UNA COLORADA
August 5, 2009 by Revista Opción
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Herencia Genética
Por: Lilia Cisneros Luján
Las luchas fratricidas provocadas con motivo de la asignación de terrenos para construir una refinería en el país, me recuerdan la tradición prehispánica referida a una mujer que habitaba por el rumbo de Tula, cuyos 400 hijos surianos y su hermana, finalmente la asesinaron. A la madre Coatlicue, de poco le sirvió, haber hecho penitencia barriendo, luego de parir a sus hijos traidores; su hija Coyolxauhqui, decidió matarla por considerar una deshonra su embarazo. El último producto de su vientre, nacido sin padre y engendrado por una bola de plumas, desde su origen mismo provocaba furia y apetito de venganza, primero en su media hermana a la cual le tocó conducir la destrucción de todo un ciclo de productividad y bonanza en el que Tláloc, dios de la lluvia, la fertilidad y el rayo, proveía los alimentos necesarios, en armonía con Centéotl, dios principal del maíz, hijo de Tlazotéotl y su esposa Chicomecóatl diosa del maíz nuevo, venerada por los huaxtecos.
Al igual que entonces, los modernos Huitzilopochtli dan salida a su ira, quitando a los agricultores los pocos recursos con los que cuentan por el PROCAMPO, apropiándose de sus atavíos, sus adornos, su anecúyotl, e incorporándolos a su destino destructor como si fueran sus insignias. Cual si se tratara de la repetición de un ciclo fatal de apropiación bélica, el culto a la destrucción irracional nos agobia, difundido hoy por los dioses mediáticos. Acompañan a este aquelarre de sacrificios humanos Tepoztécatl, dios del pulque; con Mayáhuel, diosa del maguey y por extensión del alcohol y; Ometochtli, dios conejo ebrio, jefe de los Centzon. Los cinco Ahuiateteo -dioses de los excesos- entre ellos Totochtin, Mauilcozcacuahutli, Macuilmalinalli –de la hierba- Macuilxóchitl -de los juegos- van de la mano con Cochímetl (Coccochímetl), dios del comercio, el regateo, el trueque y los comerciantes, al amparo hoy del TLC, desbarrancando lo mismo a madres repudiadas, que a hijos de la tierra, expulsados por la ira de huichilobos, quien desde el mismo vientre inició la destrucción que finalmente llevó al pueblo al mictlán, mundo de la muerte y los sacrificios, donde Mictlantecuhtli es señor.
El culto hoy no se realiza en la montaña de la serpiente, Coatépec, sino en la del chapulín. Tonatiuh -El Luminoso o El que Calienta, Dios Sol y guerrero de los cielos que disparaba sus dardos luminosos a los cuatro puntos cardinales al amanecer- está a punto de ser nuevamente vencido por el calentamiento global y el descaro de gobernantes, hechiceros y guerreros, de la noche, la muerte, la discordia, el conflicto, la tentación y el cambio. Tonatiuh dios que daba y quitaba las riquezas y era el protector de los esclavos parece que no volverá a levantarse. Tezcatlipoca, El Espejo Humeante, igual se sigue disfrazando de negro que de blanco para apoyar al hijo de Coatlicue, desmembrando naciones, pueblos, madres, hijos y hermanos como los hizo Huitzilopochtli.
Los incautos son ahogados por el Ahuízotl, criatura con forma de perro, manos de mono y una larga cola que terminaba en una mano con la cual los aprehendía. Hoy estos símbolos de mala suerte y desgracia, llevan toletes y sus víctimas solo pueden ser tocadas por los sacerdotes agrupados en la procuradurías de justicia y; al igual que en el pasado, en ocasiones lloran como un niño atrayendo a quien se atreva a ver de dónde procede el sonido engañoso. Ni los 400 guerreros surianos ataviados con brazaletes, vestidos de papel –anecúyotl- y campanillas en las pantorrillas –soyohuall- pudieron salvarse de los lloriqueos engañosos. Ni aun con el recuerdo de los millones de sacrificados por la llegada de los falsos dioses barbados, llamados gachupines por ser hombres que saltan, se levantó voz alguna que defendiera su causa. Al igual que en la masacre concebida por Huitzilopochtli, hoy los guerreros tuercen y enredan, no solo sus cabellos, sino los hechos, valiéndose de sus colgajos de papel pintado en los cuales reproducen las palabras falsas de Cuahuitlíac que bien podría hoy ser declarado Dios de los asesores omnipotentes y resueltos a ser oídos aun cuando su palabra sea de traición. Los guerreros surianos y la propia Coyolxauhqui, murieron en el instante mismo del nacimiento de su medio hermano. La lidereza de la traición fue decapitada, luego de ser herida con las teas llamadas Xiuhcóatl y después desmembrada. El ejecutor, su medio hermano, se pintó el rostro con el color llamado “pintura de niño”, tomó el lanza dardos azul turquesa, vistió su escudo de plumas de águila, se puso orejeras y plumas finas en la cabeza, cubrió con una sandalia, también de plumas, su pie izquierdo que era enjuto y pintó de azul sus dos piernas y sus dos brazos. ¿Existirá una relación fatal entre la Coyolxauhqui hecha pedazos y las instituciones desmembradas en los últimos años? ¿Hacia donde huirán los sobrevivientes de la venganza de Huitzilopochtli? ¿Escuchará a los familiares de los casi 12 mil muertos o seguirá acosando a sus enemigos como a conejos? Conveniente caros lectores, será estudiar con detalle esta historia, de un personaje capaz de crear culto entre los mexicas. Huitzilopochtli, mataba sin piedad a quien no estaba de acuerdo con su visión del mundo; pero también premiaba con grandes riquezas a aquellos que le servían y sacrificaban niños, mujeres y guerreros en su nombre. No se calificaba, la creatividad, ni la capacidad para realizar trabajo alguno, Los únicos méritos eran el potencial destructor y la lealtad al que manda. Seguramente desde entonces, se despojaba a muchos de sus tierras de labranza como lo hace hoy el jefe de gobierno de la ciudad, para la construcción de la línea 12 del metro. Indudablemente en aquella sociedad se daban contubernios, trácalas y mentiras, como los muchos que hoy se denuncian respecto de este asunto y otros tantos referidos al campo y la producción de alimentos. Solo esperamos que el ciclo se cierre con la derrota de huichilobos y el renacimiento de los dioses del sol, la luz, el agua, la fertilidad, la producción y la vida.




