La gripe se contamina de política
May 8, 2009 by Revista Opción
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Aunque nadie quiere hacer la pregunta en voz alta, no son pocos los que se han cuestionado en privado qué habría pasado en México si el virus A H1N1 hubiera resultado más mortífero. Cosa de contrastar la realidad escolar con las recomendaciones sanitarias. Lo que más ha pedido el Gobierno es que todos se laven las manos cuantas veces puedan. Ese es el discurso. La realidad: el 40% de las 5.201 escuelas de primaria del Distrito Federal tiene baños en malas condiciones.
“Tenemos aulas que no cuentan con los mínimos servicios; no tenemos agua, no hay sanitarios en muchos planteles, no hay lavabos… El Gobierno deberá presentar un programa que nos garantice que nuestros niños y jóvenes tendrán acceso a sanitarios aseados, a agua y todos los requerimientos indispensables para tener instalaciones adecuadas”.
La autora de la declaración es Elba Esther Gordillo, líder durante 20 años del poderoso Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación, que agrupa a millón y medio de profesores. Lo dijo el miércoles en Monterrey, norte del país. Ayer en la capital, en un tono más conciliador pidió, acompañada del ministro de Educación, Alonso Lujambio, capacitación para los profesores con respecto a la epidemia de gripe A, que oficialmente hasta ayer se ha cobrado 44 muertes.
El problema es que en México muchos ven precisamente a Gordillo como uno de los principales obstáculos para la modernización del sector educativo, último en la clasificación de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), y consideran una de las faltas más graves del presidente Felipe Calderón la alianza entre ambos desde que éste era candidato.
“La relación Calderón-Gordillo se había tensado después de que no habían logrado una alianza de cara a las elecciones del 5 de julio próximo. Hoy, sin embargo, es Calderón, como en el pasado para lograr la presidencia, quien necesita de los favores de la líder magisterial para sortear una crisis”, apunta Alberto Aguirre, coautor de Doña Perpetua, una biografía de Elba Esther Gordillo publicada el año pasado.
Vuelta a las escuelas
En otras palabras, la epidemia de gripe ya se ha contaminado con los juegos del poder. Ayer retornaron a clase en todo el país los estudiantes de bachillerato y Universidad. El lunes próximo volverán los más de 25 millones de alumnos de educación básica.
Gordillo tiene otra cosa a su favor. Cada año en estas fechas, el Gobierno y su sindicato se sientan a negociar el aumento salarial que siempre se anuncia la víspera del 15 de mayo, día en que se festeja el día del maestro. Y cada año Gordillo obtiene lo que se propone. El Gobierno, a cambio, se queda con promesas de esfuerzos de los docentes para elevar el nivel educativo en el país.
El ministro Lujambio se estrena este año en la negociación salarial. Su antecesora, Josefina Vázquez Mota, tuvo que lidiar durante más de dos años con los desdenes públicos de Gordillo. Llegaron al punto de no dirigirse la palabra en eventos en los que estaba el presidente Calderón.
Por lo pronto, y a pesar de los días de escuela que perdieron los alumnos, Gordillo ya advirtió que no suspenderá el festivo del 15 de mayo. “Más que nunca, los maestros necesitan ser reconocidos. Si el Gobierno tuviera alguna dificultad para realizarlo, el sindicato hará lo propio para festejar a los maestros de México”.
El País
Chávez quiere volver a ser Chávez
February 15, 2009 by Revista Opción
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Media hora después de que policías secretos sacaran en volandas de su hotel en Caracas al eurodiputado español Luis Herrero y lo pusieran de patitas en el aeropuerto, el teléfono móvil del reportero se puso a sonar. “Sí, ¿dígame…?”. Una voz de hombre anunció: “Te habla Chávez”. Hubo unos segundos de espera, que el periodista empleó en pensar cómo diablos el presidente de Venezuela se habría enterado del número de su celular, adquirido apenas un día antes en el centro comercial Sabana Grande. En esas estaba cuando, efectivamente, el mismísimo Hugo Chávez se puso a hablar. Sin duda era su voz. Habló de los hijos, del futuro, de la dignidad, de la patria… Utilizó un tono sosegado y le imprimió cercanía al momento empleando el tuteo. Eso sí, después de dos minutos de charla -algo insignificante para lo habitual en él- el comandante de la revolución bolivariana colgó sin despedirse. Se trataba de una grabación.
Hay lugares de Venezuela donde el agua no llega nunca y la leche en días alternos, pero raro es el venezolano que no tiene dos teléfonos móviles. De ahí que, apenas unos minutos antes de acabarse la jornada electoral, Chávez utilizara la compañía Movilnet -nacionalizada en enero de 2007- para enviar a sus más de 11 millones de usuarios un mensaje muy claro: “Vota sí”. Su voz, tantas veces tronante, se refugiaba ahora en la intimidad del teléfono para apelar a lo más sagrado de cada uno y pedir, por enésima vez, la aprobación en el referéndum de hoy de una enmienda constitucional que le permita presentarse indefinidamente a la reelección. Si no lo logra -ya fracasó en otra consulta popular en diciembre de 2007-, su futuro político se acabaría en 2012, aunque nadie descarta en Venezuela que, una vez repuesto de un segundo batacazo, el comandante lo intentase cuantas veces fuera necesario.
Lo cierto es que, a pesar de haber tenido que acudir a las urnas 15 veces en los últimos 10 años, los venezolanos siguen estando “a la orden” -una expresión muy utilizada aquí- cada vez que son llamados a votar. La política forma parte de la vida cotidiana, y ya sea a favor o en contra de Chávez, los ciudadanos expresan sus pareces en público sin mayor problema. Con pasión, pero sin violencia. Basta bajar al metro que recorre eficazmente el subsuelo de Caracas. El usuario, más seguro bajo tierra que a plena luz del día, ha soportado durante el último mes un bombardeo electoral. El jueves, una ola roja de partidarios de Chávez atestaron los vagones a la ida y a la vuelta del mitin de su líder. Hicieron sonar bocinas y entonaron sus cánticos habituales, que los partidarios del no soportaron con elegancia: “Uh, ah, Chávez sí va…”.
Lo mismo sucedió el viernes, pero al revés. Los muchachos del no -la mayor movilización contra Chávez sigue protagonizada por jóvenes universitarios- recorrieron los vagones repartiendo octavillas. En algunas de ellas se resumen muy bien los argumentos de la oposición para solicitar que la Constitución no sea reformada y que el sistema electoral siga como ahora: un período presidencial de seis años, con opción a una reelección consecutiva.
Una de las cuartillas intenta darle a Chávez donde más le duele y utiliza una cita de Simón Bolívar, el héroe omnipresente: “Nada es tan peligroso como dejar permanecer largo tiempo a un mismo ciudadano en el poder. El pueblo se acostumbra a obedecerle y él se acostumbra a mandarlo; de donde se origina la usurpación y la tiranía”. En el reverso del papel -titulado con gracia Ya Bolívar dijo No- aparecen sendas fotografías de Fidel Castro, una de 1959 y otra con el chándal que viste en la actualidad: “Cuba socialista (comunista) es el único país de Latinoamérica donde existe la reelección presidencial indefinida…”.
Los muchachos que reparten los folletos -bien educados, bien vestidos, bien alimentados desde pequeños- plantean una serie de preguntas: “¿Estás conforme con la situación de inseguridad? ¿Y con la calidad de los hospitales? ¿Y con el alto coste de la vida? ¿Y con la calidad de nuestras escuelas públicas? ¿Y con la escasez de viviendas…?”.
Ninguna de esas cuestiones, evidentemente, marcha bien en Venezuela. De hecho, todo el mundo da por cierto que Chávez planteó el referéndum ahora -tan cerca de su anterior derrota- porque la crisis económica va a pegar duro en Venezuela. La inflación ha llegado ya casi al 31% -del 41% en los alimentos- y se prevé que el ingreso petrolero disminuya en 40.000 dólares, pues el precio del barril venezolano ha caído el 70% en menos de un año. La sombra de la corrupción es cada vez mayor y los métodos de represión, cada vez más expeditivos. Pero también es verdad que, muchos de los interpelados, miran a un pasado no muy lejano y recuerdan un país más desigual al de ahora.
Un ejemplo -emblemático por más señas- es el de La Piedrita. Encuadrada en el barrio 23 de enero, La Piedrita sigue siendo un lugar sucio, inseguro, con construcciones en precario y un extraño árbol lleno del que cuelgan peluches y bajo el que jóvenes sin oficio destripan coches de dudosa procedencia. Tal vez, a simple vista, el paisaje no haya cambiado mucho desde que Chávez llegó hace ya 10 años al poder. Pero en una esquina de La Piedrita -como en una esquina de cada barrio de Caracas- hay una pequeña construcción a la que llaman módulo de Barrio Adentro y cuya misión es brindar atención primaria en salud. Y basta escuchar a cualquiera de los líderes vecinales para hallar indicios de por qué Chávez llegó al poder y de por qué sigue manteniendo el apoyo de buena parte de la población.
“No estamos bien, hay muchas carencias, pero aquí ya no se allana ni se desaparece a nadie”. El entrevistado tiene 38 años y recuerda cómo el Ejército entraba con armas de largo alcance, daba palizas, entraba en las casas por los sospechosos destruyendo a su paso los pocos enseres que el tiempo y la pobreza todavía dejaban funcionar. Mi madre no quería comprar un refrigerador porque sabía que, en cuanto entrara la policía, lo destrozaría…
-Pero de qué época estamos hablando…
-De todas las épocas hasta que llegó Chávez.
Así que, estar o no con Chávez en Venezuela, no es sólo una cuestión política. También es una cuestión de piel. Los gobernantes que representan al bloque opositor son, casi con toda seguridad, más demócratas que los instalados ahora en el poder, pero para una buena parte de la población siguen representando una época muy dura donde había pobres y ricos y, en medio, una profunda trinchera. Ahora en casi todas esas zonas ya hay médicos, y unos planes de alfabetización -misiones- que mal o bien hacen sentir a los desheredados que ellos también existen. Hay quien dice que los médicos desplazados a esas zonas poco pueden hacer, dada la avalancha de pacientes y de problemas. Su presencia es meramente testimonial, casi publicitaria.
“Si te duele de cintura para arriba te recetan una aspirina. Si de cintura para abajo, una buscapina…”. La cuestión, que todavía pesa a la hora de votar y contra la que tiene que luchar la oposición a Chávez, es que hasta no hace tanto en esos barrios de mala muerte y peor vida nadie había visto a un médico.
El País




