La doble amenaza de virus en invierno
October 31, 2009 by Revista Opción
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Cifras dadas a conocer recientemente en el Reino Unido muestran un drástico incremento en los casos de norovirus en semanas recientes, lo cual, dicen los expertos, podría ser el comienzo de un brote a nivel nacional.
Al mismo tiempo ha habido un aumento en el número de casos de gripe porcina en el país, lo que ya se esperaba debido a la “segunda ola” del virus H1N1.
Por eso, las autoridades sanitarias están advirtiendo a los pacientes que no presenten síntomas graves que intenten permanecer en su casa para que los trabajadores de salud puedan concentrarse en los casos más graves.
Los norovirus (o virus de Norwalk) son la causa más común de gastroenteristis aguda (infección estomacal) cuyos síntomas incluyen vómito, diarrea, náusea, dolor abdominal, fiebre y malestar general.
Se transmiten principalmente por la ruta fecal-oral, ya sea por el consumo de alimentos y agua contaminada, por la propagación de persona a persona o contacto con superficies u objetos contaminados.
A menudo se le llama “síndrome de vómito en invierno” o “influenza intestinal” (aunque no es una influenza) porque los patógenos circulan más frecuentemente durante los meses de invierno, aunque pueden ocurrir durante todo el año.
Los brotes de norovirus son comunes en ambientes cerrados como hospitales, asilos y escuelas. Esto se deba a que el virus puede propagarse fácilmente de persona a persona y puede sobrevivir varios días en un área contaminada.
Por eso -y porque es muy infeccioso- las autoridades piden a la gente que presente los síntomas de la enfermedad que no visite hospitales o clínicas debido al riesgo de propagarlo entre los pacientes y personal de salud.
El Colegio Real de Médicos Generales del Reino Unido recomienda a la gente que presente síntomas de gastroenteritis aguda que permanezca en su casa y fuera del trabajo durante la enfermedad y hasta 48 horas después de que los síntomas desaparezcan.
“Los enfermos no deben acudir a las clínicas u hospitales para evitar propagar la enfermedad a otros” aconseja el profesor Steve Field, presidente del Colegio.
“Obviamente nos preocupan los bebés y niños pequeños, los ancianos y la gente cuyos sistemas inmunes están comprometidos. Pero por lo general no es necesario visitar al doctor con esta infección”, agrega.
Aunque la enfermedad puede ser muy desagradable no es peligrosa y la mayoría de los pacientes se recuperan en uno o tres días.
Pero una complicación podría ser la deshidratación debido a la pérdida de fluidos por el vómito y la diarrea, particularmente los niños pequeños y los ancianos.
Mientras tanto, los casos de gripe porcina continúan aumentando en varios países del hemisferio norte donde está iniciando la temporada de gripe.
Es por eso que los médicos temen que este invierno las clínicas se vean “inundadas” por casos de norovirus y de gripe porcina.
El profesor Field expresa que con la buena higiene de manos y manteniendo las superficies del hogar limpias y desinfectadas se puede ayudar a combatir tanto la gripe porcina como el norovirus.
“Va a ser un invierno muy, muy ocupado” dice el experto.
“Sin duda veremos zonas del país con un aumento de casos de norovirus y gripe porcina al mismo tiempo. Por eso la gente necesita ser excesivamente vigilante sobre su higiene personal”.
“Lo que recomiendo es que todos lleven en su bolso solución de alcohol desinfectante y que mantengan el hábito de usarla con regularidad”, agrega.
Cifras recientes indican que la incidencia del norovirus ha aumentado en todo el mundo en los últimos años, particularmente en los meses de invierno.
Según la Agencia de Protección a la Salud del Reino Unido, en 2008 más de 3 millones de personas resultaron contagiadas con norovirus.
Los Centros de Control de Enfermedades de Estados Unidos calculan que 23 millones de casos de gastroenteritis aguda son causados por una infección de norovirus en ese país.
Y según la OMS ha habido 415.000 casos confirmados de gripe porcina en el mundo y casi 5.000 muertes.(BBC)
Suman más de 2 mil casos de Influenza en 2 días: Ssa
October 15, 2009 by Revista Opción
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Los casos por influenza A H1N1 continúan a la alza en todos los estados del país. En los últimos dos días se han registrado dos mil 431 nuevos casos de personas contagiadas por el virus y cinco fallecimientos, de acuerdo al reporte sobre la situación actual de la epidemia en México,emitido por la Secretaría de Salud.
La cifra nacional, hasta el 14 de octubre, es de 41 mil 920 casos confirmados y 260 muertos. Además, que los estados del centro y noroccidente del país registran importantes aumentos.
El Distrito Federal, registra cuatro mil 477 casos, le sigue Chiapas, tres mil 592;Yucatán, tres mil 28; Nuevo León, dos mil 413; Jalisco, dos mil 75; San Luis Potosí, mil 884; Veracruz, mil 834 y Tamaulipas,mil 804
En el reporte del 12 de octubre, la cifra nacional era de 39 mil 489 casos confirmados y 255 muertos; por lo que en 48 horas, se han sumado a esta lista dos mil 431 personas que se contagiaron del virus en México.
Al respecto, el secretario de Salud,José Angel Córdova Villalobos, resaltó que es fundamental reforzar las medidas de prevención y convertirlas en práctica habitual, como el lavado de manos, limpieza de superficies, estornudo con la parte interior del codo y no escupir en el suelo ni intercambiar cubiertos.
Además de que subrayó la necesidad de que el personal de salud replique estas medidas hacia la población porque es una de las mejores acciones para frenar la transmisión.
Aclaró que las medidas de distanciamiento social y suspensión temporal de clases será de manera selectiva sólo cuando haya un brote importante, mientras que el cierre de negocios prácticamente ya no se dará porque el mayor conocimiento del comportamiento del virus muestra que no es necesario.
Hizo un llamado a los médicos a tratar de inmediato, sin esperar a tener los resultados de las pruebas de laboratorio, a quien tenga síntomas de influenza, como fiebre superior a los 38 grados asociada a problemas respiratorios, además de obesidad mórbida, diabetes, enfermedad pulmonar obstructiva crónica, asma, padecimientos que causan inmunosupresión por medicamentos, cáncer, VIH y trastornos neuromusculares, así como a quienes están embarazadas y a los menores de entre seis meses y dos años de edad.
“Es preferible avanzar en el tratamiento y cortar el cuadro benigno y curable si se atienden en las primeras 72 horas, de lo contrario, se pueden agravar, con su consecuente sobrecarga de los servicios de salud”, alertó el funcionario.
No es una crisis económica sino una crisis de recursos en un planeta agotado
June 12, 2009 by Revista Opción
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Hay crisis. Todos hablan de ella. A todos nos afecta. Todos coinciden en que es grave. Pero nadie acaba de explicarnos bien lo que pasa. Los analistas académicos hablan como si sufriéramos una fiebre más o menos pasajera, un desajuste del sistema que se solucionará con alguna receta.
Pero hay otras voces. Economistas, sociólogos, pensadores de diversos ámbitos que opinan que estamos ante algo más que un desarreglo de los mercados financieros. ¿Qué crisis es ésta? Para muchos, más que una crisis económica es una crisis ecológica: no hay planeta suficiente para mantener el ritmo de vida que llevamos. El modelo de crecer y gastar, usar y tirar, explotar y contaminar llega a su fin.
«Aunque tengamos la mirada puesta en la debacle de los mercados financieros, la convulsión que estamos experimentando denota mayor hondura, remitiéndonos a los modos de producir, consumir y vivir hoy predominantes en el planeta», afirma Santiago Álvarez, director del Centro de Investigaciones para la Paz, en el último número de la revista Papeles de relaciones ecosociales y cambio global.
Reputados pensadores como el economista estadounidense Jeremy Rifkin atacan sin piedad ese «modo de producir» al que se refiere Álvarez. Para Rifkin, la segunda revolución industrial, cimentada en el petróleo, el automóvil y la centralización de la electricidad llegó a su colapso a finales del siglo XX. La burbuja crediticia reciente fue un falso intento de mantener con vida un sistema muerto.
El experto estadounidense no está solo ni mucho menos. En su artículo en ‘Papeles’, Santiago Álvarez, catedrático de Economía Internacional y Desarrollo, recuerda que la crítica ecológica a la economía es «algo que se viene comentando desde hace más de tres décadas. La novedad es que ahora está en boca de muchos más». Álvarez escribe: «Anthony Giddens ha advertido sobre la necesidad de cambiar nuestro estilo de vida señalando que los debates sobre la manera de conseguirlo son ya la preocupación fundamental de la política actual. El premio Nobel de Economía Paul Samuelson ha afirmado que esta debacle es para el capitalismo lo que la caída de la URSS fue para el comunismo».
Foro sobre la crisis
En realidad, son muchos los ámbitos en los que se ofrecen otras visiones. El mes pasado, por ejemplo, la Fundación Banco Santander organizaba un foro titulado Economía y sostenibilidad donde diversos expertos debatieron sobre lo que la convocatoria definía como triple crisis: del agua, de los alimentos y de la energía. El encuentro fue la demostración de que el discurso sobre la sostenibilidad incumbe ya de la Filosofía, la Sociología o las ciencias Políticas. Lo ambiental, o lo ecosocial, son ya materia de estudio.
Uno de los ponentes del foro del Santander fue Fernando Arribas, doctor en Filosofía y profesor de Historia e Instituciones Económicas en la Universidad Rey Juan Carlos. Según él, es difícil decir si ésta es una crisis sistémica o no. «Mientras que el discurso marxista siempre ha considerado que el capitalismo es un sistema en crisis o enfermo desde su propia raíz, el pensamiento liberal-económico entiende las crisis como algo propio del sistema, cíclico y superable. Sea como sea, lo que sí está claro es que hemos llegado a un nivel insostenible en la explotación de los recursos y en la capacidad del planeta de prestar servicios ambientales», considera Arribas. Desde su punto de vista, los individuos tenemos la capacidad de tomar decisiones apropiadas, pero colectivamente solemos equivocarnos. Como sociedad consumista que somos, viene a decir Arribas, nos estamos acercando al abismo.
Hay una cuestión de fondo en todo este debate que consiste en definir bien las relaciones entre la economía y la ecología. La teoría tradicional no ha tenido en cuenta que los mercados actúan sobre una base real, la de un planeta finito y con recursos limitados. En realidad, la economía es una parte de la ecología, y no al revés. Para Luis Jiménez Herrero, director del Observatorio de la Sostenibilidad en España, una economía que pretende crecer indefinidamente en un planeta de recursos limitados está abocada al colapso. Y recuerda que hace tiempo que las corrientes de la Economía ecológica, la Economía ambiental y la Bioeconomía manejan esos conceptos.
Economía ecológica
Lo que ocurre ahora es que la realidad empieza a dar la razón al ambientalismo El profesor Óscar Carpintero, experto en Bioeconomía, opina: «Crisis económica, sí, pero también ecológica y social. Necesitamos acometer profundos cambios en los enfoques con que analizamos las relaciones entre la economía, la naturaleza y la sociedad, en el modelo de producción y consumo de la civilización industrial y en sus reglas de juego».
Ese es el asunto. Si esta crisis es una crisis ecológica, ¿cómo salir de ella? Los expertos proponen: incluir los servicios que presta el medio ambiente en las cuentas económicas, que no suelen reflejarlos. Entender que el PIB no mide el bienestar, sino el flujo de bienes y servicios y, por tanto, dejar de vivir como si fuera el único objetivo. Apostar por el decrecimiento, por la calidad frente a la cantidad. Diseñar un sistema productivo que respete los ciclos naturales de renovación de materiales y energía y vaya hacia el residuo cero.
¿Será ese ‘green new Deal’ que Obama propone? El profesor Fernando Arribas no está seguro de si Obama es «ese Roosevelt verde que algunos quieren ver». «Lo que está claro», afirma, «es que necesitamos uno».
OTRAS VOCES
Jorge Riechmann
El filósofo y pensador ambiental cree que hablar de crisis económica es una simpleza. «Estamos ante una crisis ecológico-social. No se trata sólo de una crisis ambiental, que es evidente, sino de algo mayor donde se entrelazan tres fenómenos. Una crisis climática antropogénica; una crisis energética y una crisis de la biodiversidad», ha declarado en una entrevista para el CIP. «Todo ello tiene que ver con la deficiente inserción de los sistemas humanos en los sistemas naturales».
Eduardo Subirats
«Esta crisis encubre un desorden civilizatorio más profundo», afirma el ensayista barcelonés en el último número de la revista Agenda Viva, editada por la Fundación Félix Rodríguez de la Fuente. “La guerra y el calentamiento global son sus símbolos. Una guerra que se extiende globalmente sin otro enemigo real que el terror y el terrorismo que ella misma sustenta. Y un calentamiento que pone de manifiesto la irracionalidad material de la racionalidad formal de la civilización mundial».
María Novo
En Agenda Viva, la titular de la cátedra Unesco de Desarrollo Sostenible de la UNED afirma: «No podremos salir de la crisis con el mismo modelo que nos trajo a ella. El mercado global tal y como existe actualmente, es el gran enemigo de la sostenibilidad. Si algo nos ha conducido a esta situación es la búsqueda de un crecimiento económico ilimitado. La economía es un subsistema del sistema Tierra y no puede crecer indefinidamente en su interior sin comportarse como un cáncer.
Joan Martínez Alier
El catedrático de Economía de la Autónoma de Barcelona escribe en la revista Ecología política: «La economía tiene tres niveles. Está el nivel financiero que toma prestado contra el futuro. Por abajo está lo que los economistas llaman la economía real o la economía productiva. Pero en el tercer nivel está la economía real-real de los economistas ecológicos, es decir, flujos de energía y materiales, con límites físicos. Ahora no sólo hay límites en los recursos, sino también en los sumideros: el cambio climático es un ejemplo».
Víctor M. Toledo
«Dos fenómenos encabezan esta crisis de civilización: el calentamiento global y el fin de la era del petróleo», escribe el pensador mexicano en la revista del CIP. «Ahora debemos agregar la crisis provocada por la voracidad del capital. Todas son la expresión de un intrincado conjunto de procesos cuyo devenir ha durado varias décadas. La crisis de civilización que hoy vive el mundo contemporáneo sólo será superable bajo esquemas teóricos renovados y mediante acciones políticas de nuevo cuño».
José Manuel Naredo
El economista, autor de obras como Raíces económicas del deterioro económico y social declara en una entrevista a la revista Ecología política: «Lo que se llama producción del petróleo no es más que su extracción. Se extrae para luego disipar, quemar o gastar. El término producción funciona como una pantalla que oculta lo que hace la civilización industrial. Oculta que ésta se ha separado por primera vez en la historia de la humanidad de la fotosíntesis y las producciones renovables asociadas».
El Mundo
Un servicio de salud cómplice del virus
May 3, 2009 by Revista Opción
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Hace dos días que la gripe no mata a nadie en México. Ya se sabe que las muertes confirmadas son 16, pero unas jornadas atrás -cuando el Gobierno barajaba una cifra de hasta 160 fallecimientos atribuibles al nuevo virus-, los periodistas preguntaban una y otra vez a cuanto responsable institucional se les ponía delante: ¿Por qué está muriendo gente en México y en otros países no? La respuesta siempre era la misma: “Porque los enfermos llegan tarde al hospital, cuando ya no se puede hacer nada por ellos”. A los periodistas -también al que suscribe- se les olvidaba insistir con una pregunta capital: ¿y por qué llegan tarde?
Vaya por delante una pista. O mejor, dos. El caso de Manuel y el de Óscar. Manuel tiene 63 años. El martes día 21 de abril se sintió mal, con los síntomas de una gripe. El miércoles, empeoró. El jueves, ya estaba fatal. “Mi esposa me llevó con el doctor César Decanini, a su consultorio del Hospital Inglés. En cuanto me revisó, me dijo: yo creo que es influenza. Voy a buscar al especialista”. Unos minutos más tarde, Manuel era sometido a pruebas de sangre, radiografías, tomografía, suero, medición de la capacidad respiratoria… “A las diez de la noche, el prestigiado médico neumólogo Eulo Lupi me informa que debo ser hospitalizado, que mi capacidad respiratoria está al 50% y que los pulmones se están deteriorando con rapidez. Por suerte, el doctor Decanini tenía en su consultorio una caja del antiviral indicado. Tomé la pastilla”.
El segundo caso es el de Óscar. Cinco años y siete meses. El jueves 16 de abril, el niño se puso mal. Su madre lo llevó a la clínica 11 del Seguro Social. “No lo quisieron recibir”, cuenta su tía, “porque no tenía fiebre. Nos dijeron que era una gripe normal”. Por la tarde, Óscar empezó a vomitar y lo llevaron a otra clínica del Seguro Social. Tampoco lo atendieron. Al día siguiente, a las seis de la mañana, Óscar empezó a sufrir convulsiones y, entonces sí, lo ingresaron de urgencia. Cinco horas después el niño ya estaba muy grave con un cuadro de neumonía. Lo pasaron a un cuarto de Terapia Intensiva… junto con otros ocho niños.
Casi no es necesario decir que Manuel se salvó. Óscar, en cambio, murió a los nueve días de sentir los primeros síntomas, tras sufrir un calvario de hospital en hospital. Manuel es dirigente de un importante partido político, fue secretario (ministro) de Relaciones Exteriores, diputado federal y hasta candidato a la presidencia de la República. Óscar, en cambio, era el hijo menor de una familia sin recursos.
¿Quiere decir esto que en México están sobreviviendo los ricos y muriendo los pobres? No hay datos para responder con certeza a esa pregunta. Entre otras cosas, porque el Gobierno tiene guardada la lista de los 16 fallecidos en un cofre con siete cerrojos. Según el secretario de Salud, José Ángel Córdova, el mutismo sobre la identidad de las víctimas intenta evitar “la estigmatización” de sus familias. Pero lo que sí es incontestable es que fuera de México se están detectando muchos casos de influenza y, salvo en Estados Unidos -donde sí falleció un niño mexicano de 23 meses-, nadie ha muerto por el momento. Más allá del desenlace, lo que sí demuestran de forma muy gráfica los casos de Manuel y de Óscar es la forma del mexicano de enfrentarse a la enfermedad.
Durante los últimos días, inspectores de la Organización Mundial de la Salud han recorrido los estados de México donde se han producido casos de esta gripe -mortales o no- intentando descubrir algún común denominador entre las víctimas. No lo han encontrado de una forma determinante, aunque uno de ellos ofrece su sensación sobre el terreno. “Está muriendo gente pobre. ¿Por qué? Porque es la gente que está acostumbrada a ponerse enferma, a pasar gripes más o menos fuertes y no ir al médico. Si los mismos síntomas los tiene un soldado de una base americana, en 10 minutos está en la enfermería. Es una cuestión de costumbres sociales. La gente sabe que acercarse al médico cuesta dinero”.
Hay una frase muy común en México entre las clases más humildes: “Tú te puedes sentir mal, pero no te puedes enfermar”. La enfermedad es una ruina. Nadie va al médico a las primeras de cambio. Y, desde luego, nadie va al médico por una gripe más o menos fuerte. Ir al médico -salvo para las clases exclusivas que disponen de seguro médico y hospitales de lujo- supone casi siempre una pérdida considerable de tiempo y de dinero.
México ha crecido mucho en los últimos años y hasta se trata de tú a tú con los países más desarrollados del mundo. Pero ese estirón no está siendo homogéneo. Para desesperación de sus gobernantes y vergüenza de sus conciudadanos, la imagen que México está ofreciendo estos días al mundo es la de un gigante al que se le quedaron cortos los pantalones. Estos días de angustia están dejando al descubierto las pantorrillas del sistema. La guerra al narcotráfico dejó casi en el olvido que un 40% de sus 100 millones de habitantes vive en la pobreza absoluta. Y el brote de la gripe está poniendo al descubierto que el sistema de salud no está a la altura de las circunstancias.
¿Qué hace un mexicano cuando se siente enfermo? Lo que viene a continuación es la síntesis de un sondeo realizado entre vecinos del Distrito Federal con distintos niveles de ingresos. Lo primero que hace, coinciden todos, es aguantar. A ver si se pasa la fiebre, a ver si con un vaso de leche caliente y una buena cura de sueño… Lo siguiente es acudir a la farmacia.
La cuestión farmacéutica merecería capítulo aparte. Los medicamentos en México son más caros que en Europa y que en la mayoría de los países de su entorno, pero tienen una.. ¿ventaja?: se venden sin receta en cualquier esquina. Hay cadenas de farmacias que están abiertas a todas horas. Y disponen de todo. Desde ansiolíticos hasta Viagra. Para fomentar el consumo de sus productos, los dependientes ofrecen de vez en cuando muestras gratuitas a sus clientes. De la misma forma que en un supermercado se convida al cliente a una porción de queso manchego. Antes de que se asustaran por los crímenes del narcotráfico, los norteamericanos cruzaban la frontera en romería para abastecerse de toda clase de potingues.
La segunda opción -si el medicamento no ha hecho efecto-es mover “la palanca”. La traducción al español peninsular sería “buscar un enchufe”. El mexicano es experto en eso. No por afición, sino por necesidad. Una vez que se llega al consultorio o al hospital, y hasta cuando los casos son graves, es fundamental buscar a un amigo que agilice los trámites para ver al doctor.
Los mexicanos saben -y así lo atestiguan las encuestas- que sus médicos son buenos, incluso muy buenos, y que los hospitales del servicio sanitario disponen de instrumental moderno y eficaz, pero no suficiente. De hecho, el paciente tiene que pagar en muchos casos parte del tratamiento. “A mí me pasó el otro día”, explica el padre de un muchacho que estuvo ingresado recientemente, “la atención fue muy buena, pero el hospital no disponía de determinadas medicinas que le hacían falta a mi hijo. Me dijeron que la única solución era que yo las consiguiera en el exterior. No se trataba de un caso de corrupción ni de negocio encubierto. Sencillamente, no disponían de ellas. Así que salí del hospital, fui a la farmacia de enfrente y las compré”. En ocasiones, el paciente tiene que seguir idéntico método para conseguir las gasas que se van a usar en su operación y hasta la válvula que le van a implantar.
Un porcentaje considerable de médicos mexicanos trabaja media jornada en la sanidad privada -hospitales al nivel de los mejores de Estados Unidos o de Europa- y la otra media en la pública. “El sistema es perverso”, admite uno de los doctores que practica el doblete, “pero funciona. A veces, a mi consulta del Seguro Social llega una persona con una dolencia determinada. Yo la atiendo, pero tanto esa persona como yo sabemos que, cuando salga de mi consulta, la próxima cita ya no se producirá hasta dentro de semanas o incluso meses. ¿La solución? Que la próxima cita sea en mi consulta privada. En el caso de que necesite ser intervenido quirúrgicamente, yo intentaré -si veo que esa persona no tiene los recursos suficientes- traspasarla de nuevo al sistema público, para que sea operada de forma gratuita…”. El sistema está tan acostumbrado a funcionar con ese juego de palancas que los dos grandes servicios paralelos de salud -uno para los trabajadores comunes y otros para los funcionarios públicos- disponen de personas que facilitan el mecanismo a colectivos determinados como periodistas o políticos…
Todo iba funcionando gracias a un sistema de equilibrios fascinante -como tantas otras cosas en México- hasta que llegó la epidemia de gripe. Todo el mundo se percató de las graves fallas del sistema. Los laboratorios para analizar el virus no funcionaron y las muestras tuvieron que enviarse a Estados Unidos y Canadá. El Gobierno dispone de un millón de tratamientos antivirales, pero eso sólo supone que puede atender a un 1% de la población… El país que quería salir en la foto de los más grandes se ve obligado a reconocer que necesita con urgencia que el mundo le facilite millones de dosis de antivirales, 200 millones de mascarillas, cantidades ingentes de pañuelos desechables…
Desgraciadamente, en apenas dos semanas ha cambiado radicalmente la imagen de México en el mundo. De los abrazos con Barack Obama, el presidente Felipe Calderón ha pasado a estar prácticamente enclaustrado en su residencia oficial de Los Pinos. De su voluntad dependerá la fecha en que los 33 millones de estudiantes y los dos millones de profesores regresen a las aulas. Será una decisión complicada. Tan difícil que dicen que le provoca un gran malestar y arrebatos de mal genio. ¿Está el sistema de salud preparado para decirle al presidente de la República la fecha en que los niños mexicanos puedan volver seguros a la escuela?
El País




