Informe de 1978 para la industria tabacalera británica “Necesitamos algo para que la gente muera”

August 13, 2009 by Revista Opción  
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fumar“El tabaco tiene la función social de limitar el número de personas mayores dependientes que la economía debe mantener”. Esta consideración está contenida en un documento para manejar las relaciones públicas que la industria tabacalera británica encargó a finales de 1978. El propio autor reconoce que “obviamente” este argumento “no se puede usar públicamente”, pero lo desarrolla: “Con un aumento general de la esperanza de vida, necesitamos algo para que la gente muera. En sustitución de los efectos de la guerra, la pobreza y el hambre, el cáncer, considerado como la enfermedad de los países ricos, desarrollados, tiene un papel que jugar”. Esta idea, considerada un “factor psicológico para continuar el gusto de la gente por fumar como algo placentero, aunque sea un hábito peligroso, no debe ser infravalorado”.
En el texto se reconoce el daño que le puede hacer a la industria la asociación del fumar con el cáncer de pulmón. “Este reto médico ha actuado como una bomba nuclear de efecto duradero” para el sector, admite el informe. Pero aún así, sugiere varias posibilidades para contrarrestar su efecto. Intentar negarlo es “escoger plantear la batalla donde la oposición [al tabaco] es más fuerte”, así que habrá que esperar: “Con algún tremendo avance en lo que sabemos de las causas del cáncer o el descubrimiento de un potente inhibidor oncológico, se puede transformar la controversia sobre tabaco y salud”, sugiere. Por eso, “la industria necesita estar preparada ante un repentino avance médico”.
La otra posibilidad que sugería el informe era que la presión sobre el tabaco cediera ante la importancia que estaba tomando en aquella época el estudio del cáncer de mama. En cambio, advertía sobre otro posible frente médico: “El papel del hábito [de fumar] como un importante factor de riesgo cardiaco”.
Entonces -recordemos, 1978-, para la industria todavía quedaba una batalla médica que dar: la de los fumadores pasivos, en el “límite de lo creíble”. “Se ha intentado definir como un riesgo sanitario general en lugar de un peligro limitado a ciertos grupos restringidos de población”.
También sugieren un posible peligro. Que la demonización del tabaco vaya acompañada de una relajación ante la marihuana, o una asociación entre ambas sustancias. Aunque el tabaco sea una “droga de relajación” que puede ser “una bendición para la humanidad en un mundo estresado”, su asociación con la marihuana sería perjudicial.
Si la defensa sanitaria del tabaco ya se daba por perdida en 1978, quedaba la batalla social. “El humo del tabaco tiene una importante capacidad de molestar, y la incapacidad de los fumadores para tener en cuenta la comodidad de los demás es una de las razones importante que ahora se usan para condenar el hábito”, indica.
Para combatir esta mala imagen, el documento sugiere varias líneas. “Todavía hay margen para intentar conseguir que el fumar se considere uno de los hábitos que no son cuestionables per se”, indica. Una de las actuaciones es promover un código de conducta entre los fumadores que, si se siguen, “asegurará que no sean acusados por los no fumadores de que asumen arrogantemente el derecho a contaminar el aire a su alrededor”. “Su tono tiene que ser franco y positivo”, y uno de sus objetivos debe ser “restaurar la imagen del fumador como una persona extravertida y sociable, y no el ser el neurótico, apestoso y marginal que pintan los antifumadores”.
La otra es la creación -”con la bendición de la industria”- de asociaciones de fumadores. El propio texto reconoce que hacer esto es difícil si se quiere que parezca una organización independiente, pero añade una posible línea de actuación: “La protección de la libertad para elegir de todo individuo adulto en cualquier campo (aunque especialmente para fumar)” y “la defensa de los fumadores contra una injusta discriminación o restricción en su disfrute del tabaco”. Este es uno de los motivos por los que grupos científicos como el CNPT acusan a las asociaciones profumadores de trabajar en beneficio de la industria.
El País

Deforestación del Amazonas: auge y declive de la población

June 12, 2009 by Revista Opción  
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20090611elpepusoc_13La destrucción de la selva amazónica para sustituir los árboles por cultivos agrícolas y explotaciones ganaderas no es un buen negocio para los habitantes de la zona. En un primer momento, se suele producir un florecimiento de las condiciones de vida pero el declive llega a continuación y la situación resultante es igual de crítica para la población residente. Ésta es la conclusión de un estudio realizado sobre 286 municipios de la amazonía brasileña que se publica el viernes en la revista Science. La región en que se ha investigado el efecto de la deforestación es una de las más pobres y menos desarrollada de Brasil. El estudio muestra que en los municipios que han talado los árboles la vida no es mejor que donde se han conservado. La amazonía brasileña alberga el 40% de la selva tropical que queda en el planeta y juega un papel fundamental en la conservación de la biodiversidad, la regulación del clima y los ciclos biogeoquímicos.
La investigadora Ana Rodríguez (Universidad de Cambridge, Reino Unido) y sus colegas han utilizado el índice de desarrollo humano del Programa para el Desarrollo de Naciones Unidas (PNUD, en sus siglas en inglés) que tiene en cuenta la esperanza de vida media, la alfabetización y los niveles de vida de la población. Con ello han evaluado esos 286 municipios, que tienen diferentes grados de deforestación. El resultado es que después de un florecimiento inicial, las condiciones se deterioran de nuevo y al final el nivel de vida es similar al que había antes de iniciarse el proceso de destrucción de la selva.
El problema es que cuando se inicia la deforestación, la gente accede a nuevos recursos, incluida madera talada, minerales y tierras para pastos. De este modo los mayores ingresos y las nuevas carreteras mejoran la educación y asistencia sanitaria de la población y, en general, el nivel de vida. Pero es un florecimiento transitorio. En poco tiempo el nivel de desarrollo vuelve a la situación anterior, cuando la deforestación se extiende a otras zonas de selva virgen. Al final los indicadores de calidad de vida antes y después de perder la selva, son iguales.
Sin embargo, los investigadores apuntan en su artículo, que “las nuevas políticas e incentivos financieros están creando oportunidades para una trayectoria de desarrollo más sostenible no basada en las actividades que destruyen la naturaleza y los ecosistemas”. Estas nuevas estrategias, afirman Rodríguez y sus colegas, serían más beneficiosas para la población de los municipios que han investigado.
Desde 2000, se han talado 155.000 kilómetros cuadrados de selva en Brasil para explotar la madera o mediante quemas para dejar lugar a la agricultura, recuerdan los investigadores. Cada año se pierde una media de 1,8 millones de hectáreas (entre 1988 y 2008) de selva a medida que se extiende el uso de la tierra. Esto supone casi una tercera parte de la deforestación tropical del planeta y en consecuencia se emiten a la atmósfera unos 250 millones de toneladas de carbono suplementarias.
El País

La vida en el zoológico reduce entre dos y tres veces la esperanza de vida de los elefantes

December 12, 2008 by Revista Opción  
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Es fácil darse cuenta del sufrimiento que experimentan los animales salvajes cuando se les encierra en un zoo. Una manifestación típica de este malestar son los comportamientos anormales, como el infanticidio o la coprofagia (ingestión de excrementos), y otros problemas como la infertilidad, Pero pocos estudios científicos serios se habían dedicado a demostrarlo hasta ahora.

Hoy, la revista profesional más prestigiosa de Estados Unidos, Science, publica en uno de sus breves los resultados de una investigación con dos especies de elefantes en cautiverio. El estudio viene a confirmar con datos estadísticos lo que muchos amantes de los animales han denunciado siempre: alejar a los elefantes de su hábitat natural y encerrarlos en jaulas para su exhibición reduce drásticamente su esperanza de vida.

Ros Clubb, de la Real Sociedad para la Prevención de la Crueldad contra Animales (RSPCA, por sus siglas en inglés) y principal autor del estudio, analizó con sus colegas la supervivencia de 4.500 individuos de elefante africano (Loxodonta africana) y elefante asiático (Elephas maximus).

Según escriben los autores, el análisis, basado en datos de entre 1960 y 2005 proporcionados por instituciones europeas, se centró en las hembras, por ser importantes para la viabilidad de la población.

La conclusión fue contundente: los elefantes que viven en su entorno salvaje viven entre dos y tres veces más años que aquéllos que hacen su vida en los zoos europeos.

En el caso de las hembras de elefante africano nacidas en zoos, la esperanza de vida media observada fue de unos 17 años, frente a los 56 años de las hembras que morían por causas naturales en el Parque Nacional de Amboseli, en Kenia. Por su parte, las hembras asiáticas enjauladas vivían unos 19 años, en comparación con los casi 42 años que vivían sus hermanas de Myanmar, que no viven en condición de libertad, sino como trabajadoras de la industria maderera.

Pocos avances desde los años 60

Los investigadores observaron que estos índices no han mejorado con el tiempo, lo que sugiere que no se ha avanzado mucho desde los años 60 en materia de bienestar animal en los parques zoológicos. La situación es especialmente grave para el elefante asiático, el más amenazado de los elefantes.

Las consecuencias negativas del zoo sobre la salud del animal son inmediatas, pues los individuos nacidos en su entorno salvaje y trasladados después a un zoo viven más tiempo que los nacidos en cautividad.

La principal causa que barajan los autores es el estrés, seguido de la obesidad. «No hacen ejercicio, como les ocurre a muchos humanos. Pero son sólo sugerencias, no lo sabemos seguro. Otros estudios tendrán que ahondar en estas posibles causas», explica Georgia Mason, del departamento de Ciencias Animales de la Universidad de Guelph, en Canadá, y coautora del estudio.

Anteriores estudios han presentado el aburrimiento —fruto de la comododidad de la vida en un zoo, donde todo está servido— como principal motivo para desarrollar conductas aberrantes y estrés. Esto podría explicar por qué otras situaciones de animales salvajes en cautividad, como las que se dan en los circos, parecen presentar resultados más positivos.

«Hay informes de que Ringling, un circo estadounidense, tiene un índice muy exitoso de supervivencia de elefantes asiáticos, al menos en lo que respecta a las crías. En este tipo de circos los animales tienden a estar en grupos sociales estables y reciben estímulos tanto físicos como mentales. Esto podría ser positivo, pero insisto en que es sólo una posibilidad. No hay muchos estudios al respecto», añade Mason.