Anuncian en Moscú creación de Museo Judío para promover la tolerancia
September 24, 2009 by Revista Opción
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Tras la persecución en tiempos de Stalin y las migraciones masivas antes y después del desmembramiento de la Unión Soviética, los judíos rusos tendrán pronto un museo y un centro comunitario en Moscú.
Con la luz verde recibida del Kremlin, un grupo de proyectistas alemanes trabajan en uno de los edificios del legendario arquitecto ruso Konstantin Melnikov en el centro de la capital. Allí está previsto inaugurar en 2012 uno de los mayores museos judíos del mundo.
“Lo que es excepcional en este caso no es el tamaño sino el hecho de que incluirá un centro de encuentro en el que tenga espacio todo lo relacionado con la vida judía”, explica Thomas Willemeit, de la compañía alemana Graft Berlin.
El edificio, un antiguo estacionamiento de autobuses, fue convertido en la década de los veinte en una sala de exposiciones de arte moderno. La Art Garage acoge a partir del próximo viernes la tercera Bienal Internacional de Arte de Moscú. En el futuro, los 9 mil metros cuadrados de la calle Obrazova quedarán dedicados a la vida de los judíos en Rusia y a su historia.
Los arquitectos pretenden multiplicar la superficie de exposición creando salas subterráneas del futuro Museo de la Tolerancia, cuya construcción comenzará en 2010, según explicó el portavoz de la Comunidad Judía de Moscú, Boruch Gorin.
La construcción de líneas rectas y ladrillos rojos de Melnikov fue renovada hace poco gracias al apoyo del millonario ruso Roman Abramovich, según medios locales.
La pareja del potentado, Dasha Shukova, empleó el edificio temporalmente como sala de arte, pero hace tiempo que las autoridades moscovitas la habían traspasado a la comunidad judía. Muchos de los edificios adyacentes están siendo utilizados ya por instituciones judías y albergan una universidad, un colegio, un comedor de beneficiencia y un centro de salud. La comunidad quiere dar así un porvenir a las decenas de miles de judíos que viven en la ciudad más grande de Europa.
Se piensa incluso en el regreso de los judíos que emigraron a Israel y otros países tras el fin del comunismo. Vladimir Putin abogó por un centro judío cuando ocupaba la presidencia del país y donó el sueldo de un mes para sufragar los costes del museo en una acción mediática.
Su sucesor, Dmitri Medvedev, también apuesta por una Rusia moderna en la que haya espacio para diferentes credos y etnias.
Pero lo cierto es que las organizaciones de derechos humanos acusan a Rusia de no haber hecho lo suficiente por su memoria histórica, especialmente en lo que se refiere a la persecución de los judíos durante la dictadura stalinista.
Un reproche que quizás podrá enmendarse con el nuevo museo. El diseño de sus contenidos ha sido encomendado a la compañía estadunidense Ralph Appelbaum Associates. Bajo la dirección de Boris Moshovits, elegido como responsable del museo, se planificarán las exposiciones, en las que se hablará del Holocausto pero también de aspectos más positivos de la vida judía como sus fiestas y costumbres.
Una biblioteca, un centro de estudios judíos, una sala de conferencias y un restaurante complementarán la oferta del museo, cuya remodelación costará unos 50 millones de euros ( 74 millones de dólares) provenientes de donativos privados de magnates rusos de origen judío.
De acuerdo con informaciones de medios locales, también Abramovich forma parte del consejo directivo y apoya el proyecto, que tuvo que ser reducido por la crisis financiera mundial. En todo caso, recuerda Willemeit, lo importante es que la voluntad política de inaugurar un Museo de la Tolerancia sigue siendo firme y que cuenta para ello con el apoyo de la ciudad.
La Jornada
Saramago vuelve a escribir sobre religión en nuevo libro
August 28, 2009 by Revista Opción
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El escritor portugués José Saramago vuelve a ocuparse de la religión en “Caín” , su nueva novela, que se publicará en octubre, en la que redime a su protagonista del asesinato de Abel y señala a Dios “como el autor intelectual al despreciar el sacrificio que Caín le había ofrecido”.
Su editor en portugués, Zeferino Coelho, la llevará a la Feria del Libro de Fráncfort el próximo octubre y a finales de ese mes estará en las librerías de Portugal, América Latina y España.
Será en Lisboa, en su presentación mundial, donde el Premio Nobel hable por primera vez de su nuevo libro.
Pero desde su casa de la isla española de Lanzarote, donde pasa el verano y ya prepara las maletas para volver a Lisboa, explicó a través del correo electrónico que lo que nos ha querido decir con “Caín” es que “Dios no es de fiar. ¿Qué diablos de Dios es éste que, para enaltecer a Abel, desprecia a Caín?”.
Casi veinte años después de su discutido libro “El evangelio según Jesucristo”, que fue vetado por el Gobierno portugués para competir por el Premio Europeo de Literatura, el Nobel luso hace un irreverente, irónico y mordaz recorrido por diversos pasajes de la Biblia pero no teme que vuelvan a crucificarle.
“Algunos tal vez lo harán -afirma Saramago-, pero el espectáculo será menos interesante. El Dios de los cristianos no es ese Jehová. Es más, los católicos no leen el Antiguo Testamento. Si los judíos reaccionan no me sorprenderé. Ya estoy habituado”.
No obstante, añade: “Pero me resulta difícil comprender cómo el pueblo judío ha hecho del Antiguo Testamento su libro sagrado. Eso es un chorro de absurdos que un hombre solo sería incapaz de inventar. Fueron necesarias generaciones y generaciones para producir ese engendro” .
José Saramago no considera este libro su particular y definitivo ajuste de cuentas con Dios – “las cuentas con Dios no son definitivas”, dice-, pero sí con los hombres que lo inventaron.
“Dios, el demonio, el bien, el mal, todo eso está en nuestra cabeza, no en el cielo o en el infierno, que también inventamos. No nos damos cuenta de que, habiendo inventado a Dios, inmediatamente nos esclavizamos a él”, señaló el autor.
Niega que la cercanía de la muerte, hace ahora un año debido a su enfermedad, le hiciera pensar más en Dios.
“Tengo asumido que Dios no existe, por tanto no tuve que llamarlo en la gravísima situación en que me encontraba. Y si lo llamara, si de pronto él apareciera, ¿qué tendría que decirle o pedirle, que me prolongase la vida?”, se pregunta.
Y continúa Saramago: “Moriremos cuando tengamos que morir. A mí me salvaron los médicos, me salvó Pilar (su esposa y traductora), me salvó el excelente corazón que tengo, a pesar de la edad. Lo demás es literatura, y de la peor”.
Hace un año, el escritor sorprendió a sus lectores por la ironía y el humor que destilan las páginas de “El viaje del elefante” y ahora vuelve a las andadas con “Caín” . Para él es un misterio.
Y reflexiona: “No fue deliberado ni premeditado, la ironía y el humor aparecen en las primeras líneas de ambos libros. Podía haberlo contrariado e imprimirle un tono solemne a la narrativa, pero lo que está me vino ofrecido en una bandeja de plata, sería una estupidez rechazarlo”.
El escritor empezó a pensar en “Caín” hace muchos años, pero se puso a escribirlo en diciembre de 2008 y lo terminó en menos de cuatro meses. “Estaba en una especie de trance. Nunca me había sucedido, por lo menos con esta intensidad, con esta fuerza”, rememora.
Saramago, que una vez escribió que “somos cuentos de cuentos contando cuentos, nada” y así sigue viéndose, escribe más y más rápido que nunca (tres libros en un año) , quizás como la mejor manera de seguir vivo.
“Es verdad. Tal vez la analogía perfecta sea la de la vela que lanza una llama más alta en el momento en que va a apagarse. De todos modos, no se preocupen, no pienso apagarme tan pronto”, sentencia.
En su blog (blog.josesaramago.org) aparece hoy el anuncio de la nueva novela y una carta de la presidenta de la Fundación Saramago, Pilar del Río, en la que anuncia a los lectores del Nobel que este “Caín” no les dejará indiferentes.
El Universal
La singular alianza del Vaticano y Hizbulá
July 21, 2009 by Revista Opción
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El guión gira en torno a la siguiente premisa: se supone que el propio Papa y la cohorte de clérigos que le rodean en el Vaticano han organizado un viaje a Auschwitz para los miembros del movimiento libanés Hizbulá. ¿Objetivo? Que aprendan como asesinar a judíos a gran escala.
El lector dirá que la trama resulta demasiado rocambolesca incluso para las mentes más prolíficas de Hollywood. Pero no estamos hablando de ningún desvarío propio del celuloide sino de uno de los textos que han utilizado hasta este sábado los soldados de Israel para completar su formación ideológica.
El panfleto, titulado ‘Los dos lados de la frontera’, recoge la hipotética confesión de un ex miembro del grupo armado shía que dice haberse convertido al judaísmo y que asevera que el propio líder de ese partido, Hassan Nasrallah, participó en la ruta por el campo de concentración. “Sabíamos que el Vaticano se identifica con la lucha de Hizbulá”, precisa el personaje, al que se identifica como Avi.
Según refiere el diario Haaretz, el medio de comunicación israelí que ha denunciado el singular material al que recurre el ejército de Tel Aviv para aleccionar a sus militares, el libreto añade que Nasrallah y el tal Avi participaron en un detallado recorrido por Auschwitz tras el cual no pudieron sino explicar a los guías que les había proporcionado el Vaticano: “Cualquier árabe, dentro de si mismo, es una especie de fan de los Nazis”. ‘Los dos lados de la frontera’ también acusa a políticos y periodistas europeos de aceptar sobornos para promover opiniones contrarias a Israel.
“El libro de reparte de forma regular. Se presenta como una historia real. Toda una compañía de soldados adultos me dijeron: lee esto y sabrás quienes son los árabes”, explicó un uniformado al matutino israelí.
Por supuesto nada más filtrarse a los medios el asunto, el ejército ha anunciado que retiraba de la circulación el polémico texto, apadrinado por una asociación fundamentalista de judíos norteamericanos y el no menos extremista Shmuel Eliyahu, rabino de la ciudad de Safed, en el norte de Israel.
Se supone que el historial de este último personaje en cuestión debería haber alertado ya a los responsables a cargo del material lectivo que se distribuye entre los soldados toda vez que el citado Eliyahu es uno de los clérigos más radicales del país. La prensa local le atribuyó en el 2007 unos significativos comentarios en los que aportaba su propia solución para acabar con el lanzamiento de cohetes Kassam desde Gaza: “Si no paran tenemos que matar a 100, si continúan mataremos a 1.000, a 10.000 o a un millón”. Para “vengarse” por el atentado contra un centro de educación de Jerusalén –que dejó 8 víctimas mortales- promovió también una respuesta en el mismo estilo. “Un estado que realmente respete a sus ciudadanos habría colgado a los 10 hijos del terrorista en un árbol de 25 metros para que otros lo vieran y sintieran miedo”, escribió el clérigo.
El asunto dista mucho de ser un incidente aislado y se suma a las muchas denuncias que ha recogido la prensa israelí sobre la creciente influencia de los sectores más fundamentalistas en el seno de las fuerzas armadas de ese país.
Cabe recordar que en enero los rabinos afectos a la institución distribuyeron otro panfleto de tono similar en el que instaban a los soldados a considerar la guerra de Gaza como una suerte de lucha religiosa destinada a “desembarazarse de los gentiles” (una expresión fundamentalista judía que alude a los miembros de las demás religiones) mientras que se extendió entre los uniformados la moda de portar camisetas con dibujos como el que mostraba a una embarazada palestina bajo la mirilla de un fusil y un lema que rezaba: un disparo dos muertos.
Por otra parte, las teorías sobre conspiraciones imposibles tampoco son algo inusual en esta región donde los ‘Protocolos de los Sabios de Sión’, un libelo anti-judío que data de la Rusia zarista y que achaca todos los males del universo a esa comunidad, sigue gozando de una cierta aceptación entre el público árabe que se ha reflejado en la multiplicación de las traducciones de dicha obra y hasta en la serie que les dedicó la televisión egipcia en el 2002.
El Mundo
Obama exige la congelación de todos los asentamientos israelitas
May 29, 2009 by Revista Opción
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Barack Obama aprovechó ayer su reunión con el presidente de la Autoridad Palestina, Mahmud Abbas, para recordar a Israel su obligación de paralizar todos los asentamientos, todos, sin excepción, al mismo tiempo que trata de poner en órbita una nueva iniciativa de paz con el respaldo de los países árabes más pro occidentales.
Ambas cosas están intrínsecamente relacionadas. Es imposible ninguna negociación creíble de paz sin poner alto a los asentamientos judíos en los territorios palestinos. Pero tampoco es posible acabar con esas ocupaciones sin ofrecer al Gobierno de Israel sólidas garantías de seguridad.Tal como Obama dijo ayer, “cada lado tiene obligaciones que cumplir: Israel tiene que detener los asentamientos y hacer viable un Estado palestino; del lado palestino tienen que proseguir tomando medidas a favor de la seguridad en sus territorios para dar garantías a Israel”.
Conciliar esos intereses es la misión con la que Obama inauguró anoche una semana de intensa involucración en los asuntos de Oriente Próximo. A la entrevista con Abbas, anoche, sucederá el miércoles un viaje a la región que incluye paradas en Ryad, donde se entrevistará con el rey Abdullah de Arabia Saudí, y a El Cairo, para hablar con el presidente egipcio, Hosni Mubarak. Ambos personajes son clave ante cualquier intento de reactivar una negociación de paz.
Esta misión empezó la semana pasada, con la difícil reunión en la Casa Blanca con el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, que no accedió a ninguna de las dos demandas de Obama: respaldo a la solución de dos Estados (Israel y Palestina) y la congelación de los asentamientos.
A su regreso a Jerusalén, como gesto de buena voluntad, Netanyahu ordenó la demolición de dos insignificantes complejos de viviendas y anunció que no se crearían nuevos asentamientos. Pero advirtió que sí se permitiría la extensión de los actuales. A esa extensión, que se justifica por el aumento del número de miembros de cada familia de colonos, los israelíes le llaman crecimiento natural y no están dispuestos a pararlo. Para los árabes ese crecimiento es un pretexto para ampliar el porcentaje de territorio habitado por judíos y, por tanto, más difícil de recuperar por los palestinos en una eventual negociación. La Administración norteamericana comparte ese punto de vista.
Lo ha dicho también la secretaria de Estado, Hillary Clinton, quien conversó con Abbas antes que Obama. El presidente “quiere ver un alto de los asentamientos, no de algunos asentamientos, de todos, sin excepciones de puestos de avanzada o crecimiento natural. Ésa es nuestra posición, eso es lo que les hemos comunicado muy claramente y eso es lo que intentamos conseguir”.
Es una declaración contundente, la más clara que ha hecho sobre el tema un alto dirigente estadounidense en mucho tiempo. Pero, por ahora, insuficiente. Ayer, el portavoz del Gobierno israelí dijo sobre el crecimiento “Es necesario que se permita la vida normal en esas comunidades”.
No es una gran sorpresa. Casi todo el mundo daba por descontado en Washington que Netanyahu no sería una persona sencilla de convencer ni de sumar a un plan de paz. Sin embargo, Obama confía en facilitar esa labor con su viaje. El presidente norteamericano espera ver movimientos del lado árabe que permitan vencer la resistencia de Netanyahu.
Uno de esos movimientos puede ser la resurrección de la fórmula saudí de paz por territorios que ya presentó la influyente monarquía petrolera en 2002. La esencia de ese proyecto es la de que todos los países árabes se comprometen a reconocer a Israel y respetar sus fronteras a cambio de la creación de un Estado palestino en los límites de 1967.
Muchas cosas han ocurrido desde aquella primera propuesta saudí y las posibilidades de un acuerdo sobre esa base no han aumentado en lo más mínimo. Pero Obama cree contar con un argumento convincente para todos: Irán. Si hay algo en lo que israelíes y árabes coinciden es en su temor al predominio iraní en la región. La Administración estadounidense entiende que la mejor forma de reconvertir a Irán en un país amistoso es la creación de un Estado palestino, lo que acabaría con el argumento principal de la propaganda revolucionaria.
Pero para llegar hasta ahí todos tienen que hacer grandes sacrificios. Los regímenes árabes tienen que normalizar relaciones con su enemigo de décadas y Netanyahu tiene que contradecir toda su retórica de campaña.
Obama echará una mano con una visita a Ryad, que reconforta a la monarquía saudí tras unos años difíciles en Washington, y con un discurso en El Cairo, probablemente en su célebre universidad, que procurará que la población musulmana del mundo vea éstos como tiempos nuevos en los que Estados Unidos no es su enemigo ni Israel es Satán.
El País
El sensor que envia un SMS cuando la planta tiene sed
March 14, 2009 by Revista Opción
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Investigadores del Instituto Vulcani de Israel han desarrollado un sensor que mide los niveles de humedad en plantas y árboles y, en caso de necesidad, envía un SMS al agricultor advirtiéndole que sus cultivos necesitan riego.
La nueva aplicación tecnológica, que ayudará a los agricultores a tener una vida más relajada y menos pendiente de su huerta, da la alerta cuando las plantas requieren agua, enviando un mensaje de texto al teléfono móvil o un mensaje electrónico por internet.
Con forma de martillo, el dispositivo es implantado en el árbol o en la raíz de la planta, donde controla las corrientes eléctricas mediante pulsos, y cuando estas son bajas el sensor emite una señal de alerta, informa el diario Haaretz.
Según los dos encargados del proyecto, Eran Raveh y Arie Nadler, expertos en biología de las plantas y suelos, el dispositivo “será extremadamente ventajoso para agricultores de frutas y verduras” y les ahorrará “hasta un 50% en los gastos de riego”.
Los dos científicos han tardado siete años en ver materializada su idea, para permitir que “con este sensor, el nivel de irrigación, y sobre todo sus plazos, sean controlados por los agricultores”, en palabras de Nadler.
El Instituto Vulcani, situado unos kilómetros al sureste de Tel Aviv, es una institución dependiente del Ministerio de Agricultura de Israel y dedicado a la investigación agropecuaria.
El germen de esta institución se remonta a 1921, poco después de que los primeros inmigrantes sionistas comenzaran a dedicarse a la agricultura, con la que los judíos casi no tuvieron relación durante veinte siglos.
El nuevo sensor fue presentado al público en una exhibición del Ministerio de Agricultura en el valle de la Arava, con motivo de una conferencia para celebrar el cincuenta aniversario de la repoblación de esa zona desértica del sur de Israel.
Hasta ahora, los agricultores no disponían de un dispositivo barato y eficiente para medir los niveles de humedad.
Para tener una idea clara de cuándo es necesario regar, los agricultores deben realizar en la actualidad una verificación en, por lo menos, 26 puntos alrededor de la planta.
Ese trabajo lo pueden hacer ahora los sensores, con un notable ahorro para los agricultores, que no se verán obligados a desplazarse hasta los cultivos y verificar el índice de sequedad del suelo.
El Mundo




