Intolerancia a la Lactosa
December 3, 2009 by Revista Opción
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La intolerancia a la lactosa va en claro aumento por lo que se hace necesario conocer los peligros y las alternativas vegetales a la leche de vaca. La intolerancia a la lactosa es una afectación de la mucosa intestinal que impide digerir la lactosa.
Uno de los alimentos más completos y universalmente incorporados a la dieta, la leche, contiene un azúcar llamado lactosa, que muchas personas son incapaces de digerir.
La intolerancia a la lactosa es una afectación de la mucosa intestinal con imposibilidad para digerir la lactosa, azúcar de la leche, debido a una deficiencia de una enzima llamada lactasa.
Los síntomas de la intolerancia a la lactosa son el dolor abdominal, la diarrea, la distensión del abdomen y la flatulencia.
La intolerancia a la lactosa es una enfermedad que aparece en la infancia pero que va progresando hasta el adulto.
La falta de una de las bases nutricionales, sobre todo para los niños, puede generar pérdida de peso y posible malnutrición. La ausencia de leche en la dieta puede producir falta de calcio, vitamina D, riboflavina y falta de proteínas. Esto hace que necesariamente haya que sustituir la leche por productos lácteos tratados con lactasa, por preparados a base de proteínas de la leche, o por su similar de soja. Esta última opción presenta un buen perfil nutricional a bajo costo.
Diagnóstico en la intolerancia a la lactosa
Una vez que el profesional ha encontrado los síntomas antes descriptos, existen algunas pruebas de laboratorio que le ayudarán a confirmar el protodiagnóstico.
Una de ellas consiste en el análisis de azúcares luego de la ingesta de lactosa.
Tras la ingesta de una determinada cantidad de lactosa se toman muestras de sangre, debiendo aparecer normalmente un aumento de 2 mg. de glucosa a las 2 horas de la ingesta.
Otro análisis, menos utilizado, es el registro del aumento de la cantidad de hidrógeno en la respiración tras la ingesta de lactosa.
También el aumento de acidez de la materia fecal puede hablar de la intolerancia a la lactosa.
En otros casos se puede recurrir a la biopsia intestinal. Mediante la biopsia de intestino delgado, se realiza un test para comprobar la presencia o no de lactasa en la mucosa intestinal.
Tratamiento para la intolerancia a la lactosa
Ya que la intolerancia a la lactosa se debe a la falta de la enzima necesaria para su metabolismo, la aplicación de esa enzima, la lactasa, a la leche luego de calentarla puede ayudar a su tolerancia, ya que reduce la presencia de lactosa casi en un 100%. Mientras no se pueda colaborar al proceso de digestión de la leche, el tratamiento debe garantizar la sustitución de los déficits nutricionales por falta de ingesta de leche. Uno de los más importantes es la falta de calcio, sobre todo en niños pequeños, quienes necesitan el aporte de este mineral para su crecimiento, y para mujeres en la menopausia y sus periodos pre y posterior. En ellas, los cambios metabólicos hacen que necesiten más aportes de calcio para evitar la osteoporosis.
Un niño necesita un aporte de 400 mg. diarios en sus primeros meses de vida, pero este requerimiento va en ascenso. Al año de vida necesitará 600 mg. y entre el primero y el décimo año, el requerimiento diario será de 800 mg.
Hay que advertir que se deberá aportar conjuntamente vitamina D, por ser necesaria para la absorción de calcio.
La otra parte del tratamiento consiste en suprimir de la alimentación la leche y sus derivados. Deben leerse todas las etiquetas de los productos alimenticios, para averiguar si los contienen. Hay un universo de productos que pueden contener leche o sus derivados, y habrá que entrenarse para reconocerlos.
Se podrá buscar una alternativa a la ingesta de leche en algunos productos que se encuentran en el mercado. En general se producen mediante el calor o la hidrólisis de las proteínas originales de la leche de vaca. Su valor nutricional es adecuado y el sabor tolerable.
La leche de soja es un buen sustituto por la calidad y cantidad de proteínas que contiene. Otro beneficio de este producto es su bajo costo. Existen preparados compuestos de proteínas de soja con aceites vegetales e hidratos de carbono, completando un alimento nutritivo y sin inconvenientes es la digestión.
En todos los casos le recomendamos consultar con su médico, terapeuta u otro profesional de la salud competente. La información contenida en este articulo tiene una función meramente informativa.
(Autor: Latin Salud www.latinsalud.com)
Curar por la senda del Valium
August 25, 2009 by Revista Opción
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Los biólogos moleculares saben que lo que hace funcionar a las células, y por ende, al organismo, son, sobre todo, las enzimas, y los receptores de diversas moléculas en la superficie celular. Las enzimas aceleran las reacciones bioquímicas y hacen posible el metabolismo y el uso de la energía de los alimentos. Los receptores son moléculas que reaccionan ante una señal química exterior a la célula y ponen en marcha mecanismos conducentes, en general, al funcionamiento de genes determinados que afectan al funcionamiento celular. Curiosamente, la práctica totalidad de los receptores son también enzimas o actúan poniendo en funcionamiento un enzima.
Como es sabido, existen dos posibilidades para el desarreglo celular: que algo no funcione, o funcione menos de lo normal, o que funcione demasiado y sin control. Cuando una enzima o un receptor funcionan menos de lo normal es difícil conseguir que funcionen mejor actuando farmacológicamente sobre ellos. Sin embargo, es mucho más fácil conseguir mediante fármacos que lo que funciona en exceso deje de hacerlo. De esta manera se consigue inhibir algunos procesos que pueden ser dañinos de quedar incontrolados, como, y sólo es un ejemplo, la inflamación. Muchos fármacos antiinflamatorios bloquean algunos de los receptores que participan en el proceso inflamatorio. Este bloqueo consigue que la inflamación se reduzca, lo que protege nuestros tejidos de los efectos nocivos de un proceso inflamatorio demasiado intenso.
Por imitación
Así pues, la mayoría de los fármacos existentes hoy actúan inhibiendo un enzima o un receptor y la manera en que lo consiguen es imitando la estructura química de las moléculas que los ponen en marcha. Con una estructura química similar, los fármacos pueden unirse precisamente en el sitio del enzima o del receptor que interacciona con la molécula natural que los hace funcionar. Al enlazarse al mismo lugar al que lo hace la molécula natural, el fármaco impide la unión de ésta y el enzima o el receptor no pueden ejercer su función.
Para encontrar nuevas moléculas con actividad farmacológica, las compañías farmacéuticas y los laboratorios de investigación se han dedicado a la búsqueda de moléculas que pudieran unirse al sitio funcional de las enzimas o receptores identificados como dianas terapéuticas. Por ejemplo, la familia de las estatinas, fármacos que reducen el nivel de colesterol en sangre, está constituida por moléculas que se unen al sitio activo de la principal enzima reguladora de la síntesis del colesterol, lo que causa una disminución de su producción.
Pero uno de los problemas con los fármacos inhibidores por imitación de una estructura química dada es que, debido a que en la mayoría de los casos existen otros enzimas o receptores similares a los que se desea inhibir, actúan también sobre éstos, lo que causa efectos secundarios indeseables. Es decir, su estructura química no es lo suficientemente específica de una diana terapéutica determinada. Por otra parte, en algunos casos sería deseable no inhibir, sino activar la actividad de una determinada enzima o receptor, y este tipo de fármacos carecen de esta capacidad.
Para otros sitios
Afortunadamente, rara vez los científicos se duermen en los laureles, e incluso a veces se les aparece la virgen de la ciencia que les ilumina nuevos caminos. Así sucedió con el diazepam, también conocido como Valium, un fármaco que posee propiedades ansiolíticas y sedantes, además de actuar como un relajante muscular. Cuando este fármaco se descubrió, en 1963, se desconocía su mecanismo de acción. Hubo que esperar a estudios efectuados en los años 80 para que se demostrara que el Valium se unía al receptor de un neurotransmisor, llamado ácido gamma-amino butírico (GABA). Cuando el GABA interacciona con su receptor, produce una inhibición de la actividad neuronal, por eso nos relaja.
Curiosamente, se comprobó que el Valium no se fijaba al sitio funcional del receptor donde el GABA se unía, imitando la acción de éste, sino que se enlazaba en otro sitio del mismo. Más interesante aún fue comprobar que esta unión no inhibía, sino que aumentaba la activación del receptor cuando el GABA estaba presente, pero no tenía efecto en ausencia de esta sustancia natural.
Y esto es lo que idealmente un buen fármaco debería hacer: no siempre sustituir o impedir, sino modular la acción de las sustancias naturales de nuestro organismo. En este sentido, el Valium, por casualidad, es un ejemplo de una nueva clase de fármacos que poseen esta propiedad, llamados fármacos alostéricos -del griego allos (otro) y stereos (sitio)-. Estos fármacos se fijan a sitios de enzimas o receptores diferentes a los que se unen las sustancias naturales que los activan, modulando su acción. Además, pueden ser por ello mucho más específicos de un tipo de receptor o enzima dado, lo que reduce la probabilidad de efectos secundarios.
La industria farmacéutica se encuentra investigando activamente para identificar nuevos fármacos alostéricos. En los últimos años se han puesto en el mercado al menos dos nuevos fármacos de este tipo; otros más se encuentran ya en la fase de ensayos clínicos. Es de esperar que pronto podamos todos beneficiarnos de ellos, si nos fuese necesario.
Por Jorge Laborda para El País
Hallado el gen que ayuda al cáncer a entrar en el cerebro
May 7, 2009 by Revista Opción
Filed under Madre Tierra
El cerebro es zona restringida de acceso para las células cancerosas, aunque se cuelan a veces y provocan la metástasis. La barrera de contención es su propio sistema vascular. Pero ¿cómo logran entrar las células malas procedentes de un tumor en otros órganos? El científico español Joan Massagué ha descubierto un truco clave que usan las células de tumores de mama para disfrazarse e infiltrarse en el tejido cerebral. Se trata de un gen, o en realidad tres, ya que dos de ellos eran ya conocidos por su papel en la metástasis de los pulmones.
Massagué y su equipo (Memorial Sloan-Kettering Cancer Center, en EE UU, y el Instituto de Investigación en Biomedicina de Barcelona) han partido de células cancerosas con capacidad de sortear la barrera sanguínea cerebral extraídas de pacientes en estado muy avanzado de la enfermedad. Luego han hecho los experimentos con ratones para desvelar cómo funciona ese disfraz celular.
El gen clave para el enmascaramiento se llama ST6GALNAC5, y produce una enzima que normalmente está activa sólo en el tejido cerebral, pero que es capaz de crear una reacción química que recubre la superficie de las células que emigraron del tumor de mama. Esa cubierta despista a la barrera protectora del cerebro. “Nuestros resultados apuntan hacia el papel de ese recubrimiento de la célula como implicado hasta ahora no conocido de la metástasis cerebral”, explica Massagué. “Hay que hacer más para explorar el papel de estos genes en dicha metástasis y su interés como dianas terapéuticas”.
El hecho de que los otros dos genes, ya conocidos como mediadores de la invasión de los pulmones, estén también implicados en la infiltración del cerebro por células cancerosas indica que ambos órganos comparten un proceso biológico común que regula su metástasis.
El País




