La fiebre del litio llega al altiplano de Bolivia

September 8, 2009 by Revista Opción  
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LaFiebreEn medio del Salar de Uyuni, el mayor desierto de sal del mundo, la primera palabra que viene a la cabeza es «nada». No hay nada hasta donde alcanza la vista. Ni un árbol, ni un arbusto; ni un altozano ni un valle, nada más que una interminable superficie de intenso color blanco.
El Altiplano salobre de Bolivia, en el corazón de los Andes y sin salida al mar, es un territorio áspero y sobrecogedor. Desde los tiempos de los incas, la humanidad no ha dejado muchas huellas. Eso podría estar a punto de cambiar, sin embargo. No hay nada más que excavar un poco y se encuentra una mezcla de agua y sal rica en depósitos de litio, el metal más ligero del mundo.
Igual que la invención de las cubiertas neumáticas convirtió el caucho en una materia prima de gran valor en el siglo XIX, se espera que la tendencia hacia las tecnologías verdes haga lo mismo por el litio en el siglo XXI. Durante años, se han empleado pequeñas cantidades en ordenadores portátiles y otros aparatos, pero en la actualidad se espera su uso masivo en baterías de automóviles eléctricos, el esperado sustituto de los vehículos movidos con gasolina y gasóleo.
Es una magnífica noticia para Bolivia. Se cree que el país atesora 5,4 millones de toneladas de litio, la mitad de las existencias mundiales. «El litio es de capital importancia para nosotros y para el mundo», ha declarado el ministro de Minería y Metalurgia de Bolivia, Luis Alberto Echazú. «Tenemos la esperanza de extraer 1.200 toneladas el próximo año, y eso no es más que el principio. Cuando alcancemos el pleno funcionamiento, estaremos produciendo del orden de 10 o 15 veces esa cantidad», añade el funcionario boliviano.
En el Salar de Uyuni se han abierto ya cuatro pozos y se está construyendo una planta piloto de propiedad pública cerca de la aldea de Río Grande, al borde del desierto. Hay un problema, sin embargo. El Gobierno de Bolivia tiene la costumbre de enfrentarse con las multinacionales extranjeras en otros sectores productivos y todavía no ha cerrado ningún acuerdo con los inversores de fuera que necesitan proveerse de cantidades importantes de litio.
Temor a un fiasco
Las empresas extranjeras tienen miedo de llegar a acuerdos con un Gobierno que confisca el patrimonio invertido y que incumple los contratos, ha manifestado Carlos Alberto López, un ex ministro boliviano de energía que trabaja como consultor con la firma Cambridge Energy Research Associates. «Esta Bolivia fuertemente ideologizada no se compagina bien con las realidades empresariales y comerciales», ha opinado.
Los pesimistas se temen un fiasco: por un lado, los fabricantes de automóviles sin baterías para impulsar sus vehículos eléctricos y, por otro, Bolivia, uno de los países más pobres del continente, despreciando una oportunidad de desarrollo económico. El presidente de la república, Evo Morales, teme por su parte que las multinacionales occidentales esquilmen toda la riqueza del Salar de Uyuni. Para Morales, el litio representa su gran prueba de fuego.
«El Gobierno de Bolivia no cederá jamás el control de este recurso natural», ha manifestado, aunque reconoce que a Bolivia le hace falta un socio extranjero.
El Gobierno mantiene conversaciones con grandes empresas como Bollore Group, de Francia, LG Group, de Corea del Sur, y los japoneses de Sumitomo y Mitsubishi. El Ejecutivo ha informado de que su elección se inclinará por un socio que ayude a la industria boliviana en su conjunto, no sólo al sector minero. La idea es procesar el litio y añadirle valor nada más ser extraído, mediante la fabricación de las pilas, por ejemplo, e incluso mediante la construcción de series de automóviles eléctricos.
La planta piloto de propiedad pública cerca de Río Grande, con una inversión de 4,2 millones de euros, es el primer paso en esta dirección. Al final de una pista de tierra, docenas de trabajadores se afanan en la construcción de unos barracones que albergarán a técnicos y a mineros. Elevando la voz por encima del zumbido de un generador eléctrico, Marcelo Castro, de 48 años, responsable de las obras sobre el terreno, rezuma orgullo patriótico. «Estamos levantándolo todo desde cero; éste es un momento histórico. Estamos trabajando para nosotros mismos».
Los escépticos opinan que no es más que un delirio. Las obras de la planta piloto avanzan con una lentitud extraordinaria, las conversaciones con las multinacionales se eternizan sin llegar a ninguna parte y no hay programado ningún calendario de entrada en producción.
El Mundo

Ayuda calentamiento a pueblo inca

August 20, 2009 by Revista Opción  
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CalentamientoIncaUn período de calentamiento global contribuyó al crecimiento del Imperio Inca, permitiendo una mayor producción de alimentos cultivados en tierras de gran altitud, irrigadas con agua del deshielo de glaciares.
Alex Chepstow-Lusty, titular del estudio, explicó que la expansión del Imperio Inca -que estuvo ubicado en lo que ahora es Perú y se extendió a parte de los actuales territorios de Colombia, Ecuador, Chile y Bolivia- usualmente está atribuida a una organización sofisticada, con una gran fuerza laboral y un ejército grande.
Pero la nueva evidencia de una muestra del suelo tomada del lecho de un lago seco en Marcacocha, en las alturas de los Andes, señala que un período de 400 años de calentamiento natural que empezó en el año mil 100 d.C. también habría tenido un crucial rol en el crecimiento de los incas.
Los incas construyeron el mayor imperio en el nuevo mundo entre mil 400 y mil 532 d.C., cuando llegaron los conquistadores españoles.
“Si no hubiera habido calentamiento global desde el mil 100 d.C. no hubiera sido posible para las personas subir a estos valles y no hubiese habido un Imperio Inca”, dijo Chepstow-Lusty.
Durante 16 años, el paleontólogo británico, que trabaja para el Instituto Francés de Estudios Andinos en Lima, ha trabajado analizando muestras del suelo extraídas del lecho de un lago cerca de Cusco, la ciudad que una vez fue el centro del imperio Inca.
El suelo evidencia cambios en el clima durante un período de 4 mil años y tiene restos de polen, semillas y carbón que indica que tipo de cultivos los incas plantaron, agregó el especialista.
Los incas usaron la irrigación y los andenes que cortaban las pendientes de las montañas andinas para producir alimentos en gran escala. Su eficiente sistema de caminos tampoco tuvo precedentes en el Nuevo Mundo pre-colombino.
Chepstow-Lusty, cuya investigación fue recientemente publicada en la publicación Climate of the Past, dijo que las temperaturas calientes permitieron que los incas subir a las alturas de las montañas y usar sistemas de andenes para incrementar sus cosechas cultivadas.
La idea es que las altas temperaturas que derretían los glaciares de la región durante esa época permitían que los incas tuvieran abastecimiento de agua para todo un año.
Alimento abundante
“El imperio inca dependía de los alimentos y ante las grandes cantidades de alimentos que producían podían tener un Ejército muy grande y una gran fuerza laboral con la que construir caminos y otra infraestructura”, explicó.
Miles de andenes ancestrales y abandonadas cubren las montañas que rodean al Cusco, las que recuerdan de un imperio anclado en altitudes impensables.
Pero no todos los expertos concuerdan con Chepstow-Lusty.
Víctor Angles Vargas, ex profesor de la Universidad Nacional San Antonio Abad en Cusco y quien ha escrito varios libros sobre los incas, duda que el cambio climático haya tenido que ver con el desarrollo de su imperio.
“La temperatura varía ampliamente en Perú. Los incas no estaban sólo en un lugar en específico, su imperio abarcaba varios climas diferentes”, dijo Vargas.
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