Intensifica el gobierno estatal combate a dengue e influenza

September 24, 2009 by Revista Opción  
Filed under Destacadas, Gobierno del Estado

IntensificaelGobA partir de este jueves, la Secretaria de Salud -conjuntamente con las diferentes Secretarias y áreas de gobierno del Estado-, reforzará las medidas y acciones concretas de prevención y de atención médica contra la influenza y el dengue.
El titular de los Servicios de Salud de Nayarit, Omar Reynoso Gallegos, dio a conocer que desde el martes pasado se incrementó al triple la atención médica debido a la alta demanda; el Hospital Central y el Centro de Salud Juan Escutia, son espacios donde está la gente más experta para diagnosticar estos problemas.
“Ningún laboratorio del estado puede diagnosticar la influenza H1N1, solamente el laboratorio de la Secretaria de Salud, aclaró, y dijo que médicos particulares los envían a laboratorios particulares y los están engañando; “ahí no diagnostican nada, solamente los están engañando, y ya cuando se complica llegan al hospital; vamos a poner manos firmes con los laboratorios y médicos que están engañando a la gente”, advirtió.
Manifestó que se reforzarán las medidas con tres filtros; en la casa de cada nayarita y, ante cualquier síntoma, acudir a las instancias médicas y permanecer en sus hogares; hacerlo igual con los colaboradores y personal que depende de cada Secretaría.
Reynoso Gallegos dijo que se reforzarán las medidas “para que en todos los lugares donde se concentra mucha población, como los cines, los restaurantes, escuelas y en la atención hospitalaria, exista la adecuada prevención”.
Explicó que este rebrote es mucho más agresivo que el anterior; tan solo en Tepic se tenían 133 casos de abril al 5 de agosto; “ahorita ya andamos por el orden de los 400, en 45 días; más del cien por ciento se ha duplicado, la gente está bajando la guardia”.
Haciendo referencia al dengue, el Secretario de Salud confirmó que el problema es más agudo actualmente que el de la influenza; “es un problema muy serio; tenemos mil 246 casos confirmados a nivel estatal; de ellos, mil 087 en su forma clásica, y 159 de dengue hemorrágico, que son las formas complicadas del dengue; se informó que 18 municipios están afectados con el dengue”.
Se dejó en claro, durante la reunión, que el dengue también es mortal, “y la solución no solo será que nebulicemos; el enemigo lo tenemos en casa, porque hasta una corcholata es un criadero potencial del mosquito del dengue; esto es, cualquier depósito que contenga agua limpia, intra o extra domiciliaría; agua que se esté reciclando cada dos días, es un criadero potencial del mosquito”, alertó.
Durante la reunión de gabinete estatal donde explicó tales datos, el Secretario de Salud abundó que este jueves se intensificarán las acciones como la aplicación de la abatizacion, que es la aplicación de un granulado, una forma de arena que se deposita nada más en pilas, tambos, aljibes, aquel depósito que no está tapado para que no prospere la larva del mosquito”.
Asimismo, explicó, con el apoyo total del Gobernador Ney González, se aumentará la cobertura de nebulización en 296 colonias de la ciudad de Tepic, es decir, durante 7 días se realizará la nebulización, pero destacó que este no será el éxito esperado para disminuir los casos de dengue, porque solo va actuar en ese momento, cinco minutos en lo que dure la niebla, y al día siguiente nacen millones de mosquitos y se inicia el proceso de expansión.
Se especificó que las principales medidas son las que tome cada familia en sus propias casas.

Con EU en recesión, cada vez es más difícil para los migrantes enviar remesas

March 1, 2009 by Revista Opción  
Filed under Portada

La jornada laboral termina los viernes más pronto que el resto de los días para Luis Francisco Jerez. Mientras sus jefes estadunidenses se marchan a celebrar el comienzo del fin de semana en un bar cercano, el guatemalteco tiene una cita ineludible cada dos semanas con la oficina de envío de remesas, aunque como consecuencia de la crisis cada vez sea más difícil.
En la oficina de Bancomercio en Falls Church, en el estado de Virginia, Jerez deposita 775 dólares con destino a su esposa y cinco hijos, que se quedaron en Ciudad de Guatemala. Y se marcha a casa “a mirar televisión”, porque después de cumplir con su familia apenas le queda dinero para sí mismo. Ese es su plan un fin de semana tras otro.
A pesar de que el trabajo escasea, Jerez se asegura de que su familia reciba puntualmente cada dos semanas el dinero que permita a sus hijos seguir estudiando. “Me quedo sin comer si es preciso, pero yo tengo un compromiso con ellos y tengo que enviarles la plata”, asegura. Por si fuera poco, una vez al mes procura enviarle unos 500 dólares a su madre.
Jerez es uno de los aproximadamente 45 millones de latinos que viven en Estados Unidos. De ellos, el 36 por ciento de hombres adultos envió dinero a casa al menos una vez en los últimos doce meses, según un estudio reciente del Centro Hispánico Pew. El dato sube hasta 54 por ciento en el caso de los emigrantes de primera generación.
Los emigrantes en Estados Unidos representan en sí una de las industrias más poderosas de Latinoamérica, según los datos del Fondo Multilateral de Inversiones (FOMIN) del Banco Interamericano de Desarrollo (BID): entre todos envían anualmente unos 40 mil millones de dólares a sus países de origen, una cifra semejante al Producto Interior Bruto (PIB) de Ecuador en un año. Los hispanos emigrados a otros países del mundo envían en total a casa unos 27 mil millones de dólares.
Por países, México es por lógica el mayor receptor de remesas estadunidense, porque la mayoría de los 23 mil millones anuales que ingresa proceden del otro lado de su frontera norte. Pero son algunos países centroamericanos los que más dependen del gigante norteamericano: 20 por ciento del PIB de Honduras, 17 por ciento del de El Salvador y casi 10 por ciento del de Guatemala proceden de las remesas. Y en los tres casos, más de 90 por ciento de esas remesas llegan de Estados Unidos.
Los hispanos, más que ningún otro grupo social en Estados Unidos, están sintiendo los efectos de lo que el presidente Barack Obama llama habitualmente “la peor crisis desde la Gran Depresión”. La primera economía del mundo está oficialmente en recesión desde diciembre de 2007, y desde entonces se perdieron unos 3.6 millones de trabajos, lo que elevó hasta 7.6 por ciento la tasa de desempleo para el total de la población.
Entre los latinos el desempleo creció ininterrumpidamente desde octubre de 2006, según la Oficina de Estadísticas Laborales estadunidense, y ahora está ya en 9.7 por ciento, más de tres puntos porcentuales más que en enero de 2008. En el último año unos 500 mil hispanos perdieron su puesto de trabajo.
La situación es especialmente delicada porque los inmigrantes latinoamericanos se concentran en algunos de los estados más afectados por la crisis, donde incluso los gobiernos regionales están teniendo problemas para cumplir con sus presupuestos. Desde cada uno de los estados de Nueva Jersey, Nueva York, Virginia, Carolina del Norte, Georgia, Florida, Illinois, Texas, Arizona y California salen más de mil millones de dólares anuales con destino a algún país del sur.
De esa manera, 84 por ciento de los emigrantes latinos de primera generación afirma que sus finanzas personales están en un estado “ajustado” o “pobre”.
A pesar de las dificultades, y al contrario que otros grupos de inmigrantes, desde que comenzó la crisis, la cifra de los hispanos que ha enviado dinero a casa se mantiene prácticamente estable. No ocurre lo mismo con el volumen de los envíos, porque 71 por ciento de los emigrantes latinos asegura haber enviado menos dinero en el último año, según el Pew.
Ya en su último estudio, publicado en octubre de 2008, el FOMIN detectó un descenso en el volumen total de remesas por primera vez desde que comenzó en 2000 a cuantificar los envíos a Latinoamérica.
Es el caso de Jorge Portillo, un salvadoreño que también envía con frecuencia dinero desde la misma oficina de Bancomercio en Falls Church, en las afueras de Washington. Esta vez logró reunir mil dólares para su madre, suficiente para pagar varias cuotas de la hipoteca de la casa familiar en San Salvador y “darse una buena cena o lo que ella quiera”.
Al contrario que Jerez, sus envíos son variables: “Unas veces mando más y otras menos, depende del trabajo”.
Pero Portillo también asegura hacer sacrificios para poder enviar dinero, algo muy habitual entre los emigrantes. “En tiempos de retracción económica o de inflación, (los hispanos) cambian de trabajo, trabajan más horas, tienen múltiples trabajos o consumen menos para poder enviar dinero a casa”, explica en su blog Robert Meins, especialista en remesas del BID.
Una encuesta de Pew lo confirma. El 71 por ciento de los latinos asegura haber reducido sus gastos fuera de casa, 67 redujo sus compras navideñas, 47 retrasó o canceló planes para comprar un coche o una casa, 28 por ciento ayudó a un amigo o un familiar con un préstamo, y 17 por ciento admite haber recibido ayuda.
Osman Milla, un emigrante hondureño que vive en Washington, es uno de los que proporciona ayuda en lugar de recibirla. Comparte casa con otros cinco compatriotas y uno de ellos perdió su trabajo. Después de gastar el dinero obtenido de la venta de su coche, son sus compañeros de vivienda los que le pagan la comida mientras intenta encontrar trabajo. “No sabemos hasta cuándo podremos seguir”, asegura Milla.
El hondureño se siente un privilegiado porque conserva sus dos empleos: uno limpiando un edificio de oficinas y otro seleccionando fruta y verduras en un almacén mayorista. Ello le permite seguir mandando 250 dólares al mes a sus padres, aunque en el almacén le han reducido las horas porque no hay suficiente negocio. Algo similar le ocurre a su cuñado, en cuyo empleo le redujeron las horas diarias de doce a cinco y el pago de 22 dólares a 17.
Para todos los que enfrentan dificultades, el sacrificio último es trasladarse de estado. Porque por muy difíciles que se pongan las condiciones, volver a su país de origen es, como explica Meins, “más que el último recurso”. En tiempos buenos y también en los malos, la familia en el país de origen sigue necesitando los dólares.
La Jornada