Ayuda calentamiento a pueblo inca
August 20, 2009 by Revista Opción
Filed under Madre Tierra
Un período de calentamiento global contribuyó al crecimiento del Imperio Inca, permitiendo una mayor producción de alimentos cultivados en tierras de gran altitud, irrigadas con agua del deshielo de glaciares.
Alex Chepstow-Lusty, titular del estudio, explicó que la expansión del Imperio Inca -que estuvo ubicado en lo que ahora es Perú y se extendió a parte de los actuales territorios de Colombia, Ecuador, Chile y Bolivia- usualmente está atribuida a una organización sofisticada, con una gran fuerza laboral y un ejército grande.
Pero la nueva evidencia de una muestra del suelo tomada del lecho de un lago seco en Marcacocha, en las alturas de los Andes, señala que un período de 400 años de calentamiento natural que empezó en el año mil 100 d.C. también habría tenido un crucial rol en el crecimiento de los incas.
Los incas construyeron el mayor imperio en el nuevo mundo entre mil 400 y mil 532 d.C., cuando llegaron los conquistadores españoles.
“Si no hubiera habido calentamiento global desde el mil 100 d.C. no hubiera sido posible para las personas subir a estos valles y no hubiese habido un Imperio Inca”, dijo Chepstow-Lusty.
Durante 16 años, el paleontólogo británico, que trabaja para el Instituto Francés de Estudios Andinos en Lima, ha trabajado analizando muestras del suelo extraídas del lecho de un lago cerca de Cusco, la ciudad que una vez fue el centro del imperio Inca.
El suelo evidencia cambios en el clima durante un período de 4 mil años y tiene restos de polen, semillas y carbón que indica que tipo de cultivos los incas plantaron, agregó el especialista.
Los incas usaron la irrigación y los andenes que cortaban las pendientes de las montañas andinas para producir alimentos en gran escala. Su eficiente sistema de caminos tampoco tuvo precedentes en el Nuevo Mundo pre-colombino.
Chepstow-Lusty, cuya investigación fue recientemente publicada en la publicación Climate of the Past, dijo que las temperaturas calientes permitieron que los incas subir a las alturas de las montañas y usar sistemas de andenes para incrementar sus cosechas cultivadas.
La idea es que las altas temperaturas que derretían los glaciares de la región durante esa época permitían que los incas tuvieran abastecimiento de agua para todo un año.
Alimento abundante
“El imperio inca dependía de los alimentos y ante las grandes cantidades de alimentos que producían podían tener un Ejército muy grande y una gran fuerza laboral con la que construir caminos y otra infraestructura”, explicó.
Miles de andenes ancestrales y abandonadas cubren las montañas que rodean al Cusco, las que recuerdan de un imperio anclado en altitudes impensables.
Pero no todos los expertos concuerdan con Chepstow-Lusty.
Víctor Angles Vargas, ex profesor de la Universidad Nacional San Antonio Abad en Cusco y quien ha escrito varios libros sobre los incas, duda que el cambio climático haya tenido que ver con el desarrollo de su imperio.
“La temperatura varía ampliamente en Perú. Los incas no estaban sólo en un lugar en específico, su imperio abarcaba varios climas diferentes”, dijo Vargas.
Ciudad y Poder
INAH digitaliza y edita Códice Badiano
June 16, 2009 by Revista Opción
Filed under Cultura
Devuelto a México en 1990, procedente de El Vaticano, el Códice De la Cruz-Badiano, considerado el primer libro médico del Nuevo Mundo creado en el siglo XVI, fue digitalizado y editado en disco compacto por el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH-Conaculta).
Será presentado este miércoles y contará con los comentarios del historiador Miguel León Portilla, quien en su momento formó parte del comité encargado de gestionar la restitución del antiguo manuscrito.
Esta nueva versión digitalizada del códice, que se presentará en el Museo Nacional de Antropología, forma parte de la Serie Códices de México, proyecto a través del cual el INAH expone este tipo de manuscritos antiguos en dicho formato para divulgar el conocimiento derivado de su interpretación.
Actualmente el documento pictográfico se conserva bajo estrictas medidas en el Fondo Reservado de la Biblioteca Nacional de Antropología e Historia (BNAH).
“El Códice De la Cruz-Badiano es un tesoro para despertar más el interés por estudiar la medicina indígena”, afirmó el doctor Miguel León Portilla, quien considera al manuscrito como una de las cinco fuentes históricas para comprender los usos y costumbres de los antiguos pueblos indígenas en torno a sus tratamientos médicos.
Las otras fuentes primarias en torno al saber medicinal de las plantas mesoamericanas anteriores a la Conquista son: el Libro XI de Historia de las cosas de Nueva España de fray Bernardino de Sahagún; la Historia natural de Nueva España, del médico español Francisco Hernández, así como otros dos sin título.
Uno escrito en maya y otro elaborado por fray Francisco Jiménez; que hoy permiten conocer los remedios naturales con una mirada nativa, recordó el autor de la Visión de los Vencidos.
El historiador comentó que cuando formó parte del Comité para la Restitución de Bienes Culturales de la UNESCO, se solicitó a la Santa Sede la entrega del Códice Badiano que se resguardaba en la Biblioteca Apostólica Vaticana.
En 1990 el manuscrito fue entregado al pueblo mexicano por el Papa Juan Pablo II, mismo que hoy se encuentra en el Fondo Reservado de la BNAH.
Agregó que fue su maestro Angel María Garibay, quien tradujo el antiguo documento sobre herbolaria del latín al español, conocido por su nombre latino como Libellus de medicinalibus indorum herbus, elaborado originalmente por Juan Badiano, indígena que lo trasladó del náhuatl al latín.
Para León Portilla, investigador emérito por la UNAM, este antiguo manuscrito posee por sí mismo una historia sui generis, Fue hecho por encargo del el virrey Antonio de Mendoza, quien murió días después en Perú, y posteriormente su hijo Francisco de Mendoza acudió al Colegio de la Santa Cruz de Tlatelolco para solicitar su elaboración en menos de dos meses para ser enviado a España.
El Códice De la Cruz-Badiano estuvo a cargo del ticitl (médico) Martín de la Cruz, galeno del Colegio de la Santa Cruz, quien heredó el arte de curar con las plantas, y que por este trabajo, años después le fue extendida la primera cédula de autorización para ejercer como un médico reconocido en todo el territorio de la Nueva España.
El otro personaje que compartió la creación de éste manuscrito fue el tlacuilo (escribano) Juan Badiano, indio natural de Xochimilco a quien se le encomendó la tarea de escribir en latín los conocimientos medicinales dictados y obtenidos por Martín de la Cruz, en los que se detallan los usos de las plantas utilizadas en remedios para atender enfermedades.
El códice consta de 70 fojas, con alrededor de 140 páginas, contiene 185 ilustraciones en color, todas ellas de plantas que se distinguen por su representación natural y conceptos en glifos e ideogramas.
León Portilla refiere que el manuscrito fue un regalo del virrey Mendoza para el rey Felipe II, quien lo resguardó en la Biblioteca de El Escorial, en España. Años después fue vendido a Diego de Cortavila, farmacéutico del rey Felipe IV, quien le colocó un sello.
Posteriormente pasó a formar parte del acervo del Cardenal Barberini, quien a su vez lo envió a la Biblioteca Apostólica Vaticana.
Finalmente, el historiador consideró como una idea atinada que el Códice De la Cruz-Badiano haya sido incluido en la serie Códices de México del INAH, porque permitirá al público conocer los elementos de la medicina indígena antigua.
Con motivo de la primera edición del disco compacto de este manuscrito, el número 7 de la Serie Códices de México, este miércoles, se llevará a cabo la mesa redonda Diálogos sobre El Códice De la Cruz-Badiano, con la participación de Miguel León Portilla, Fernando Ortiz Monasterio, Laura Elena Sotelo Santos y Carlos Viesca Treviño.
El Universal




