La hija que Cirila perdió por no saber inglés
August 15, 2009 by Revista Opción
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Hace ocho meses que la mexicana Cirila Baltazar Cruz, de 34 años, llegó a un hospital de Pascagoula, Misisipí (EE UU) para dar a luz a su tercer hijo: una niña a la que llamó Rubí. Y hace ocho meses que no la ve. Se la quitaron a los dos días de nacida. Cirila, de origen indígena, fue acusada de negligencia infantil y una orden judicial le retiró la custodia de su hija. Un tribunal estatal refrendó la decisión en mayo. Cirila nunca supo de qué se le acusaba. No habla inglés y no domina el castellano. La niña ha sido puesta en adopción.
Los problemas comenzaron en el hospital. Cirila habla chatino. Una lengua que comparten unas 50.000 personas y que es originaria de Cienequilla, en el Estado de Oaxaca, al sureste de México. Habla castellano, pero se nota incómoda. Con palabras inseguras, sólo encuentra una razón posible por la que se llevaron a Rubí: “Debieron de haber pensado que yo no era una buena madre”. La mujer trabajaba como camarera en un restaurante de comida china en Biloxi, a 40 kilómetros de Pascagoula. Cirila había acudido al hospital acompañada por un familiar, que se ofreció como intérprete pero que fue rechazado por la administración del centro. Le fue asignada entonces una intérprete de español e inglés, que fue la que denunció a Cirila.
En un documento presentado en el tribunal, la intérprete afirma que planeaba “dar a su hija en adopción y volver a México” y que al no hablar inglés “ponía en riesgo” al bebé. Cirila lo niega categóricamente. “Yo nunca pensé abandonar a mi hija. Yo soy la madre de la niña y ella tiene que regresar conmigo”, explica.
Cirila y sus familiares acudieron a la Asociación por los Derechos de los Inmigrantes en Misisipi (Mississippi Immigrant Rights Association, en inglés). Su coordinadora, Vicky Cintra, explica que el caso es un “brutal atropello” que refleja “la discriminación y desamparo” al que se enfrentan los inmigrantes ilegales en EE UU y, concretamente, los de origen indígena. “Este es un caso que refleja las barreras que el idioma impone a muchos inmigrantes”, añade. Sobre la dificultad de hallar a una persona que hablara chatino, Cintra relata que contactó en “unos minutos” con una intérprete de chatino y español, la cineasta y activista Yolanda Cruz. Los fiscales han acusado a Cirila de negligencia, de “poner a su hija en riesgo” por no hablar inglés en el momento en que pidió la ayuda de unos policías cuando se dirigía al hospital y de no tener los medios suficientes para hacerse cargo de su hija. Además de Rubí, Cirila tiene dos hijos más que viven con su abuela en Oaxaca. Es responsable del sustento de los tres.
El caso de Cirila es inusual, pero difícilmente es aislado. Varias organizaciones han denunciado que cada vez son más los inmigrantes ilegales que pierden la custodia de sus hijos en batallas legales similares. Un artículo del diario The New York Times publicado en abril pasado relata que la guatemalteca Encarnación Bail Romero perdió la custodia de su hijo Carlos, de 2 años. Fue adoptado por una pareja de Missouri (EE UU) y cuenta que existen, al menos, dos casos más en otros Estados del país. El abogado especializado en inmigración Christopher Huck explica que “en estos casos no hay realmente un ganador”.
La decisión de la juez Sharon Sigalas se basa, según el dictamen, en que la madre “no habla inglés”, “carece de medios económicos” y “es una inmigrante ilegal”. El tribunal ha concedido la custodia, en primera instancia, a una pareja estadounidense. El Gobierno mexicano anunció ayer en un comunicado que Cirila ha sido víctima de “discriminación y violación a los derechos humanos” y anunció que usará “todos los recursos legales a su alcance”. La secretaría de Relaciones Exteriores mexicanas añadió que investigan otros tres casos de niños mexicanos que han sido arrebatados de sus padres migrantes en circunstancias similares.
El País
Onetti, el primer novelista moderno de nuestra lengua: Vargas Llosa
June 19, 2009 by Revista Opción
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“Seguimos sintiendo que el mundo, tal como es, es insuficiente”, y al igual que los hombres primitivos que se reunían a escuchar historias, ellas muchas veces nos salvan, afirmó el escritor peruano Mario Vargas Llosa en un emotivo homenaje al uruguayo Juan Carlos Onetti.
En el marco de los actos en memoria del autor, del que se cumplen 100 años de su nacimiento el 1 de julio (y 15 de su muerte el pasado 30 de mayo), Vargas Llosa dialogó en la Casa de América de Madrid el miércoles por la noche con el periodista Juan Cruz sobre la obra de Onetti, del que destacó su autenticidad y su lenguaje completamente moderno para su tiempo.
“Uno de los grandes méritos es que Onetti es el primer novelista moderno de nuestra lengua. El suyo es un lenguaje moderno, hay que pensar que su primera novela (El pozo) aparece en 1939″, señaló Vargas Llosa.
Hasta entonces, la literatura se hacía con mucho color local, queriendo mostrar en Latinoamérica el sufrimiento de los marginados y la situación presente, pero con un lenguaje “amanerado, distanciado” que trata de distanciarse de esa realidad. “Cuando aparece El pozo, ese tipo de literatura queda vieja”, porque los personajes de Onetti hablan como lo hace la gente de la calle.
“Lo que a mí me apasiona en los escritores que yo admiro son las obsesiones. Y en Onetti son flagrantes”, añadió el autor de La fiesta del Chivo tras la proyección de un relato del uruguayo que teatralizó hace unos años junto con la actriz Aitana Sánchez Gijón, que habla precisamente del amor, los celos, la muerte.
“Eso le da a la obra de Onetti ese rasgo de autenticidad. No sentimos sólo que el escritor ha puesto su destreza técnica, sino que en cierta forma se ha involucrado. Él ponía sus conocimientos, su manejo de la literatura moderna, pero además ponía las entrañas”.
“Nunca me sentí defraudado con Onetti”, añadió Vargas Llosa al comentar que conoció su obra desde los años 60 y tuvo oportunidad de leerla además toda de corrido para un seminario sobre el escritor que acabó convertido en libro.
Ante un auditorio a rebosar en el que estaba Dorothea Muhr, viuda de Onetti, Vargas Llosa señaló que aunque en persona el uruguayo tenía un gran sentido del humor, lo más profundo de su creación literaria era “negra y pesimista”, de un nihilismo total, “con una visión de la condición humana y de la historia desesperada” en la que las personas, a medida que se hacen adultas, van haciendo concesiones y se corrompen, en un sentido más profundo o sencillamente por la mediocridad.
Por eso la pregunta que surge es “con esta visión del mundo cómo se pueden escribir cosas tan bellas. Ahí está el genio de un escritor”, destacó. Porque al leer a Onetti, “a pesar de la mugre, a pesar de la desesperanza, estamos disfrutando. Y su obra despierta en nosotros cosas buenas, generosidad, solidaridad”.
Vargas Llosa aprovechó la conferencia para contar la versión auténtica de una conversación que tuvo con Onetti, en la que éste, después de que el peruano le relatara lo ordenado y sistemático que él es al escribir, resumió: “Claro, lo que pasa es que tú tienes relaciones conyugales con la literatura, y yo carnales”.
Lo que no pudo confirmar es que sea cierta la anécdota supuestamente ocurrida después de que Vargas Llosa ganara en 1967 el Premio Rómulo Gallegos, del que Onetti fue finalista ese año con Juntacadáveres. Pero en cualquier caso, afirmó el peruano, es perfectamente verosímil con el carácter del uruguayo.
Conocida la noticia, Onetti habría dicho: “Cómo no iban a darle el premio a Vargas Llosa si el burdel de La casa verde tenía orquesta, y el mío no”.
La Jornada




