El debate “la introducción del producto transgénico”

June 17, 2008 by Revista Opción  
Filed under Madre Tierra

activistas-de-greenpeace-con1.jpgPresumen que no daña la salud, aunque pone en riesgo la riqueza genética de la especie mexicana.

Antonio Aguilera (jornadamichoacana)

Con las recientes alzas en los insumos derivados del maíz, se volvió a retomar el debate en torno a la siembra del producto transgénico para suplir el supuesto desabasto del grano, lo cual levantó voces que solicitan tomar el tema con cautela y analizarlo con base en criterios científicos.
La riqueza genética de las semillas nativas y criollas de maíz, base de la alimentación de los mexicanos es lo que está en riesgo con la posible siembra de transgénicos, y no como se piensa, la salud u otros factores de reacción secundaria.
De acuerdo con especialistas en biología, ecología, agronomía y biotecnología, los cultivos de transgénicos, contrariamente a lo que dicen los biotecnólogos, no es una tecnología diseñada para aliviar el hambre o para sacar adelante a los agricultores pobres del país, sino que viene a acaparar el mercado del germoplasma (semillas) del país y sólo servirá para 20 por ciento de los productores.
Tanto Horacio Cano Camacho, como Víctor Toledo, Miguel Martínez Trujillo, Narciso Barrera-Bassols y en su momento, Rafael Ortega Paczka, destacaron que la presencia de semillas genéticamente modificadas podría alterar la riqueza y diversidad genética de los cultivos en la entidad y vendría a modificar los ciclos y calendarios agrarios, en vez incentivar la producción y la capacidad de generar más toneladas por hectárea sembrada de maíz.
Riesgo de contaminación
El académico del Centro de Investigaciones en Ecosistemas de la UNAM, destaca que los cultivos transgénicos no son destinados al sector tradicional campesino, ya que obligan a los medianos y grandes productores a asumir un modelo agroindustrial, y por lo tanto se trata de una tecnología creada para los productores masivos. “Los únicos que podrían utilizarlos son los productores del Bajío para arriba, es decir, noroeste, áreas de riego, de agricultura organizada, pero no para la mayoría de campesinos y productores tradicionales de maíz”.
Sostiene que el país no requiere de esa tecnología, y en el mundo hay una difusión muy efectiva de carácter propagandístico de las grandes corporaciones que manejan los transgénicos, como Monsanto, Seminis, Pionner, entre otras”. Aquí radica toda la ideología de los biotecnólogos que han estado manejando la idea de que si México no entra a adoptar este tipo de tecnologías se encontrará en un retraso, lo cual es falso, ya que se trata de una tecnología más que entra a las zonas agroindustriales, pero a las zonas de agricultura tradicional que representan 80 por ciento de los productores”.
Analizar científicamente
Miguel Martínez Trujillo, investigador de la Universidad Michoacana, comentó que mientras las empresas biotecnológicas argumentan grandes beneficios con la introducción de organismos genéticamente modificados (OMG), existe un rechazo por algunos sectores de la población. “Todos estos argumentos, en pro y en contra, deben ser resueltos con base en pruebas científicas y datos sociales confiables, y ser analizados caso por caso, por lo que es necesario tener en México un marco jurídico apropiado para este propósito”.
Enfatizó que para comprender si la Ley de Bioseguridad de OMG representa una autorización abierta a los intereses de las empresas biotecnológicas transnacionales, es necesario conocer los aspectos esenciales de la misma.
Ejemplificó que para la liberación de un OMG al medio ambiente la presente ley contempla tres niveles, siendo la menos riesgosa la liberación experimental, que considera medidas de contención de tipo físico, químico o una combinación de varias. Así, la liberación en programa piloto puede o no contemplar medidas de contención y constituye una etapa previa a la liberación comercial, y en esta última ya no se adoptan medidas de contención. Pero la generalidad de la ley no permite especificar en detalle las consideraciones para la liberación de OMG.

Mejor prevenir

Narciso Barrera-Bassols, geógrafo y antropólogo adscrito a la Unidad de Geografía de la UNAM en Morelia, y que se ha dedicado más de 20 años al estudio de los pueblos rurales de Michoacán, enfatiza que la entidad se encuentra entre los primeros cinco estados del país en cuanto a riqueza y diversidad genética de semillas, en particular de maíz, por lo que los procesos de cultivo y de cosecha y del uso de suelo –que han sido ejercidos desde los tiempos anteriores al señorío purépecha y que aún se conservan podrían sufrir alteraciones irreversibles con la siembra de transgénicos.
Señaló que él, junto a dos investigadores más del Instituto Nacional de Ecología (INE), efectuó una investigación en la comunidad purépecha de Pichátaro a finales de 2003 para constatar la presencia y posible contaminación de los cultivos con transgénicos.
Para llevar a cabo tal escrutinio sustentaron su análisis en dos hipótesis, la primera señalaba que los campesinos migrantes traían en sus bolsillos granos de Estados Unidos y trataban de probarlos en sus tierras en México; en segundo lugar, el maíz transgénico que es importado de aquel país es vendido por Diconsa, entonces en aquellos pueblos donde hubiera migración y donde existiera una tienda Diconsa podrían ser fuentes de distribución de transgénicos porque además de la venta de maíz molido también se expende en grano en estas tiendas.
El INE, a través de la Dirección de Ordenamiento Territorial y Estudios de Ecosistemas, que dirige Gerardo Bocco, efectuó un análisis en la comunidad purépecha de Pichátaro –donde Barrera-Bassols ha trabajado durante 20 año y en donde existe una veta rica en diversidad de maíces criollos y nativos.
El geógrafo realizó estudios con carbono 14 para medir cuáles han sido los cambios climáticos que han asistido a la región de Pichátaro y para conocer la diversidad de la planta, y se constató que existe una población de maíces que tiene su origen en el clásico, donde los moradores nativos del lugar sustentaron su cultura en el cultivo del maíz y desde la fecha, con sus modificaciones, los campesinos del lugar siguen utilizando los mismos métodos de siembra y resguardo del germoplasma.
Modelo económico equivocado
Para Horacio Cano Camacho, biotecnólogo adscrito al Centro Multidisciplinario de Estudios en Biotecnología de la Universidad Michoacana, un producto transgénico es aquél que tiene modificada su genética, sin embargo, mencionó que a simple vista no se puede reconocer la diferencia entre uno natural y al que se le ha agregado una proteína extra, principal nutriente que se emplea para este tipo de estudios.
Explicó que las dos vías en las que principalmente se trabaja la transgénesis son la salud y el medio ambiente. En el primero, un producto afectará a la población en caso de que se le agregue un gen tóxico, pero “hasta el momento no se registrado ningún caso negativo por la ingesta de estos alimentos”.
El peligro que impera, añadió, es en el cuidado del medio ambiente; si se cultiva maíz modificado y no tiene la supervisión necesaria, podrá contaminar a su similar silvestre, pero aún no se conocen las consecuencias que esto va a generar.
Las pruebas que se realizan en cuanto a su entorno, dijo Cano Camacho, están enfocadas a conocer qué sucedería en caso de que la semilla modificada tenga una cruza, no planeada, con un similar de la misma especie, pero no hay riesgo si se cultivan productos diferentes.
Enfatizó que derivado del actual debate sobre la supuesta insuficiencia para producir maíz, por lo cual se requeriría de transgénicos, éste es un argumento falaz, ya que la siembra de OGM no vendrá a aliviar las necesidades de producción, y lo que esconde esta argumentación es que el modelo económico en el sector agropecuario fracasó, ya que por años se impulsó la siembra de frutos y hortalizas en las tierras más fértiles y se desplazó el maíz, lo que está generando ya consecuencias de desabasto en algunas regiones.
Pero para Rafael Ortega Paczka, subdirector general de Investigación de la Universidad Autónoma de Chapingo, la Ley de Bioseguridad contiene muchas lagunas que no establecen con claridad el empleo de los transgénicos en México, además es restrictiva porque para poder efectuar los estudios necesarios se tiene que pedir permiso a las secretarías del Medio Ambiente (Semarnat); Salud (SS) y Agricultura (Sagarpa), lo que complica y atrasa el trabajo, pero sobre todo por la importancia que representa la pérdida de semillas criollas nativas de nuestro país. “Hay muchos transgénicos de naturaleza variada, algunos son innocuos, pero puede aparecer alguno que sea peligroso; por ejemplo, en Estados Unidos están elaborando transgénicos para elaborar productos industriales, (lo cual) no afecta que la semilla se propague a campos vecinos, ya que cada año adquieren el banco de germoplasma, pero si en México cae uno de esos transgénicos puede contaminar los campos vecinos y producir un maíz que ya no sea consumible, ya que tiene una función industrial”, ejemplificó Ortega Paczka.

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