Onetti, el primer novelista moderno de nuestra lengua: Vargas Llosa
June 19, 2009 by Revista Opción
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“Seguimos sintiendo que el mundo, tal como es, es insuficiente”, y al igual que los hombres primitivos que se reunían a escuchar historias, ellas muchas veces nos salvan, afirmó el escritor peruano Mario Vargas Llosa en un emotivo homenaje al uruguayo Juan Carlos Onetti.
En el marco de los actos en memoria del autor, del que se cumplen 100 años de su nacimiento el 1 de julio (y 15 de su muerte el pasado 30 de mayo), Vargas Llosa dialogó en la Casa de América de Madrid el miércoles por la noche con el periodista Juan Cruz sobre la obra de Onetti, del que destacó su autenticidad y su lenguaje completamente moderno para su tiempo.
“Uno de los grandes méritos es que Onetti es el primer novelista moderno de nuestra lengua. El suyo es un lenguaje moderno, hay que pensar que su primera novela (El pozo) aparece en 1939″, señaló Vargas Llosa.
Hasta entonces, la literatura se hacía con mucho color local, queriendo mostrar en Latinoamérica el sufrimiento de los marginados y la situación presente, pero con un lenguaje “amanerado, distanciado” que trata de distanciarse de esa realidad. “Cuando aparece El pozo, ese tipo de literatura queda vieja”, porque los personajes de Onetti hablan como lo hace la gente de la calle.
“Lo que a mí me apasiona en los escritores que yo admiro son las obsesiones. Y en Onetti son flagrantes”, añadió el autor de La fiesta del Chivo tras la proyección de un relato del uruguayo que teatralizó hace unos años junto con la actriz Aitana Sánchez Gijón, que habla precisamente del amor, los celos, la muerte.
“Eso le da a la obra de Onetti ese rasgo de autenticidad. No sentimos sólo que el escritor ha puesto su destreza técnica, sino que en cierta forma se ha involucrado. Él ponía sus conocimientos, su manejo de la literatura moderna, pero además ponía las entrañas”.
“Nunca me sentí defraudado con Onetti”, añadió Vargas Llosa al comentar que conoció su obra desde los años 60 y tuvo oportunidad de leerla además toda de corrido para un seminario sobre el escritor que acabó convertido en libro.
Ante un auditorio a rebosar en el que estaba Dorothea Muhr, viuda de Onetti, Vargas Llosa señaló que aunque en persona el uruguayo tenía un gran sentido del humor, lo más profundo de su creación literaria era “negra y pesimista”, de un nihilismo total, “con una visión de la condición humana y de la historia desesperada” en la que las personas, a medida que se hacen adultas, van haciendo concesiones y se corrompen, en un sentido más profundo o sencillamente por la mediocridad.
Por eso la pregunta que surge es “con esta visión del mundo cómo se pueden escribir cosas tan bellas. Ahí está el genio de un escritor”, destacó. Porque al leer a Onetti, “a pesar de la mugre, a pesar de la desesperanza, estamos disfrutando. Y su obra despierta en nosotros cosas buenas, generosidad, solidaridad”.
Vargas Llosa aprovechó la conferencia para contar la versión auténtica de una conversación que tuvo con Onetti, en la que éste, después de que el peruano le relatara lo ordenado y sistemático que él es al escribir, resumió: “Claro, lo que pasa es que tú tienes relaciones conyugales con la literatura, y yo carnales”.
Lo que no pudo confirmar es que sea cierta la anécdota supuestamente ocurrida después de que Vargas Llosa ganara en 1967 el Premio Rómulo Gallegos, del que Onetti fue finalista ese año con Juntacadáveres. Pero en cualquier caso, afirmó el peruano, es perfectamente verosímil con el carácter del uruguayo.
Conocida la noticia, Onetti habría dicho: “Cómo no iban a darle el premio a Vargas Llosa si el burdel de La casa verde tenía orquesta, y el mío no”.
La Jornada
Médico danés corrige la historia: Napoleón murió de intoxicación renal
June 1, 2009 by Revista Opción
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¿Napoleón murió envenenado o de un cáncer? El médico jubilado danés Arne Soerensen llegó a la conclusión de que falleció a raíz de una intoxicación renal, tras dedicar 50 años de su vida a estudiar la muerte del emperador francés.
Sentado en su biblioteca con más de 500 libros sobre Napoleón I, este especialista en nefrología, afirma haber “corregido” la historia sobre las causas del fallecimiento del antiguo emperador.
En un libro publicado en mayo, Napoleons Nyrer (los riñones de Napoleón), eliminó los mitos que rodean su muerte, al afirmar que murió, a los 51 años, de intoxicación renal, y no de envenenamiento por arsénico ni de un cáncer de estómago.
“No soy historiador, sino médico, apasionado de la historia, y he estudiado el estado de salud de Napoléon desde su infancia hasta su muerte”, dice.
Jefe de servicio durante 28 años en el hospital de Aalborg (norte de Dinamarca) y padre de cinco niños, el personaje también lo intriga, “aunque Dinamarca fue amputada de su territorio y conoció la bancarrota siendo su aliado”.
Desde el final de sus estudios hasta estos últimos años, ha “comprado y tomado prestado” cerca de 2 mil obras sobre Napoleón”, a cuyo estudio dedicó una media de entre “3 y 4 horas” diarias.
En su chalet de Aalborg, saca “como un tesoro inestimable” pequeños trozos de papel en los que ha tomado notas “cada vez que leía un libro”, dice, mientras mira con ternura a su esposa Birte, quien ha pasado en limpio “pacientemente durante años las notas al ordenador”.
Arne Soerensen analizó con lupa la evolución de la enfermedad de Napoleón y todas sus batallas y observó una relación de causa-efecto.
“En sus sesenta batallas, tenía los mismos síntomas urinarios que han tenido repercusiones sobre sus facultades de juicio, como fue el caso en la batalla de Borodino el 7 de septiembre de 1812 en la que estaba apático y ausente”, dijo.
Terriblemente afectado por la enfermedad, también estaba “aletargado e indeciso” en la fatídica batalla de Waterloo, el 18 de junio de 1815.
Napoleón sufrió “problemas de salud desde la edad de 3 años”. Era “agresivo y difícil con sus compañeros”, según su madre, revela Arne, convencido de que sufrió “trastornos urinarios toda su vida”.
Sufría de un encogimiento alrededor del canal urinario, de infecciones crónicas en una vejiga atrofiada, una enfermedad renal, una nefropatía obstructiva, que provocó una úlcera al estómago con complicaciones mortales.
“Era un hombre en mal estado, pero sabía ocultar su enfermedad, como los grandes hombres al estilo del antiguo presidente estadounidense Roosvelt, que murió de un tumor en el cerebro”, señala.
“El diagnóstico final se ha emitido al fin, pero el paciente está muerto y es una pena”, lamenta mientras toma otro libro de su biblioteca: La Guerra Civil en Estados Unidos, que está “leyendo día tras día”, una nueva pasión.
La Jornada




