Amarcord llevó al público del romanticismo a una divertida vuelta al mundo

October 19, 2009 by Revista Opción  
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amacordConaculta.- Dos tenores, Wolfram Lattke y Dietrich Barth; dos bajos, Daniel Knauft, Holger Krause, y Frank Ozimek, un barítono que a veces modula su voz y suena como un violín o algún otro instrumento, forman el quinteto alemán Amarcord, que deleitó a un Templo de la Valenciana con lleno total, en su única presentación, la tarde de este viernes, donde no sólo homenajeó a los autores originarios de la clásica Leipzig, ciudad cuna del romanticismo alemán, y a sus más ilustres huéspedes, sino que además llevó al público a un recorrido por todo el mundo, a través de sus cantos.
Frente al altar principal del recinto, engalanado con un telón en baño de oro, ángeles y santos, el ensamble fundado en 1992 con cinco cantantes educados en el famoso coro de la Iglesia de Santo Tomás de Leipzig, expresó su alegría al presentar su primer concierto en Guanajuato, ciudad a la que “deseamos regresar”, dijeron en español. Los artistas embellecieron la antigua edificación con su canto, que constó de una primera parte dedicada a los compositores de la época del romanticismo, pese a su contexto histórico de tiempos de guerra.
Del famoso compositor alemán Robert Schumann (1810–1856) interpretaron Die Minnesänger (Trovadores), Rastlose Liebe (Amor desesperado) y Frühlingsglocken (Campanas de la Primavera), de Sechs Lieder para Coro de Hombres a cuatro voces op. 33.
El grupo conmemoró el natalicio 200 de Felix Mendelssohn (1809-1847) con cuatro piezas distintas y una adaptación especial a Zigeunerlied (Canción gitana), que habla de la habilidad de las mujeres para ser cambiantes. Otros temas fueron Sommerlied (Canción de verano) y Liebe und Wein (Amor y vino). El quinteto comentó que un reto en una de sus más divertidas piezas, en la cual recitan un menú de restaurante, es el demostrar lo que el compositor dijo durante toda su vida, “que la música podría hacerse sobre cualquier cosa”.
A propósito del Año Internacional de la Astronomía y la inclusión del Cervantino a dicha temática, el grupo interpretó An den Mond (Canto a la luna), del compositor Carl Steinacker (1785-1815).
Un público risueño fue la constante conseguida por Amarcord, al permitirse la interacción con los carismáticos artistas, que aderezaban su interpretación vocal con sonidos guturales como el hipo, maullidos, gesticulaciones e incluso mímica.
Bromistas, los músicos mandaron al público a tomar una siesta, si así lo deseaban, para continuar el concierto con un viaje alrededor del mundo con canciones y temas populares. Con sus elecciones, lo mismo se visitó Noruega, Irlanda, Corea o Estados Unidos.
Se cantó de Asia una melancólica historia de amor, un arreglo especial para cuatro voces a capella y un violín; la sorpresa invadió al público cuando el barítono Frank Ozimek interpretaba el papel del instrumento en cuestión.
Y el quinteto a capella originario de la cuna del romanticismo, no se detuvo en el recorrido internacional, visitó Cuba Habbanera, “dedicada a las chicas guapas mexicanas”, que terminó con el sonido del chachachá y un pequeño baile y chasquido de dedos.
Para finalizar se trasladó a Estados Unidos y algo de jazz, con Hit the Road Jack, de Ray Charles, y Sometimes I feel like a Motherless child, redondeando su tarde cervantina entre aplausos de un público satisfecho que ovacionó a la agrupación hasta abandonar el escenario.

Fundador de la museografía en México, recibirá homenaje

August 8, 2009 by Revista Opción  
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museografiaFernando Gamboa, promotor de la cultura mexicana, fundador de la museografía en México al grado de elevarla a un rango de arte en sí misma, de ahí que todas sus exposiciones fueran tan reconocidas a nivel mundial, será homenajeado el martes 11 de este mes.
El homenaje a Gamboa -quien como diplomático ayudó a trasladarse de Europa a México a cientos de judíos que huían de los nazis, y a republicanos españoles, enemigos del general Francisco Franco-, se lo ofrece el Banco Nacional de México, a través de Fomento Cultural Banamex.
Para él no sólo se trataba de exhibir piezas, sino de transmitir con cada una de ellas lo que México era como sociedad, como nación; al mismo tiempo su estética museográfica se relacionaba con las culturas occidentales.
Fue director de Fomento Cultural Banamex, A.C. desde 1983 hasta 1990, en Fomento organizó 24 muestras, así como 120 exposiciones itinerantes presentadas en las principales ciudades de México.
Obtuvo la colaboración del INAH para exponer temporalmente obras en la Oficina Central del Banco Nacional de México, pertenecientes a los diversos museos de ese instituto. Durante su dirección en Fomento Cultural Banamex editó más de 20 libros.
Con tal motivo participará como ponente de esta conferencia Juan Coronel Rivera y Ensamble de México ofrecerá un concierto con Juan Ignacio Corpus, como director y Martha Molinar como soprano. El programa es 100 por ciento Virreinal.
El ensamble de México estará integrado para esta ocasión por cinco cantantes, ocho músicos (dos violines, cello, violón, espineta, flauta de pico, percusiones y guitarra barroca) y director.
El Universal

Lee un cuento inédito de Julio Cortázar que se publicará la semana próxima junto a otros en ‘Papeles inesperados’

May 24, 2009 by Revista Opción  
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julio_cortazarA mi tocayo De Caro
Llegaré a Estambul a las ocho y media de la noche. El concierto de Nathan Milstein comienza a las nueve, pero no será necesario que asista a la primera parte; entraré al final del intervalo, después de darme un baño y comer un bocado en el Hilton. Para ir matando el tiempo me divierte recordar todo lo que hay detrás de este viaje, detrás de todos los viajes de los dos últimos años. No es la primera vez que pongo por escrito estos recuerdos, pero siempre tengo buen cuidado de romper los papeles al llegar a destino. Me complace releer una y otra vez mi maravillosa historia, aunque luego prefiera borrar sus huellas. Hoy el viaje me parece interminable, las revistas son aburridas, la hostess tiene cara de tonta, no se puede siquiera invitar a otro pasajero a jugar a las cartas. Escribamos, entonces, para aislarnos del rugido de las turbinas. Ahora que lo pienso, también me aburría mucho la noche en que se me ocurrió entrar al concierto de Ruggiero Ricci. Yo, que no puedo aguantar a Paganini. Pero me aburría tanto que entré y me senté en una localidad barata que sobraba por milagro, ya que la gente adora a Paganini y además hay que escuchar a Ricci cuando toca los Caprichos. Era un concierto excelente y me asombró la técnica de Ricci, su manera inconcebible de transformar el violín en una especie de pájaro de fuego, de cohete sideral, de kermesse enloquecida. Me acuerdo muy bien del momento: la gente se había quedado como paralizada con el remate esplendoroso de uno de los caprichos, y Ricci, casi sin solución de continuidad, atacaba el siguiente. Entonces yo pensé en mi tía, por una de esas absurdas distracciones que nos atacan en lo más hondo de la atención, y en ese mismo instante saltó la segunda cuerda del violín. Cosa muy desagradable, porque Ricci tuvo que saludar, salir del escenario y regresar con cara de pocos amigos, mientras en el público se perdía esa tensión que todo intérprete conjura y aprovecha. El pianista atacó su parte, y Ricci volvió a tocar el capricho. Pero a mí me había quedado una sensación confusa y obstinada a la vez, una especie de problema no resuelto, de elementos disociados que buscaban concatenarse. Distraído, incapaz de volver a entrar en la música, analicé lo sucedido hasta el momento en que había empezado a desasosegarme, y concluí que la culpa parecía ser de mi tía, de que yo hubiera pensado en mi tía en mitad de un capricho de Paganini. En ese mismo instante se cayó la tapa del piano, con un estruendo que provocó el horror de la sala y la total dislocación del concierto. Salí a la calle muy perturbado y me fui a tomar un café, pensando que no tenía suerte cuando se me ocurría divertirme un poco.
Debo ser muy ingenuo, pero ahora sé que hasta la ingenuidad puede tener su recompensa. Consultando las carteleras averigüé que Ruggiero Ricci continuaba su tournée en Lyon. Haciendo un sacrificio me instalé en la segunda clase de un tren que olía a moho, no sin dar parte de enfermo en el instituto médico-legal donde trabajaba. En Lyon compré la localidad más barata del teatro, después de comer un mal bocado en la estación, y por las dudas, por Ricci sobre todo, no entré hasta último momento, es decir hasta Paganini. Mis intenciones eran puramente científicas (¿pero es la verdad, no estaba ya trazado el plan en alguna parte?) y como no quería perjudicar al artista, esperé una breve pausa entre dos caprichos pera pensar en mi tía. Casi sin creerlo vi que Ricci examinaba atentamente el arco del violín, se inclinaba con un ademán de excusa, y salía del escenario. Abandoné inmediatamente la sala, temeroso de que me resultara imposible dejar de acordarme otra vez de mi tía. Desde el hotel, esa misma noche, escribí el primero de los mensajes anónimos que algunos concertistas famosos dieron en llamar las cartas negras. Por supuesto Ricci no me contestó, pero mi carta preveía no sólo la carcajada burlona del destinatario sino su propio final en el cesto de los papeles. En el concierto siguiente -era en Grenoble- calculé exactamente el momento de entrar en la sala, y a mitad del segundo movimiento de una sonata de Schumann pensé en mi tía. Las luces de la sala se apagaron, hubo una confusión considerable y Ricci, un poco pálido, debió acordarse de cierto pasaje de mi carta antes de volver a tocar; no sé si la sonata valía la pena, porque yo iba ya camino del hotel.
Su secretario me recibió dos días después, y como no desprecio a nadie acepté una pequeña demostración en privado, no sin dejar en claro que las condiciones especiales de la prueba podían influir en el resultado. Como Ricci se negaba a verme, cosa que no dejé de agradecerle, se convino en que permanecería en su habitación del hotel, y que yo me instalaría en la antecámara, junto al secretario. Disimulando la ansiedad de todo novicio, me senté en un sofá y escuché un rato. Después toqué el hombro del secretario y pensé en mi tía. En la estancia contigua se oyó una maldición en excelente norteamericano, y tuve el tiempo preciso de salir por una puerta antes de que una tromba humana entrara por la otra armada de un Stradivarius del que colgaba una cuerda.
Quedamos en que serían mil dólares mensuales, que se depositarían en una discreta cuenta de banco que tenía la intención de abrir con el producto de la primera entrega. El secretario, que me llevó el dinero al hotel, no disimuló que haría todo lo posible por contrarrestar lo que calificó de odiosa maquinación. Opté por el silencio y por guardarme el dinero, y esperé la segunda entrega. Cuando pasaron dos meses sin que el banco me notificara del depósito, tomé el avión para Casablanca a pesar de que el viaje me costaba gran parte de la primera entrega. Creo que esa noche mi triunfo quedó definitivamente certificado, porque mi carta al secretario contenía las precisiones suficientes y nadie es tan tonto en este mundo. Pude volver a París y dedicarme concienzudamente a Isaac Stern, que iniciaba su tournée francesa. Al mes siguiente fui a Londres y tuve una entrevista con el empresario de Nathan Milstein y otra con el secretario de Arthur Grumiaux. El dinero me permitía perfeccionar mi técnica, y los aviones, esos violines del espacio, me hacían ahorrar mucho tiempo; en menos de seis meses se sumaron a mi lista Zino Francescatti, Yehudi Menuhin, Ricardo Odnoposoff, Christian Ferras, Ivry Gitlis y Jascha Heifetz. Fracasé parcialmente con Leonid Kogan y con los dos Oistrakh, pues me demostraron que sólo estaban en condiciones de pagar en rublos, pero por la dudas quedamos en que me depositarían las cuotas en Moscú y me enviarían los debidos comprobantes. No pierdo la esperanza, si los negocios me lo permiten, de afincarme por un tiempo en la Unión Soviética y apreciar las bellezas de su música.
Como es natural, teniendo en cuenta que el número de violinistas famosos es muy limitado, hice algunos experimentos colaterales. El violoncelo respondió de inmediato al recuerdo de mi tía, pero el piano, el arpa y la guitarra se mostraron indiferentes. Tuve que dedicarme exclusivamente a los arcos, y empecé mi nuevo sector de clientes con Gregor Piatigorsky, Gaspar Cassadó y Pierre Michelin. Después de ajustar mi trato con Pierre Fournier, hice un viaje de descanso al festival de Prades donde tuve una conversación muy poco agradable con Pablo Casals. Siempre he respetado la vejez, pero me pareció penoso que el venerable maestro catalán insistiera en una rebaja del veinte por ciento o, en el peor de los casos, del quince. Le acordé un diez por ciento a cambio de su palabra de honor de que no mencionaría la rebaja a ningún colega, pero fui mal recompensado porque el maestro empezó por no dar conciertos durante seis meses, y como era previsible no pagó ni un centavo. Tuve que tomar otro avión, ir a otro festival. El maestro pagó. Esas cosas me disgustaban mucho.
En realidad yo debería consagrarme ya al descanso puesto que mi cuenta de banco crece a razón de 17.900 dólares mensuales, pero la mala fe de mis clientes es infinita. Tan pronto se han alejado a más de dos mil kilómetros de París, donde saben que tengo mi centro de operaciones, dejan de enviarme la suma convenida. Para gentes que ganan tanto dinero hay que convenir en que es vergonzoso, pero nunca he perdido tiempo en recriminaciones de orden moral. Los Boeing se han hecho para otra cosa, y tengo buen cuidado de refrescar personalmente la memoria de los refractarios. Estoy seguro de que Heifetz, por ejemplo, ha de tener muy presente cierta noche en el teatro de Tel Aviv, y que Francescatti no se consuela del final de su último concierto en Buenos Aires. Por su parte, sé que hacen todo lo posible por liberarse de sus obligaciones, y nunca me he reído tanto como al enterarme del consejo de guerra que celebraron el año pasado en Los Ángeles, so pretexto de la descabellada invitación de una heredera californiana atacada de melomanía megalómana. Los resultados fueron irrisorios pero inmediatos: la policía me interrogó en París sin mayor convicción. Reconocí mi calidad de aficionado, mi predilección por los instrumentos de arco, y la admiración hacia los grandes virtuosos que me mueve a recorrer el mundo para asistir a sus conciertos. Acabaron por dejarme tranquilo, aconsejándome en bien de mi salud que cambiara de diversiones; prometí hacerlo, y días después envié una nueva carta a mis clientes felicitándolos por su astucia y aconsejándoles el pago puntual de sus obligaciones. Ya por ese entonces había comprado una casa de campo en Andorra, y cuando un agente desconocido hizo volar mi departamento de París con una carga de plástico, lo celebré asistiendo a un brillante concierto de Isaac Stern en Bruselas -malogrado ligeramente hacia el final- y enviándole unas pocas líneas a la mañana siguiente. Como era previsible, Stern hizo circular mi carta entre el resto de la clientela, y me es grato reconocer que en el curso del último año casi todos ellos han cumplido como caballeros, incluso en lo que se refiere a la indemnización que exigí por daños de guerra.
A pesar de las molestias que me ocasionan los recalcitrantes, debo admitir que soy feliz; incluso su rebeldía ocasional me permite ir conociendo el mundo, y siempre le estaré agradecido a Menuhin por un atardecer maravilloso en la bahía de Sydney. Creo que hasta mis fracasos me han ayudado a ser dichoso, pues si hubiera podido sumar entre mis clientes a los pianistas, que son legión, ya no habría tenido un minuto de descanso. Pero he dicho que fracasé con ellos y también con los directores de orquesta. Hace unas semanas, en mi finca de Andorra, me entretuve en hacer una serie de experimentos con el recuerdo de mi tía, y confirmé que su poder sólo se ejerce en aquellas cosas que guardan alguna analogía -por absurda que parezca- con los violines. Si pienso en mi tía mientras estoy mirando volar a una golondrina, es fatal que ésta gire en redondo, pierda por un instante el rumbo, y lo recobre después de un esfuerzo. También pensé en mi tía mientras un artista trazaba rápidamente un croquis en la plaza del pueblo, con líricos vaivenes de la mano. La carbonilla se le hizo polvo entre los dedos, y me costó disimular la risa ante su cara estupefacta. Pero más allá de esas secretas afinidades… En fin, es así. Y nada que hacer con los pianos.
Ventajas del narcisismo: acaban de anunciar que llegaremos dentro de un cuarto de hora, y al final resulta que lo he pasado muy bien escribiendo estas páginas que destruiré como siempre antes del aterrizaje. Lamento tener que mostrarme tan severo con Milstein, que es un artista admirable, pero esta vez se requiere un escarmiento que siembre el espanto entre la clientela. Siempre sospeché que Milstein me creía un estafador, y que mi poder no era para él otra cosa que el efímero resultado de la sugestión. Me consta que ha tratado de convencer a Grumiaux y a otros de que se rebelen abiertamente. En el fondo proceden como niños, y hay que tratarlos de la misma manera, pero esta vez la corrección será ejemplar. Estoy dispuesto a estropearle el concierto a Milstein desde el comienzo; los otros se enterarán con la mezcla de alegría y de horror propia de su gremio, y pondrán el violín en remojo por así decirlo.
Ya estamos llegando, el avión inicia su descenso. Desde la cabina de comando debe ser impresionante ver cómo la tierra parece enderezarse amenazadoramente Me imagino que a pesar de su experiencia, el piloto debe estar un poco crispado, con las manos aferradas al timón. Sí, era un sombrero rosa con volados, a mi tía le quedaba tan
Historias de cronopios
Tres aventuras de los personajes creados por Julio Cortázar.
Vialidad
Un pobre cronopio va en su automóvil y al llegar a una esquina le fallan los frenos y choca contra otro auto. Un vigilante se acerca terriblemente y saca una libreta con tapas azules.
-¿No sabe manejar, usted? -grita el vigilante.
El cronopio lo mira un momento, y luego pregunta:
-¿Usted quién es?
El vigilante se queda duro, echa una ojeada a su uniforme como para convencerse de que no hay error.
-¿Cómo que quién soy? ¿No ve quién soy?
-Yo veo un uniforme de vigilante -explica el cronopio muy afligido-. Usted está dentro del uniforme pero el uniforme no me dice quién es usted.
El vigilante levanta la mano para pegarle, pero en la mano tiene la libreta y en la otra mano el lápiz, de manera que no le pega y se va adelante a copiar el número de la chapa. El cronopio está muy afligido y quisiera no haber chocado, porque ahora le seguirán haciendo preguntas y él no podrá contestarlas ya que no sabe quién se las hace y entre desconocidos uno no puede entenderse. (1952)
Almuerzos
En el restaurante de los cronopios pasan estas cosas, a saber que un fama pide con gran concentración un bife con papas fritas, y se queda deunapieza cuando el cronopio camarero le pregunta cuántas papas fritas quiere.
-¿Cómo cuántas? -vocifera el fama-. ¡Usted me trae papas fritas y se acabó, qué joder!
-Es que aquí las servimos de a siete, treinta y dos, o noventa y ocho -explica el cronopio.
El fama medita un momento, y el resultado de su meditación consiste en decirle al cronopio:
-Vea, mi amigo, váyase al carajo.
Para inmensa sorpresa del fama, el cronopio obedece instantáneamente, es decir que desaparece como si se lo hubiera bebido el viento. Por supuesto el fama no llegará a saber jamás dónde queda el tal carajo, y el cronopio probablemente tampoco, pero en todo caso el almuerzo dista de ser un éxito. (1952-1956)
‘Never stop the press’
Un fama trabajaba tanto en el ramo de la yerba mate que-no-le-quedaba-tiempo-para-nada. Así este fama languidecía por momentos, y alzando-los-ojos-al-cielo exclamaba con frecuencia: “¡Cuán sufro! ¡Soy la víctima del trabajo, y aunque ejemplo de laboriosidad, mi-vida-es-un-martirio!”.
Enterado de su congoja, una esperanza que trabajaba de mecanógrafo en el despacho del fama se permitió dirigirse al fama, diciéndole así:
-Buenas salenas fama fama. Si usted incomunicado causa trabajo, yo solución bolsillo izquierdo saco ahora mismo.
El fama, con la amabilidad característica de su raza, frunció las cejas y estiró la mano. ¡Oh milagro! Entre sus dedos quedó enredado el mundo y el fama ya no tuvo motivos para quejarse de su suerte. Todas las mañanas venía la esperanza con una nueva ración de milagro y el fama, instalado en su sillón, recibía una declaración de guerra, y/o una declaración de paz, un buen crimen, una vista escogida del Tirol y/o de Bariloche y/o de Porto Alegre, una novedad en motores, un discurso, una foto de una actriz y/o de un actor, etc. Todo lo cual le costaba diez guitas, que no es mucha plata para comprarse el mundo.
El País

Inicia XIV Encuentro Internacional de Música Antigua

May 15, 2009 by Revista Opción  
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antig4Los cuartetos parisinos de George Philipp Telemann, muestra cumbre de las obras escritas para cuarteto de cuerdas del Barroco, serán interpretados por el ensamble Le Mercure, en el marco del XIV Encuentro Internacional de Música Antigua, este día, en el Auditorio Blas Galindo, del Centro Nacional de las Artes.
Le Mercure (Polonia-Estados Unidos- México-Alemania), cuya vocación es difundir los cuartetos parisinos de Teleman, se asume como una agrupación que vive y ejecuta la música antigua desde un punto de vista del presente.
Lo cual no significa que no cumpla con el rigor histórico y estilístico del programa que aborda.
Sus integrantes, Teddie Hwang (traverso barroco), Dorota Hosnowska (violín barroco), Gerald Stempfel (viola da gamba) y Miguel Cicero (clavecín) utilizan copias de instrumentos históricos que permiten imaginar una sonoridad parecida a la del siglo XVIII.
Esta variedad instrumental se traduce en flexibilidad en términos de repertorio y colores en la música escrita para cuarteto y sonatas en trío.
La agrupación surgió en La Haya, Países Bajos, en 2004; desde entonces ha actuado allí, Polonia, Alemania y México.
A pesar de que desde hace dos años cada miembro del cuarteto vive en distintos países, éstos continúan su carrera como agrupación y trazan nuevos horizontes para llegar a los públicos de Norteamérica, Europa y Latinoamérica.
Para su actuación en el Centro Nacional de las Artes, Le Mercure interpretará: Premier Quatuor en Re Mayor, Quatrieme Quatuor en si menor, Concerto Primo en Sol Mayor y Deuxieme Quatuor en la menor.
El XIV Encuentro Internacional de Música Antigua continuará con la participación del grupo La Fontegara, el sábado 16, en el Auditorio Blas Galindo, del Cenart.
Milenio

Mexicanos formarán parte de la Orquesta Sinfónica de YouTube

March 3, 2009 by Revista Opción  
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youtube-logoDos músicos mexicanos fueron seleccionados para formar parte de la Orquesta Sinfónica de YouTube, primera agrupación en línea que estará integrada por más de 90 intérpretes que actuarán en un único concierto en el Carnegie Hall de Nueva York, el 15 de abril de 2009.
Los dos mexicanos, uno de Xalapa Veracruz y el otro de Saltillo, Coahuila, intérpretes de viola y violín, respectivamente, fueron seleccionados de entre 200 músicos que pasaron a la última etapa del concurso al que convocó You Tube desde diciembre de 2008 y que recibió más de 3 mil videos de intérpretes profesionales y amateurs de más de setenta países y territorios.
Del continente americano, también fueron seleccionados dos músicos brasileños y un intérprete de Colombia, quienes se encontrarán con sus colegas desde el 12 de abril cuando viajen a Nueva York y participen en una cumbre de música clásica que tendrá como último acto, el concierto en el Carnegie Hall, bajo la batuta de Michael Tilson Thomas, director musical de la Orquesta Sinfónica de San Francisco, fundador y director artístico de la Sinfónica Nuevo Mundo (New World Symphony) y principal conductor invitado de la Orquesta Sinfónica de Londres.
En el concierto, único en su género porque toda la audición y selección fue hecho en línea y los músicos sólo se verán hasta tres días antes del recital, la Orquesta Sinfónica de YouTube interpretará la “Internet Symphony No. 1, Eroica” (Sinfonía Internet No. 1, Eroica), pieza compuesta especialmente para esta ocasión por el músico chino Tan Dun.
El Universal

México estará en festival de música de Taipei

December 15, 2008 by Revista Opción  
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A cargo de la dirección de la Orquesta Sinfónica de Taipei, el tamaulipeco Sergio Cárdenas representará a México en el Festival de Música de Taipei 2008, donde se interpretarán dos obras de su autoría.

La aparición de Cárdenas será el próximo 21 de diciembre, cuando la agrupación china ejecute las piezas Saludo tamaulipeco y Huapangos, de su autoría; el Concierto para Violín y Orquesta, de Manuel M. Ponce, y la Sinfonía No. 4, en Si-bemol mayor, de Ludwig van Beethoven.

Saludo tamaulipeco sirvió para inaugurar el Centro Cultural Tamaulipas, el 8 de enero de 1997, y está dedicada a ese pueblo; mientras que de Huapangos, se sabe que fue estrenada en el marco de la IX edición del Festival Internacional Tamaulipas.

Por lo que hace a la obra de Ponce, que fuera estrenada en México por el violinista Henryk Szeryng, ésta será interpretada por el violinista veracruzano Francisco Ladrón de Guevara.

Francisco Ladrón y Sergio Cárdenas trabajaron juntos en el marco del Festival Internacional Cervantino 2006, cuando ambos estrenaron mundialmente en la Explanada de la Alhóndiga de Granaditas la deslumbrante obra de Cárdenas Beethoven visita México.

Esta será la segunda ocasión que Cárdenas actuará en tierras asiáticas. La primera ocurrió en mayo del 2004, cuando condujo exitosamente, al frente de la Orquesta Sinfónica de El Cairo (Egipto), en una gira por seis ciudades chinas, entre ellas Beijing, Shenzhen y Guangzhou.

El director combina su intensa actividad concertística internacional con las tareas correspondientes a su posición como profesor titular de carrera, acreditado también en el Posgrado de la Escuela Nacional de Música de la UNAM, donde se le ha confiado la dirección de su Orquesta Sinfónica.

En enero próximo, él y la OSENM-UNAM regresarán a Tamaulipas para brindar un espectacular Concierto de Año Nuevo, el 23 de enero del 2009 en el Centro Cultural de Nuevo Laredo.