craneales probablemente diagnósticas de tuberculosis.
El segundo hallazgo fue el Entierro 18 o “El Decapitado”, se encontró asociado al patio cerrado situado en la plataforma elevada a un costado del basamento piramidal del Complejo B (Fig. 5 y 6). Fue igualmente analizado por al arqueólogo Barrales:
“Se trata de un contexto primario indirecto, depositado en una cista formada por piedras colocadas alrededor del cadáver. En otras palabras, se trata de un entierro fundacional, no intrusivo. Se halla en contacto con el nivel de piso de la Plaza Interior, lo cual lo asocia con el inicio de la construcción de la última etapa arquitectónica del Complejo B, por lo menos en dicha zona. La ofrenda se compone de alrededor de una veintena de vasijas cerámicas tanto domésticas como suntuarias, algunas de ellas aparentemente conteniendo alimentos (se registraron dos semillas de fríjol carbonizado); también se localizó un collar formado por 17 cuentas líticas –16 tubulares y 1 cilíndrica por desgracia fragmentada¬– y una preforma de punta de proyectil. La ofrenda se apiló en patrón lineal en eje E-W sobre el cadáver, que fue depositado a su vez en decúbito lateral derecho flexionado orientado al E, sobre una cama formada por tepalcates. La orientación craneofacial es hacia el N. Presenta el 90% de la osamenta, faltando únicamente mano izquierda y pie derecho, lo cual es consistente con el patrón funerario característico del asentamiento prehispánico. (Fig. 7 y 8) (Barrales, Dehmian, 2008)
Los actuales resultados nos indican que es de sexo masculino, de edad entre los 20 y 30 años y una estatura inusual de 1.73 cm. –el fémur izquierdo midió por sí mismo 45 cm. – Los análisis forenses nos indican evidencias de enfermedades, en específico artritis anquilosante y decapitación aparentemente post mortem.
Además, en el Complejo B se registraron numerosos huesos aislados –que son extremidades– y que tuvieron un sentido de ritualidad de sacrificio¬. Así como ofrendas de cerámica matadas, asociada a eventos constructivos y tres fogones ceremoniales, con restos de cenizas y cerámicas.




