Deforestación del Amazonas: auge y declive de la población
June 12, 2009 by Revista Opción
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La destrucción de la selva amazónica para sustituir los árboles por cultivos agrícolas y explotaciones ganaderas no es un buen negocio para los habitantes de la zona. En un primer momento, se suele producir un florecimiento de las condiciones de vida pero el declive llega a continuación y la situación resultante es igual de crítica para la población residente. Ésta es la conclusión de un estudio realizado sobre 286 municipios de la amazonía brasileña que se publica el viernes en la revista Science. La región en que se ha investigado el efecto de la deforestación es una de las más pobres y menos desarrollada de Brasil. El estudio muestra que en los municipios que han talado los árboles la vida no es mejor que donde se han conservado. La amazonía brasileña alberga el 40% de la selva tropical que queda en el planeta y juega un papel fundamental en la conservación de la biodiversidad, la regulación del clima y los ciclos biogeoquímicos.
La investigadora Ana Rodríguez (Universidad de Cambridge, Reino Unido) y sus colegas han utilizado el índice de desarrollo humano del Programa para el Desarrollo de Naciones Unidas (PNUD, en sus siglas en inglés) que tiene en cuenta la esperanza de vida media, la alfabetización y los niveles de vida de la población. Con ello han evaluado esos 286 municipios, que tienen diferentes grados de deforestación. El resultado es que después de un florecimiento inicial, las condiciones se deterioran de nuevo y al final el nivel de vida es similar al que había antes de iniciarse el proceso de destrucción de la selva.
El problema es que cuando se inicia la deforestación, la gente accede a nuevos recursos, incluida madera talada, minerales y tierras para pastos. De este modo los mayores ingresos y las nuevas carreteras mejoran la educación y asistencia sanitaria de la población y, en general, el nivel de vida. Pero es un florecimiento transitorio. En poco tiempo el nivel de desarrollo vuelve a la situación anterior, cuando la deforestación se extiende a otras zonas de selva virgen. Al final los indicadores de calidad de vida antes y después de perder la selva, son iguales.
Sin embargo, los investigadores apuntan en su artículo, que “las nuevas políticas e incentivos financieros están creando oportunidades para una trayectoria de desarrollo más sostenible no basada en las actividades que destruyen la naturaleza y los ecosistemas”. Estas nuevas estrategias, afirman Rodríguez y sus colegas, serían más beneficiosas para la población de los municipios que han investigado.
Desde 2000, se han talado 155.000 kilómetros cuadrados de selva en Brasil para explotar la madera o mediante quemas para dejar lugar a la agricultura, recuerdan los investigadores. Cada año se pierde una media de 1,8 millones de hectáreas (entre 1988 y 2008) de selva a medida que se extiende el uso de la tierra. Esto supone casi una tercera parte de la deforestación tropical del planeta y en consecuencia se emiten a la atmósfera unos 250 millones de toneladas de carbono suplementarias.
El País
Las moléculas del animal más antiguo de la Tierra
February 5, 2009 by Revista Opción
Filed under Madre Tierra
Los primeros animales que habitaron la Tierra no tenían huesos ni conchas. Por lo que se sabe hasta la fecha eran un grupo de especies de esponjas marinas, enmarcadas dentro de la conocida como fauna de Ediacara (en honor al primer yacimiento de estos organismos que se descubrió en las colinas del mismo nombre, en Australia) y pertenecientes a las extintas Demosponjas. Al contrario que las especies actuales, ni siquiera tenían los esqueletos minerales, o espículas, cuyas espectaculares formas geométricas han hecho célebres a estos animales.
Por todo ello, acceder al registro fósil de estas formas de vida se antoja más complicado que el simple encuentro de unos huesos fosilizados. Hasta ahora los científicos situaban la aparición del que es el animal más antiguo hace 635 millones de años, después de una gran glaciación que da nombre al periodo Criogénico, en el Precámbrico. Una original investigación, publicada hoy en ‘Nature’ y liderada por el científico de la Universidad de California Gordon D. Love, ha demostrado la presencia de estos animales antes del final del citado periodo glacial.
«Las aguas poco profundas de las plataformas continentales de algunos océanos durante el final del Criogénico contenían suficiente oxígeno disuelto como para albergar metazoos [animales pluricelulares] 100 millones de años antes de la gran explosión de vida del Cámbrico», asegura Love en el trabajo.
Debido a la ausencia de fósiles, los investigadores tuvieron que rastrear en una secuencia de estratos sedimentarios, situada en Omán y especialmente bien conservada, unas moléculas derivadas de las membranas celulares de los seres vivos que permiten distinguir y clasificar el organismo del que proceden. Lo que encontraron fueron diferentes concentraciones de un esteroide con 30 átomos de carbono.
«La única fuente conocida de estos biomarcadores son las Demosponjas», señala Jochen J. Brocks, de la Universidad Nacional de Australia. Los científicos señalan la posibilidad de que la alimentación de estas esponjas pudieran afectar al ciclo de carbono marino lo suficiente como para dejar huella en el registro biogeoquímico del mar. «La identificación de todas estas señales promete revelar la aparición de nuestros ancestros animales más antiguos», apunta Brocks.
El Mundo




