Obama cree que logrará el apoyo del Congreso para su reforma sanitaria
September 14, 2009 by Revista Opción
Filed under Portada
El presidente de EEUU, Barack Obama, dijo este domingo que cree que logrará suficiente respaldo en el Congreso para que se apruebe una “buena” reforma sanitaria, y criticó a los republicanos por anteponer los intereses políticos a todo lo demás.
“Creo que tendremos suficientes votos para aprobar no sólo un proyecto de ley sobre salud cualquiera, sino un buen proyecto de ley que ayude a los estadounidenses, reduzca los costos, y que ponga el déficit bajo control a largo plazo”, dijo Obama en una entrevista en la cadena ‘CBS’.
Su aparición en el magazine ‘60 Minutes’, en horario de máxima audiencia, forma parte de una campaña de relaciones públicas lanzada la semana pasada por la Casa Blanca para retomar el protagonismo en el debate sobre salud, después de que en agosto ocuparan el espacio central las voces críticas al plan. El pasado miércoles se dirigió también al Congreso de los Representantes y al Senado en conjunto para defender su proyecto.
“Hay algunos en el Partido Republicano que piensan que lo mejor es simplemente acabar con la reforma, que eso sería un buen paso a nivel político para ellos”, se quejó el presidente en la entrevista, que fue grabada el viernes.
La mejor oportunidad para el país
Aún así, Obama enfatizó que ésta es la mejor oportunidad que ha tenido el país para lograr extender la cobertura universal de salud a todos los ciudadanos.
“No tengo ningún interés en que se apruebe un proyecto de ley que no funcione. Tengo intención de ser presidente durante cierto tiempo y una vez que el proyecto de ley salga adelante, llevará mis iniciales”, dijo.
“Si la gente dice, ¿sabes qué? No ha reducido mis gastos. Mis pagos han subido un 25%, las compañías de seguros juegan conmigo. Me responsabilizarán a mí de ello”, añadió.
El sábado decenas de miles de conservadores tomaron el centro de Washington para protestar contra el plan de salud de Obama, que consideran parte de sus políticas “socialistas”.
Políticas ’socialistas’
Una de sus quejas es que ese proyecto elevará enormemente la deuda nacional, algo que el presidente intentó refutar en la entrevista.
El mandatario señaló que Estados Unidos gasta actualmente más de 2 billones de dólares al año en salud, más que ningún otro país en términos per cápita.
Obama dijo que el sistema puede hacerse mucho más eficiente, con lo que se logrará ahorrar suficiente dinero para pagar por la reforma, la cual aspira a cubrir a los más de 46 millones de estadounidenses que no gozan de seguro actualmente.
El Mundo
Miles de ‘ultras’ protestan en Washington contra el “socialismo” de Obama
September 13, 2009 by Revista Opción
Filed under Portada
Los más conservadores entre los conservadores; los ultras; los radicales a la derecha de la derecha más recalcitrante; los que creen que la Administración de Barack Obama lleva el país al socialismo; los que niegan que el presidente haya nacido en Hawai y sea norteamericano -y por tanto elegible electoralmente-; los que han adoptado la esvástica nazi y claman por la pureza de la raza americana.
Todos ellos, muchos más de los que esperaban las previsiones más optimistas, decenas de miles, se concentraron ayer en las cercanías del Capitolio de Washington para protestar contra las políticas y “el gasto descontrolado” del Gobierno.
Si la marcha debía de haber comenzado al mediodía, se inició pasadas las diez y media de la mañana debido a la gran acumulación de gente que reclamaba comenzar a andar por Pensylvania Avenue hacia las escalinatas del Capitolio. Indignados, desafiantes y, en ocasiones, beligerantes contra la prensa que consideran izquierdista y a favor de Obama, los manifestantes dejaron oír alto y claro su descontento con el plan de salud propuesto por el Gabinete demócrata. “El plan de Obama me pone enferma”, portaba Lisa Tobbe, llegada a la capital de la nación la noche anterior procedente de Carolina del Norte. “Yo no soy tu cajero automático”, gritaba encolerizado Art Murphy, 76 años, que asegura que nunca antes se había manifestado pero que “todo tiene un límite”.
El límite está en la talla del Gobierno. Y los ultras conservadores que ayer tomaron el Capitolio están convencidos de que ha superado el tamaño aceptable -que en opinión de los más recalcitrantes debería ser ninguno- y se acerca peligrosamente al “socialismo”. “La frase ‘Nosotros, el pueblo’ está dejando de existir”, protesta Greg Huntley.
“Hay que parar los pies a Obama y sus agentes antes de que acaben con América”, añade. “Nadie habla por nosotros, nadie nos escucha, así que hemos tenido que salir a la calle”, dice Kathleen Motes, con dos niños agarrados a la mano izquierda y una pancarta en la derecha donde se lee: “Seamos ecológicos, reciclemos el Congreso”. Motes llegó a Washington tras 20 horas de autobús desde Montgomery (Alabama). “Es momento de actuar o dentro de poco será demasiado tarde”, decía.
Demasiado tarde será si la Casa Blanca logra aprobar el plan de salud propuesto por Obama. “Gasto, gasto y más gasto”, se queja esta mujer cuyo marido pertenece al Movimiento Nacional Socialista, un grupo supremacista blanco, y que ayer mostraba orgulloso a las cámaras la bandera que mezcla la enseña norteamericana con la esvástica. “Poder para los blancos”, repetía monocorde.
El Partido Republicano tenía su representación en los discursos que ayer se pronunciaron. Desde el senador de Carolina del Sur Jim DeMint hasta los congresistas Mike Pence, Tom Price y Marsha Blackburn. Pero también teme que se le identifique con elementos muy radicales u opiniones como las vertidas en el blog de Freedomworks, que comparaba el discurso que Obama dio en un colegio el pasado martes con las tácticas de los dictadores Mao Zedong, Stalin o Pol Pot.
El acto de ayer fue la culminación de un movimiento de protesta generalizado contra los impuestos comenzado a mediados del mes de abril. No es coincidencia que se iniciara en la fecha en la que los estadounidenses entregan su declaración de la renta, que responde al nombre de tea party, en referencia al Motín del Té de Boston de 1773, acto de protesta de los colonos contra los británicos por gravar la importación de ciertos productos, entre ellos el té. Aquel motín fue el detonante de la guerra de Independencia contra la metrópoli británica.
“Mentiroso, mentiroso”, gritaba ayer la masa haciendo alusión a Obama y recogiendo el sentir expresado por el congresista republicano Joe Wilson que interrumpió con su grito al presidente el pasado miércoles durante su comparecencia extraordinaria en el Capitolio. “Ni siquiera es uno de los nuestros”, decía Nora, que no quería aportar su apellido pero repartía sin problemas fotocopias del certificado de nacimiento de Obama que aseguraban que no es un ciudadano norteamericano. “Tenemos un presidente ilegítimo”, decía. “Un presidente que va a acabar con América y los americanos. Ha llegado el momento de actuar, abajo el Gobierno”.
Desde la cadena Fox, el presentador, fanático político y ultra radical Glenn Beck llamaba a la causa. El locutor Rush Limbaugh asegura que él hace años que la reclama.
El País
Una Colorada
March 17, 2009 by Revista Opción
Filed under Opinion
Lilia Cisneros Luján / La ironía llega al límite, cuando los canales de lavado cerebral, divulgan la “ignorancia” de ciudadanos entrevistados que desconocen el porqué del feriado lunes 16 de marzo. “Es la primavera, la batalla de Puebla, lo del petróleo, creo que la bandera o …..La verdad no se” fueron algunas de las respuestas. Ni uno mencionó el natalicio de Benito Juárez García –y sospechamos que alguien respondió correctamente; pero al parecer, se trata de borrar la memoria histórica- curiosamente en un contexto de bicentenario y de “coincidencia”. Hoy igual que en el siglo XIX, las pugnas entre conservadores y liberales –derecha-izquierda, burgueses-proletarios, ricos-pobres- están a la orden del día. Cuando Benito Juárez asumió la primera magistratura –la constitución preveía que al faltar el primer mandatario, le correspondía el cargo al presidente de la Suprema Corte de Justicia- los conservadores no acataron lo establecido por la Carta Magna y nombraron a Félix Zuloaga, -quien ya había traicionado a Comonfort- por lo cual el país tenía dos presidentes.
Empeñados los conservadores en mantener el poder, persiguen al presidente legítimo e inician la guerra de tres años (1858-1861), obligando a Benito Juárez a: trasladar su gobierno primero a Guanajuato, luego a Jalisco –donde estuvo a punto de perder la vida- huir por Manzanillo, ir a Panamá y Nueva Orleáns, regresar por Veracruz, lamentar la postura de mexicanos -posiblemente bien intencionados pero seguramente muy manipulados- que decían amar a México, aunque no tuvieran empacho en invitar a extranjeros para gobernarnos, enfrentar a los franceses y, finalmente, después de la victoria liberal de Calpulalpan (1860), entrar a la capital hasta enero de 1861.
En los prolegómenos de la celebración del bicentenario de la independencia, todos los avances legislativos iniciados desde 1833, por Valentín Gómez Farías, las llamadas leyes Lerdo, Juárez y en general las de los liberales moderados que se plasmaron en la constitución de 1857, más las calificadas por los enemigos de Juárez como “Leyes de reforma de contenido radical” -Registro civil, Nacionalización de Bienes Eclesiásticos, Matrimonio Civil, Secularización de Cementerios, Días Festivos, (1859) Libertad de cultos (1860), Hospitales y Beneficencia (1861), Extinción de Comunidades Religiosas (1863)- son, más que letra muerta, anhelos frustrados, logros robados, retorno a los privilegios de los poderes fácticos, atentados a la libertad de expresión, caos, motines, concentración de la riqueza, abandono de la tierra, cierre de empresas, restricciones a la libertad de enseñanza –vía altos costos y regreso a lo dogmático clerical- violación de las garantías individuales, reversión de la descentralización de las decisiones políticas, en franca ruptura del pacto federal y, violación a la autonomía municipal.
Benito Juárez, indígena zapoteca que nació con la primavera hace doscientos tres años, cuando todavía éramos un virreinato de la Nueva España, con absoluta influencia clerical, se convirtió en un símbolo nacional por su visión, empeño y congruencia; lo cual le permitió rebasar la subordinación colonial, superar el predominio eclesiástico y construir un Estado laico sustentado en leyes. Repeler al invasor, resolver las luchas internas, afrontar las consecuencias de la pérdida de más de la mitad del territorio y “dar a cada quien lo suyo” como sostenía el antiguo derecho romano, requería de un carácter con la fuerza suficiente para remontar el destino de su origen. Si Juárez no hubiese contado con el sustento académico que lo convirtió en jurista y experto constitucionalista o la sensibilidad política lograda por su desempeño, como diputado y gobernador –primero interino y luego constitucional- de Oaxaca, quizá jamás hubiese logrado ser un Hombre de Estado. Asumir la responsabilidad de conducir el ejecutivo de una nación, a pocos días de haber sido nombrado presidente de la SCJ, en el marco del golpe de estado en contra de Ignacio Comonfort y con un poder legislativo sobrevaluado, suponía decisiones certeras y enérgicas ¿Quién, como lo hizo entonces Benito Juárez, puede presumir ahora de estar privilegiando la vía política en vez de optar por la sedición? ¿Qué medidas se están instrumentando para evitar la supremacía de un poder sobre otro? ¿Cuales son, a casi doscientos años de independencia y a doscientos tres del nacimiento del llamado benemérito de las Américas”, los mecanismos legales y reales de equilibro entre los tres poderes?
Ojalá que el próximo sábado, además de descansar del turismo de este “fin de semana largo”, o de recibir la energía esotérica, alguien recuerde y, mejor aun, haga el propósito de retomar las grandes líneas de política exterior legadas por Benito Juárez. Sano sería, en medio de esta crisis mundial, revisar no sólo el TLC, como lo exige la soberanía nacional, sino estudiar como manejó la declaratoria de moratoria para la deuda exterior y de que forma cumplió el compromiso de pago de las “deudas justamente pactadas” en base a la estricta igualdad y justicia para las potencias oprimidas. Potencias que entonces consideraron a México como ejemplo de soberanía y dignidad, pueblos hoy empobrecidos y envejecidos, cuyos hijos y nietos están perdiendo la memoria.





