Tiempos de crisis, buen momento para aprender un oficio: Ariosto Otero
May 4, 2009 by Revista Opción
Filed under Cultura
El artista plástico mexicano Ariosto Otero Reyes aseguró que los tiempos de crisis económica y ahora de contingencia sanitaria, son un buen momento para que los mexicanos aprendan un oficio.
El presidente de la Unión Latinoamericana de Muralistas y Creadores de Arte Monumental A.C, recomendó el aprendizaje de un oficio orientado al arte, como puede ser pintar, dibujar, hacer cosas con plastilina o cerámica, etcétera.
Hoy, consideró el muralista, “es un buen momento para abrazarnos los unos a los otros y dedicarnos exclusivamente al proceso de la vida sobre la patria. Toda la vida he dicho que el ser humano, debería aprender un oficio en su vida”, insistió.
Señaló que tanto él como su familia se involucran en algún oficio, “ya sea cuidar o regar el jardín, bañar al perro, en lo que sea, la idea es no estar de ociosos”.
“Para los más pequeños, los padres deberían jugar con ellos, cortar papel, algún tipo de manualidad para entretenerlos de alguna manera con esta situación de contingencia, decretada por la epidemia del virus de la influenza humana”, opinó.
Otero Reyes, quien es uno de los promotores del muralismo en México, invitó al público a no hacer compras de pánico y a que prevalezca la calma.
“Es bueno salir, quien así lo desee adelante pero para que le arriesgamos. Lo mejor es quedarse tranquilo en casa. De no hacerlo, nos haremos mucho daño”, consideró.
“Debemos tener una gran conciencia de lo que está pasando, no podemos dejar en esto solo al gobierno, hay que asumir una responsabilidad totalmente ciudadana y hermanarnos en estos momentos de salud, se requiere de mucho ánimo y fuerza para salir adelante”, abundó.
Ariosto Otero es muralista de tiempo completo y se autodefine como un mexicano profundamente interesado en su pueblo.
Durante sus más de 30 años de carrera artística ha realizado cerca de 50 obras murales en México y algunos países de América Latina.
Al igual que José Luis Soto, Isabel Campos, Luis Nishizawa, Enrique Estrada y Rina Lazo, Otero es de los pocos artistas que han asumido el muralismo en México en los últimos 20 años.
La Jornada
Zona Arqueológica Cañada de la Virgen
December 17, 2008 by Revista Opción
Filed under Madre Tierra
Mtra. Gabriela Zepeda García Moreno
Centro INAH Guanajuato
El Entierro 13, “El Jerarca”
Primera parte
Asociado directamente con el piso de desplante del mural, se encontró el Entierro 13. El contexto ceremonial en el que fue depositado nos indica la alta jerarquía del personaje, sus restos se exhumaron en el sexto cuerpo del Basamento Piramidal y al interior de lo que hoy llamamos el Templo Rojo –por la abundancia de este color en las paredes interiores–. El hallazgo de este entierro, se realizó en junio de 2006 y estuvo la excavación a cargo del arqueólogo Javier Martínez Bravo y del antropólogo físico Ricardo Díaz Díaz. Durante el proceso se registraron varias capas culturales de materiales cerámicos que estaban por encima de los restos óseos (Fig. 1 y 2)
Los restos óseos del personaje enterrado se encontraron directamente asociados a la pintura mural consistente de franjas de color rojo, amarillo y negro, y a la presencia de un fogón ceremonial. Es decir, sus restos fueron depositados físicamente en el lugar más relevante del centro ceremonial, y además en una estrecha vinculación con un espacio simbólico y sagrado relacionado con el Sol Poniente, tal y como revelan los colores del mural y la propia orientación arqueoastronómica del Basamento Piramidal.
La excavación arqueológica reveló, además, que el personaje fue enterrado envuelto en un petate, y fue posible recuperar fragmentos del mismo y de otras fibras orgánicas, así como restos de cabello, madera, cuentas, caracoles y un magnífico pectoral de concha. (Fig. 3). Así mismo, se observó que el personaje sostuvo entre brazos a un perro, el cual fue sacrificado para acompañar al difunto en su arduo camino hacia el Inframundo. (Fig. 4)
El contexto funerario descubierto y excavado en la Zona Arqueológica de Cañada de la Virgen, constituye por sus características uno de los entierros más ricos y complejos investigados hasta la fecha en esta región de la Cuenca Central del Río Laja que pertenece a la Mesoamérica Septentrional.
El entierro se detectó dentro del relleno constructivo correspondiente a la segunda etapa arquitectónica y ocupacional del principal edificio y fue un basamento piramidal de 16 m de altura datado, para la etapa mencionada, de 680 a 900 d.C., de acuerdo con los datos proporcionados tanto por la cerámica asociada, como por análisis de muestras de C14.
La primera pista de que la excavación del relleno constructivo se aproximaba a un potencial contexto funerario, consistió en la detección de un notable incremento en la densidad y frecuencia de material cerámico (Fig. 4) Al poco tiempo, la excavación estratigráfica reveló el contorno de un gran número de vasijas fragmentadas pero completas, varias de ellas superpuestas entre sí, lo cual es un confiable indicador de ofrendas de tipo mortuorio.
Avanzada la excavación más de 50 cm. de profundidad, durante los cuales la ofenda cerámica continuó ininterrumpida, comenzaron por fin a vislumbrarse los primeros restos óseos, mismos que eventualmente presentaron a un individuo enterrado en posición semiflexionada sobre su costado izquierdo.
En dicho momento, la observación y análisis in situ de la osamenta sugería un probable sexo femenino, así como una edad calculada entre los 45 y 50 años. Si bien el indicador óseo más confiable con respecto al sexo consiste en la pelvis, en este caso el estado fragmentado de la misma impidió su consideración como tal hasta el análisis de laboratorio. No obstante, la ausencia de una protuberancia supraorbital, típica entre la población masculina, se tomó como un potencial rasgo para la determinación del sexo.
Posteriormente, el análisis en laboratorio de los restos óseos reveló una serie de rasgos -no observables in situ-, que indican que el individuo inhumado correspondió en realidad al sexo masculino. Entre ellos, los más pertinentes son el grosor de las clavículas y las medidas de robusticidad de los huesos largos.
Debido a la fragmentación y pésimo estado de conservación de la pelvis, se decidió considerar únicamente los indicadores de sexo correspondientes al esqueleto craneal, y en menor medida, los índices de robusticidad de los huesos largos.




