Hallan tortugas acuáticas de hace 3,5 millones de años

September 30, 2009 by Revista Opción  
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HallanTortugasUn equipo multidisciplinar de arqueólogos, paleontólogos, geólogos y biólogos hallaron restos de tortugas acuáticas de hace alrededor de 3,5 millones de años en el yacimiento de El Camp dels Ninots, situado en Caldes de Malavella (Girona), durante la décima campaña anual de excavación consecutiva que finaliza este martes.
El codirector de las excavaciones, Bruno Gómez, explicó que además de los fósiles de las tortugas, que en algún caso conservan el cráneo y las extremidades, –unas partes del cuerpo muy frágiles cuya conservación es difícil–, se han descubierto restos de unas 20 ranas y numerosos renacuajos, peces, tritones, pájaros, insectos, y algún hueso aislado de rinoceronte.
Gómez señaló que los resultados de las investigaciones permiten afirmar que El Camp dels Ninots es uno de los mejores yacimientos paleontológicos de Europa, idóneo para conocer la vida animal y vegetal durante el periodo del Plioceno.
En la campaña del año pasado, los investigadores desenterraron el esqueleto completo de un tapir datado de la misma época, algo que, si bien no ha sucedido en la presente campaña, no reduce el valor de los hallazgos, ya que los miles de huellas de hojas, frutos y troncos permitirán conocer mejor el paisaje de la zona hace 3,5 millones de años.
Gómez apuntó que el paisaje, donde abundaban árboles y plantas de tipo subtropical que conformaban un paisaje frondoso, húmedo y con un régimen pluviométrico superior al actual, podría replicarse no solo en la zona de Caldes de Malavella, sino también en buena parte de Catalunya y del Mediterráneo.
Los especialistas calculan que el yacimiento de El Camp dels Ninots tiene alrededor de 25.000 metros cuadrados, y en él se realizan campañas de excavación desde hace una década. La zona era un lago al que acudían a beber numerosos animales, con una rica vida vegetal y acuática, que se formó como resultado de la explosión de un volcán.
Fenómeno catastrófico
El codirector de las excavaciones explicó que por el momento barajan la posibilidad de que el yacimiento se formara a causa de algún “fenómeno catastrófico”, ya que la riqueza hallada y el estado de conservación completo de algunos esqueletos hacen presuponer que los seres vivos que allí murieron lo hicieron de forma rápida y accidental.
Una de las hipótesis es que el volcán que originó el lago siguió activo un tiempo, y acumuló gases hasta que se produjo una fuga masiva de metano o azufre que mató a todos los seres vivos que estaban en la zona. La campaña de excavación, que finaliza el martes después de un mes de trabajos, ha contado con especialistas provenientes de Tarragona, Girona, Vigo, Burgos y Salamanca, además de otros países como Georgia, Francia y Argelia.
Por el momento continuará trabajando en la zona una sonda, instalada este año, que excava el yacimiento en busca de la última capa del volcán que permita conocer la profundidad del mismo, calculada en torno a los 100 metros. Por el momento la sonda ha llegado a los 60 metros, y se espera que en las próximas semanas pueda conocerse la dimensión real de El Camp dels Ninots.
El Mundo

Un nuevo ratón ‘enano’ del Mioceno

July 28, 2009 by Revista Opción  
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unnuevoratonUn pequeño ratón de campo, de hace 16 millones de años, en el Mioceno, ha situado a un yacimiento valenciano entre los más interesantes de la Península para el estudio de los micromamíferos. Se trata de una nueva especie, la ‘Eomyops noeliae’ (en honor de la hija de su descubridor, que se llama Noelia), de un género que desapareció hace unos dos millones de años y que ha proporcionado interesantes pistas sobre cómo era el clima en el Levante prehistórico.
El hallazgo ha consistido en una importante colección de 43 piezas dentales del roedor, gracias a las cuales se ha sabido que tenía el aspecto de un ratón enano y vivía en un ambiente húmedo, muy diferente al que ahora hay en el entorno de Alborache (Valencia), donde se encontraron los restos. Lo más interesante es que es el registro más antiguo de este género extinto en el mundo.
Francisco Javier Ruiz-Sánchez, experto en micromamíferos de la Universidad de Valencia, explica que el ‘E. noeliae’ vivió en el periodo Aragoniense, en un entorno que entonces tenía muchos más árboles. De hecho, junto con sus restos había otros de ardillas voladoras en el mismo yacimiento, llamado Morteral A20. Sus resultados los ha publicado en la revista científica ‘Comptes Rendus Palevol’.
Por las características morfológicas del pequeño animal se sabe que fue una forma intermedia dentro del género Eomyops.
Los dientes fueron localizados en 2001, aunque han tardado unos años en ser estudiados. Desde entonces, nuevos dientes de la misma especie han aparecido en un yacimiento cercano, el Morteral 22, lo que confirma que la especie habitó en el este peninsular durante el Mioceno inferior y medio. También se han encontrado restos de los que podrían ser otras dos nuevas especies, aún pendientes de su publicación.
El paleontólogo comenta que se trata de una zona muy rica en fósiles de este periodo. Hasta ahora se han localizado 45 yacimientos, entre los que, a partir de ahora, el Morteal A22 ocupará un lugar destacado.
De hecho, Ruiz-Sánchez comenta que se va a incluir en el inventario que el Instituto Geológico y Minero de España (IGME) está elaborando sobre todos aquellos lugares que son de interés por los hallazgos que allí han tenido lugar. España se encuentra hoy la escuela más importante del mundo en el estudio de micromamíferos prehistóricos, con media docena de grupos científicos estudiando sus fósiles, de los cerca de 20 que existen a nivel global.
El Mundo

En el pasado, la formación del petróleo enfrió el clima

June 18, 2009 by Revista Opción  
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1245236574_0Hoy en día ya son pocos los que no saben que la quema de combustibles fósiles incrementa el efecto invernadero de la Tierra. Pero un nuevo estudio revela que fue precisamente la formación natural de esos combustibles fósiles -carbono orgánico enterrado- hace 440 millones de años lo que frenó el calentamiento que entonces experimentaba el planeta, por lo que concluye que la “breve” Edad de Hielo hasta ahora atribuida a ese periodo geológico fue mucho más larga de lo que se creía.
Éstos son los resultados que han presentado geólogos de la Universidad de Leicester como parte del proyecto Clima en el Tiempo Profundo dirigido por la citada universidad y la Inspección Geológica Británica.
La investigación sugiere que durante dicha edad de hielo, bautizada ahora como “La casa de hielo del Paleozoico inferior”, el calentamiento global fue frenado por el hundimiento de carbono orgánico que eventualmente ’se convirtió’ en el petróleo que ahora quemamos: cantidades ingentes de carbono de hace 400 millones de años que ahora inyectamos a una atmósfera a la que no pertenecen, aumentando así sus concentraciones. Durante ese periodo se formaron los yacimientos del norte de África y Oriente Medio, que constituyen las fuentes petrolíferas más productivas del mundo.
Ese periodo glacial tuvo lugar entre el Ordovícico (hace 488 millones de años -443 millones de años) y el Silúrico (hace 443 millones de años – 416 millones de años), un intervalo de tiempo geológico que registró una gran diversificación de animales marinos, como los trilobites y los primeros peces, así como la aparición de las primeras plantas terrestres.
Cambios rápidos en el nivel del mar
El clima de estos periodos ha sido siempre considerado cálido, con unos niveles de CO2 atmosférico muy elevados y altas temperaturas que alcanzaban latitudes superiores. Los periodos fríos se creían muy breves.
Sin embargo, Alex Page, del Departamento de Geología de la Universidad de Leicester, y colegas han demostrado en su estudio que los periodos de frío fueron probablemente mucho más largos.
El equipo mostró cómo el Ordovícico superior y el Silúrico inferior se caracterizaron por una formación de hielo generalizada, con cambios en la extensión de glaciación continental que produjeron alteraciones rápidas en el nivel del mar en todo el planeta.
Para llegar a esta conclusión, compararon evidencias del cambio en el nivel del mar extraídas a partir del registro rocoso de antiguas líneas de costa con aquellas otras evidencias de sedimentos que fueron depositados por agua de deshielo, así como con los indicadores químicos de temperatura en los estratos.
Distinto ciclo de carbono
Lo curioso del estudio fue que, aunque “la Casa de Hielo del Paleozoico inferior” tuvo una duración similar a sus análogas modernas, el ciclo de carbono era claramente distinto al actual. A diferencia de los océanos modernos, los de hace 400 millones de años eran pobres en oxígeno, con ‘zonas muertas’ que enterraban el carbono derivado del plancton en el sedimento del lecho marino.
Los estratos producidos de esta forma incluyen las bolsas de petróleo del norte de África y Oriente Medio. El enterramiento de carbono orgánico derivado de plancton fósil pudo servir para reducir el CO2 atmosférico y provocar un enfriamiento en esa edad de hielo.
“Estos depósitos ricos en combustibles fósiles se formaron durante episodios relativamente cálidos de ‘la Casa de Hielo del Paleozoico Inferior’, cuando la fusión parcial de las capas de hielo provocaron una rápida subida del nivel del mar. El agua del deshielo pudo aportar un flujo masivo de nutrientes a la superficie del agua, lo que permitió a los animales y a las algas proliferar, pero también alteró la circulación oceánica, haciendo que las aguas profundas fueran pobres en oxígeno, lo que facilitó la conservación de los frágiles fósiles planctónicos”, dice Page.
Page añade que el enterramiento del carbono en esa escasez de oxígeno “puede haber tenido una retroalimentación negativa que impidió el calentamiento, lo que significa que, durante el Paleozoico Inferior al menos, los procesos que llevaron a la formación del petróleo pudieron haber sido a la vez la solución a los gases de efecto invernadero”.
El Mundo

La cópula pionera de los peces prehistóricos

February 26, 2009 by Revista Opción  
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1235565897_extras_ladillos_1_0Hace 380 millones de años, los machos de algunos peces fertilizaban a las hembras anclándose a la vagina y manipulando su aleta pélvica para hacer llegar el esperma. Así lo demuestran unos fósiles extraordinariamente bien preservados de estos animales que se han descubierto en Australia. Los científicos consideran que este hallazgo representa la evidencia más antigua hallada hasta ahora de una fecundación por inseminación interna.
Hay una vieja broma que circula entre los paleontólogos, y es que la mayoría de los descubrimientos tienen lugar en los cajones de los museos y no en los propios yacimientos, pues a menudo son personas distintas quienes los descubren y quienes, más tarde, los desempolvan y los estudian.
Un fósil que preserve las partes blandas de un organismo es un verdadero regalo de la naturaleza. Es extraordinariamente raro que ocurra, y lo normal es que el tiempo borre toda huella de vida menos las partes mineralizadas: conchas, huesos o dientes de animales.
Pero demos a la vida 3.000 millones de años -600 millones de años, en el caso de la vida animal- y es probable que alguna que otra vez determinados organismos se vean, por ejemplo, abruptamente sepultados por barro o lava, queden por lo tanto atrapados en entornos sin oxígeno y permanezcan allí “momificados”, a la espera de ser descubiertos por una especie que llegará cientos de millones de años después, el Homo sapiens, ansiosa por escuchar su historia.
Ha habido escasos pero valiosos ejemplos de estos afortunados encuentros -el más famoso, el de Burgess Shale, conserva fósiles de cuerpo blando en el que se aprecian hasta los vasos sanguíneos, con una calidad y una diversidad genética sin precedentes-. Uno de ellos lo protagonizó hace unos meses John A. Long, del Museo Victoria de Melbourne (Australia), al descubrir un embrión con cordón umbilical en el interior de un placodermo ptictodóntido (un pez primitivo de hace unos 380 millones de años) y adelantar así en el tiempo los orígenes del viviparismo. Los animales vivíparos son aquellos cuyas hembras paren crías completamente formadas que se han gestado y alimentado en el interior de la madre.
Esta vez, un nuevo descubrimiento publicado en Nature ha profundizado aún más en los primeros vivíparos. El mismo paleontólogo, John A. Long, y otros dos colegas australianos decidieron reexaminar a dos ejemplares adultos de Incisoscutum ritchiei, del orden de los artrodiros (placodermos) que habían sido previamente estudiados y que habían destacado por una peculiaridad: cada uno de ellos contenía en su interior a otro animal de menor tamaño, aparentemente también placodermo, que supuestamente acababa de ser ingerido en el momento de la catástrofe que inmortalizó sus restos.
Pero un estudio minucioso de aquellos dos peces acorazados y mandibulados, del Devónico superior (hace 380 millones de años), reveló que los pequeños artrodiros en el interior de sus cuerpos no representaban un copioso festín, sino embriones gestándose en el cuerpo de su madre, como había ocurrido con los ptictodóntidos. ¡Los artrodiros también eran vivíparos!
En efecto, el hallazgo de los dos embriones y la excelente preservación de los fósiles han permitido obtener, por primera vez según los autores del estudio, las primeras evidencias de que aquellos animales estaban anatómicamente preparados para la fertilización interna y la gestación de crías.
Estructuras para anclarse a la hembra
John A. Long y colegas se fijaron en los rasgos de la pelvis y la apertura de la cavidad abdominal, así como en la posición del embrión, cabeza abajo, para llegar a sus conclusiones. De hecho, el grado de detalle que muestran los fósiles es tal que revela que los embriones estaban iniciando sus primeras fases de osificación. Las características anatómicas de la cintura pélvica eran similares a las de los condrictios (peces cartilaginosos, como tiburones, rayas y quimeras), con un basipterigio largo (hueso o cartílago de la aleta pélvica) que posiblemente tuvo una función en la cópula.
“El viviparismo se creía casi exclusivo de los mamíferos, pero recientemente se ha visto que también está presente en algunos tiburones”, explica a elmundo.es Héctor Botella, del departemento de Geología de la Universidad de Valencia. “Algunos placodermos tenían ‘claspers’ (pterigopodios), como los tiburones actuales, que son unos falsos penes junto a las aletas pélvicas que les sirven para anclarse a la vagina de la hembra y liberar el esperma”, añade.
El análisis de las estructuras pélvicas de los artrodiros sugieren que también éstos estaban ya adaptados para sostener apéndices similares a los ‘claspers’. Probablemente, el largo basipterigio estaba articulado con “otros elementos cartilaginosos”.
En estos rasgos anatómicos se basan los autores para concluir que ya en el Devónico los machos artrodiros fertilizaban a las hembras manipulando su aleta pélvica para hacer llegar su esperma. Un hallazgo que tienta a los paleontólogos a generalizar la inseminación interna entre todos los placodermos, situando así el origen -conocido- de la cópula eréctil en hace casi 400 millones de años.
El Mundo