Descubren en Atapuerca la prueba más antigua de canibalismo entre humanos
July 17, 2009 by Revista Opción
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Los antepasados humanos de hace 1,3 millones de años que habitaron Europa se comían a sus congéneres. Un fragmento de húmero, encontrado en la Sima del Elefante, en la sierra de Atapuerca, muestra las marcas típicas realizadas cuando los primitivos homínidos trataban de sacar la médula del interior de los huesos, lo que le convierte en la prueba más antigua de canibalismo humano hallada hasta ahora.
El hallazgo, realizado por la joven paleontóloga Gala Gómez Merino, tuvo lugar hace unos días en el nivel 9 del yacimiento, en el que en 2007 ya se localizó una mandíbula, que fue portada de la revista ‘Nature’.
Al año siguiente la falange de una mano de un individuo de hace 1,3 millones de años, el más primitivo de Europa encontrado hasta ahora.
Tras un primer análisis, los paleontólogos observaron que el húmero presentaba marcas de descarnación realizadas con utensilios de piedra, iguales a las de los fósiles de otros animales encontrados en el mismo nivel.
“Está claro que alguien trataba de sacar la médula del hueso, muy apreciada en la alimentación, y que se trataba de una humanidad muy primitiva, 400.000 años más antigua que el ‘Homo antecessor’ de la cercana Gran Dolina”, explica José María Bermúdez de Castro, codirector en las excavaciones de Atapuerca.
Casos de canibalismo ya están bien documentados en el nivel 6 del yacimiento al que se refiere el paleontólogo. De hecho, los investigadores se plantean ahora una posible relación entre los homínidos de ambos lugares, aunque estuvieran tan separados en el tiempo.
“Existe la posibilidad de que tuvieran un origen común en Próximo Oriente y que luego llegaran hasta esta sierra y sean unos descendientes de otros. Otra posibilidad, que me parece más factible, es que tuvieran un origen común, pero llegaran hasta aquí en diferentes oleadas”, argumenta Bermúdez de Castro.
En el caso de la Gran Dolina se sabe que esta práctica de comerse a los congéneres, que también han practicado otras especies humanas, se debía a una lucha por un territorio que, hace 900.000 años, era más cálido y contaba con mucha agua, por lo que había una gran competencia por conservarlo. Una vez que mataban a los competidores, se los comían.
Los investigadores están convencidos de que, debido a la inclinación del nivel 9 de la Sima del Elefante, muchos más restos de este individuo se acumulan bajo el camino de la Trinchera del Ferrocarril, que divide el lugar.
De hecho, la Junta de Castilla y León tiene un proyecto realizar un puente que permita excavar en ese lugar sin impedir el acceso a otros yacimientos de la Sierra, lo que, sin duda, dará lugar a nuevos hallazgos sorprendentes en Atapuerca de aquellos primeros europeos.
El Mundo
El ‘Hombre de Pekín’ envejece 200.000 años
March 13, 2009 by Revista Opción
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El ‘Hombre de Pekín’ (‘Homo erectus pekinensis’) es 200.000 años más viejo de lo que se pensaba hasta ahora. Unas nuevas técnicas de datación de los sedimentos que rodeaban los fósiles y utensilios de piedra han determinado que los restos de esta especie, encontrada en los años 30 al norte de China, son de hace unos 750.000 años.
El nuevo estudio, publicado en ‘Nature’, ha sido realizado por un equipo de investigadores, del que forman parten el chino Guanjun Shen y por Darryl E. Granger, de la Universidad de Purdue (Indiana).
Han utilizado para ello una técnica que se basa en núclidos cosmogénicos. José María Parés, del Centro Nacional de Evolución Humana (CENIEH) recuerda que es el mismo método utilizado en la Sima del Elefante en Atapuerca para datar fósiles de hace 1,3 millones de años.
Consiste en medir la degradación de los isótopos de aluminio y berilio en granos de cuarzo. Los isótopos se desarrollan por la acción de rayos cosmogénicos y, al ser enterrados, se van desintegrando de forma natural a lo largo de miles de años. “Este método permite hacer dataciones de hasta cinco millones de años”, explica el experto.
En este caso, los científicos utilizaron seis muestras de sedimentos que rodeaban a los niveles donde fueron hallados los fósiles y cuatro utensilios líticos. Los resultados apuntaban hacia los 770.000 años, lo que era coherente con dataciones obtenidas con otras técnicas menos novedosas.
José María Bermúdez de Castro, director del CENIEH, recuerda que muchos expertos pensaban que las dataciones previas no eran correctas:”En 2005, ya dijimos que había similitudes entre la mandíbula de Homo antecessor de la Gran Dolina [Atapuerca] y las de Zhoukoudian. Ahora parece que ambos yacimientos son casi contemporáneos, lo que parece sugerir que podrían tener un parentesco cercano pese a la distancia entre Burgos y Pekín”, señala.
La historia del ‘Hombre de Pekín’ está marcada por la leyenda. Los primeros dientes los encontró un científico sueco en un mercado de Zhoukoudian, cuando trataban de vendérselos como dientes de dragón. Corría el año 1921 y hasta 1937 se excavó en el yacimiento a pico y pala, provocando un destrozo que hacía difícil sacar más información.
Cuando se publicó en ‘Nature’, la especie se presentó como el ‘eslabón perdido’ que justificaba la teoría de la evolución de Darwin. En total, se desenterraron fósiles de más de 40 individuos.
Con la ocupación de Pekín, durante la II Guerra Mundial, los hallazgos se enviaron a Estados Unidos para protegerlos de la invasión japonesa, pero nunca llegaron a su destino. Unos creen que se hundieron en el Pacífico, otros que se los quedó un grupo de marines. Todo ello ha dificultado el estudio del ‘Homo erectus pekinensis’, si bien se sabe que su capacidad craneal era un 80% la del ‘Homo sapiens’.
El nuevo estudio demuestra ahora que los homínidos habitaron en Asia durante los períodos glaciares e interglaciares, soportando las extremas temperaturas de la época. No obstante, éstos no son los restos más antiguos encontrados en Asia.
En todo caso, para el paleontólogo Manuel Domínguez Rodrigo, de la Universidad Complutense de Madrid, la nueva datación «no supone ningún descubrimiento revolucionario» en relación con la evolución humana.
El Mundo
La primera especie humana de Europa
February 20, 2009 by Revista Opción
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Por Eudald Carbonell
Sin lugar a dudas, uno de los debates más interesantes en los que he participado en mi vida profesional ha sido sobre el origen del poblamiento homínido europeo. Nuestros descubrimientos en Atapuerca han contribuido de manera especial a esta cuestión aportando empíricamente datos relevantes.
Ahora sabemos que hace 1,8 millones de años, en el inicio del Pleistoceno inferior, había población de homínidos en las puertas de Europa. Este dato confirmado por el excelente registro arqueopaleontológico de Dmanisi en el Cáucaso de Georgia hizo cambió a finales del siglo XX el paradigma sobre la antigüedad de la ocupación del continente Euroasiático.
Los yacimientos fosilíferos de los rellenos kársticos de Atapuerca han aportado al conocimiento de los orígenes poblacionales del subcontinente europeo datos de gran envergadura. Entre estos hallamos el acontecido en los años 90 del siglo pasado con el descubrimiento de una nueva especie, el Homo antecesor – de más de 800.000 años de antigüedad- en el nivel 6 del yacimiento de la Gran Dolina, en la Trinchera del Ferrocarril. Más tarde, en la primera década del siglo XXI, hemos obtenido la mandíbula humana de la Sima del Elefante, también en Atapuerca, de 1,3 millones de años de antigüedad, perteneciente seguramente a la misma especie descubierta en Gran Dolina, pero con una antigüedad aún mayor, con casi medio millón de años más.
Es posible que ‘Homo antecesor’ sea una especie alopátrica (especiación por aislamiento geográfico) descendiente de ‘Homo georgicus’. Así lo indican los caracteres morfológicos de la mandíbula del nivel 9 de la Sima del Elefante al ser comparada con las mandíbulas de este yacimiento del Cáucaso. En opinión de los miembros del equipo de Atapuerca, es posible que la especie del Pleistoceno inferior descubierta en la Trinchera del Ferrocarril sea la primera especie genuinamente europea.
Si esta hipótesis se confirma, aunque se encuentre restos esqueléticos de homínidos más antiguos en Europa -por otra parte hipótesis muy probable-, estos pertenecerán a la misma especie o serán restos de especies aloctonas, es decir, que tienen su origen en un lugar diferente a aquel en el que se ha hallado. Pero para contrastar esta hipótesis es encesario excavar de forma sistemática yacimientos del Pleistoceno inferior; sin pruebas empíricas las hipótesis sólo son hipótesis.
Hasta que existan pruebas que digan lo contrario, ‘Homo antecesor’ es la primera especie nacida en Europa. Así podríamos decir que este apéndice del continente asiático representado por nuestro subcontinente ha sido el espacio de dos especies, la mencionada y el ‘Homo Neanderthalensis’, ninguna de las dos existe en la actualidad, ambas son fósiles, pues los neandertales fueron sustituidos por nosotros el Homo sapiens, la única especie viva del género ‘Homo’.
Esperemos que el conocimiento de nuestros orígenes nos sirva para consolidar nuestra permanencia en el planeta; casi todo depende de lo que hagamos como especie inteligente. La ciencia y el conocimiento sobre la evolución debe servirnos para hacernos pensar en como debemos progresar. Para mi la evolución responsable y el progreso consciente son dos conceptos a tener en cuenta para evitar el colapso y la extinción de especie, así como la consecuente desaparición de nuestro género en el planeta, después de 2,5 millones de años de evolución.
La bacteria que se convirtió en dinosaurio
December 23, 2008 by Revista Opción
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El aumento de los niveles de oxígeno en el planeta en dos fases muy concretas del pasado está detrás del proceso evolutivo que convirtió a unas bacterias invisibles al ojo humano en unos seres vivos tan gigantescos como un dinosaurio, una secuoya o una ballena.
La investigación desarrollada por un equipo de 13 científicos, dirigidos por Jonathan Payne, de la Universidad de Stanford (EE. UU.), apunta a que este aumento biológico se produjo en dos periodos diferentes de los 3.500 millones de años de vida en el planeta y que fueron fases relativamente cortas: menos del 20% de esa historia.
Para realizar este trabajo, que da luz a uno de los misterios más asombrosos de la vida, los investigadores se centraron en analizar y comparar el tamaño máximo que había conseguido cada uno de los seres vivos, desde las bacterias procariotas (organismos unicelulares muy primitivos que han desarrollado membrana nuclear) a las eucariotas (más complejas, y por tanto posteriores), los metazoan y las plantas vasculares.
Todos estos organismos vivieron a partir de un momento determinado del periodo Arcaico (hace entre 4.000 y 2.500 millones de años) y aún existen en nuestros días. Estudiando los registros fósiles que han dejado, observaron que habían aumentado su tamaño hasta 16 veces en los últimos 3.500 millones de años, como publican esta semana en la revista ‘Proceedings of National Academy of Science (PNAS)’.
Pero lo más sorprendente es que ese aumento fue episódico: un salto de seis veces sus dimensiones ocurrió a mitad del Paleoproterozoico, hace 1.900 millones de años, y otra en el Ordovícico (hace entre 600 y 450 millones de años). Es decir, que más del 75% del aumento del tamaño de los seres vivos ocurrió en dos momentos no muy largos.
Más oxígeno
Observaron, además, que ambos momentos ocurrieron tras dos incrementos en la oxigenación del planeta. “La conexión entre estos dos episodios de aumento de tamaño y la mayor oxigenación ha hicimos de forma inmediata porque, desde hace décadas, estudiar las curvas de oxígeno atmosférico es un objetivo de gran interés para los científicos”, asegura Payne.
El biólogo norteamericano destaca que lo realmente interesante fue descubrir que “cada uno de esos pasos es correlativo con un momento en el que la vida se hizo más compleja: primero surgió la célula eucariota y luego los organismos multicelulares”. Volviendo la vista al pasado, hay que recordar que cuando surgieron las primeras bacterias no había oxígeno en la Tierra. Y que durante los primeros 1.500 millones de años de vida en la Tierra esos microorganismos eran sólo unicelulares, lo que les otorgaba un crecimiento de tamaño muy limitado. El aumento de sus dimensiones sólo fue posible con la llegada de organismos más complejos, hace 2.000 millones de años.
Pero antes, algo cambió: en el periodo Arcaico (hace más de 3.000 millones de años), hubo unas bacterias primitivas que ‘inventaron’ un metabolismo nuevo: les permitía usar la energía del sol y el dióxido de carbono para nutrirse, es decir, crearon la fotosíntesis que genera el oxígeno.
Pronto, estas bacterias llenaron con el nuevo elemento los océanos y también la atmósfera, como aún ocurre hoy. De hecho, los mares son grandes captadores de dióxido de carbono atmosférico. Fue ese preciado y peligroso oxígeno libre el que hizo posible que la vida evolucionara: los organismos desarrollaron un núcleo que contenía su material genético.
Más adelante, las células eucariotas llegaron a la tierra y desarrollaron estructuras celulares más grandes. En 200 millones de años, los organismos invisibles pasaron a ser del tamaño de una moneda de 10 céntimos.
Llegan los ‘multicelulares’
Durante otros mil millones de años, la vida languideció como simples células bacterianas, hasta la transición del Precámbrico al Cámbrico, hace unos 540 millones de años cuando, de nuevo, el nivel de oxígeno atmosférico aumentó notablemente, hasta alcanzar el 10% de su concentración actual.
Muchos científicos mantienen que ese segundo aumento era la llave fundamental para que la vida fuera multicelular. Una vez que ese nuevo nivel se alcanzó, los límites del tamaño a los que se constreñían los organismos unicelulares desaparecieron.
En poco tiempo evolutivo, es decir, en unos cientos de millones de años, se pasó de los organismos del tamaño de una moneda a otros gigantescos, como los cefalópodos del Ordovícico, con más de tres metros de largo. Más adelante vendrían los dinosaurios, aunque algunos animales anteriores ya habían sido más gigantescos.
Michal Kowalewxski, otro de los autores de este trabajo, recuerda que antes de su estudio la referencia en esta materia era el gráfico que hizo J.T. Bonner, hace más de 40 años, sobre el tamaño de los organismos.
“Una creencia común era que el tamaño había aumentado con la complejidad de los animales o que cambió lentamente a través del tiempo, pero no sabíamos cómo ese cambio se produjo en un grupo de organismos. ¿Aumentó rápidamente tras su aparición y luego disminuyó, o viceversa. Nuestro estudio trataba de responder a esta pregunta, cuando nos encontramos con un patrón en todos los casos”, concluye.




