El jueves presentan libro sobre vida, obra de Juan Rulfo

June 24, 2009 by Revista Opción  
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aff3387d096a5835f8a7852beb59d65bEditado por la Dirección General de Publicaciones del Conaculta, el libro “Un tiempo suspendido: cronología de la vida y la obra de Juan Rulfo”, escrito por Roberto García Bonilla, será presentado el 25 de junio en la Antigua Capilla del Palacio de Minería.
El acto contará con la participación de Fabianne Bradu, Evodio Escalante, Felipe Garrido, Ilán Semo y el autor, en tanto que el moderador será Federico Álvarez Arregui.
El libro hace un recuento minucioso de la vida y obra de uno de los más destacados escritores de la literatura mexicana, quien pasó a la posteridad con sus obras “Pedro Páramo” y “El llano en llamas”.
Si bien es cierto que la imagen de Juan Rulfo y su obra misma están rodeadas de enigmas, secretos y mitos, a través de más de mil 200 referencias y citas sobre el escritor jalisciense, García Bonilla realizó una investigación a fondo para retratar al personaje y al artista que llevaba dentro el escritor.
En el prólogo, Carlos Blanco Aguinaga precisa que el libro de Roberto García Bonilla “es como un regalo para todos los que hemos sido y seguimos siendo entusiastas admiradores de la obra de Juan Rulfo”.
La obra empieza con breves notas biográficas sobre los bisabuelos, abuelos y abuelas del escritor y, a partir del nacimiento del jalisciense, cada año y cada día nos informa no sólo sobre los quehaceres y andanzas, dichos y hechos de Rulfo, sino sobre lo que unos y otros dijeron y escribieron acerca de éste.
La cronología contiene temas que van desde la historia del noviazgo del escritor con quien sería su esposa, su relación con Efrén Hernández en la Secretaría de Gobernación, su angustia cuando era “capataz” de los obreros en la Goodrich Euzkadi, los recuerdos de su dolorosa niñez y sus viajes a Europa e Hispanoamérica.
El libro explora la existencia de Juan Rulfo hasta en sus más íntimos detalles. La principal intención del autor fue realizar un estudio exhaustivo del escritor, a través de un abundante compendio biblio-hemerográfico, que le llevó una década conjuntarlo luego de exhaustas investigaciones.
“Esta no es una versión propia de lo que para mí es Rulfo, sino una exposición exhaustiva de lo que han dicho sobre él comentaristas, biógrafos, críticos y periodistas. Hay muchos equívocos y maledicencias en torno a él, que han colaborado a su mito, pero yo dejo que los lectores saquen sus propias conclusiones”, refiere García Bonilla.
Luego de adentrarse en los antepasados más lejanos de Rulfo, el también autor de libros como “Visiones sonoras” (Siglo XXI/Conaculta, 2002) y “Voces encontradas.
Un recuento fragmentario de la crítica y la prensa en torno a Juan Rulfo” (en prensa), consigna información no sólo sobre los datos biográficos del escritor, sino también sobre su “extraordinaria vida anímica”.
También de su vena de fotógrafo, su sensibilidad ante los pueblos indígenas y su enorme capacidad de aprender de las cosas más sencillas.
García Bonilla refiere que si bien Rulfo no había tenido aventuras, viajes o encuentros extraordinarios, sí tenía en cambio una amplísima cultura literaria y gran curiosidad por el mundo.
“Podía hablar de cualquier cosa, aunque no lo proyectara en discursos o en conferencias de prensa”, dijo.
Era un hombre de provincia que quería recuperar lo más primigenio y auténtico de la gente. A veces eludía la fama de manera juguetona, pero también podía ser rotundo a la hora de decir “no me molesten, no quiero que me usen, no quiero ser parte de la leyenda”, concluye García Bonilla.
Milenio

“Mi sufrimiento vale un carajo comparado con esa masacre”

February 6, 2009 by Revista Opción  
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“Mis compañeros eran sólo vida; las FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia) se la arrebataron miserablemente. Mi sufrimiento vale un carajo comparado con esa masacre”. Así se expresó ayer, horas después de volver a la libertad, Sigifredo López, el único superviviente de los 12 diputados de Cali, la tercera ciudad de Colombia, que fueron secuestrados por esta guerrilla en un cinematográfico operativo en abril de 2002; los otros 11 murieron en 2007, estando aún cautivos, en una acción guerrillera aún sin aclarar.
Con una mezcla de alegría profunda y de dolor también profundo este abogado de 45 años llegó ayer al aeropuerto Bonilla Arangón. Sus dos hijos adolescentes corrieron hacia él cuando lo vieron bajar del helicóptero militar de Brasil con insignias de la Cruz Roja Internacional, y casi lo tumban con su abrazo de felicidad. El mayor le tomó la cabeza con las dos manos, lo miró una y otra vez con incredulidad, y le dio besos en la frente. La misión humanitaria lo recogió por la mañana en un punto de la costa pacífica al suroeste del país.
En contraste a su alegría, allí también estaba presente el dolor de las viudas, los padres y los hijos de los que no regresaron. “Es muy doloroso; con su llegada esperamos terminar el duelo”, dijo entre lágrimas, tras darle un abrazo de bienvenida, Fabiola Perdomo, una de las viudas de los diputados muertos. En medio del abrazo, Sigifredo le contó al oído que Juan Carlos, su esposo, escribió varios cuentos y que otro de sus compañeros de pesadilla compuso más de 80 canciones, pero los guerrilleros no le permitieron traer ninguno de estos escritos.
Él también escribió poemas y un ensayo sobre la muerte de sus compañeros. Todo se quedó en la selva. “Las FARC no sólo acabaron con nuestros sueños, acabaron con nuestros recuerdos”, aseguró con dolor y rabia Perdomo.
Testigo del dolor
“López es testigo histórico de ese aberrante crimen”, dijo John Jairo Hoyos, hijo de uno de los muertos. Espera que el recién llegado le aclarare los interrogantes que lo han atormentado en los últimos años: ¿qué pensaba su padre?, ¿qué le acongojaba?, ¿cómo vivió en cautiverio?
Ayer ya empezó a aclarar algunas dudas. En una conferencia de prensa, contó cómo murieron sus 11 compañeros diputados. Ocurrió a las 11.30 de la mañana del 18 de junio de 2007. Él estaba separado del grupo por una muralla de palma, castigado por “insubordinado” y encadenado. A esa hora, en “un día de sol esplendoroso”, oyó dos tiros, seguidos de otros tantos que terminaron en ráfagas y gritos de guerra. “Me tiré al suelo, pensé ‘es un rescate’ y pedí: Dios mío, protégeme”. Luego escuchó gritos: “No los dejen ir, no los dejen ir…”. Unos minutos de silencio y se acercaron dos guerrilleros con los rostros descompuestos. ¿Qué vio?, le preguntaron. “Nada”, respondió. Se lo llevaron encadenado a otro campamento. Preguntó si sus compañeros ya habían salido y le dijeron que sí. Sólo se enteró de lo que había ocurrido el 28 de junio. Por la radio, como todo el país. Unos días antes, un guerrillero le había dicho: “Los huevones del 29 entraron sin avisar…”.
En este país, cada día más polarizado, se llegó a decir que López se salvó por algún tipo de complicidad con las FARC.
Fin del secuestro político
Desde el aeropuerto, López fue llevado ayer en caravana hasta una plaza
central de Cali. “El terrible asesinato de mis compañeros es una huella que el país no puede olvidar”, dijo en su largo discurso. Abogó, una y otra vez, por el intercambio humanitario, por el diálogo para lograr la paz, por la tolerancia en un país donde es habitual satanizar al opositor.
La libertad de López significa el fin del secuestro político como herramienta para presionar el canje de rehenes por guerrilleros presos. El balance es doloroso: 13 muertos, 8 entregados de manera unilateral por las FARC, 2 fugados y 15 rescatados por el Ejército, entre ellos Ingrid Betancourt. ¿De qué les sirvió a las FARC robarnos años de vida?, se preguntaba ayer Luis Eladio Pérez, uno de los liberados el año pasado. Quedan 22 policías y militares “pudriéndose en la selva”, como denunció Alan Jara, liberado esta misma semana. Con ellos, las FARC insistirán en conseguir un intercambio por sus combatientes presos. Pero, para aceptarlo, el Gobierno pone como condición inamovible que los insurgentes que salgan de la cárcel no vuelvan a las filas guerrilleras.
La serie de liberaciones anunciada el pasado diciembre por las FARC comenzó el domingo pasado, cuando la guerrilla entregó en las selvas del suroeste de Colombia a tres policías y un militar, y continuó el martes con la puesta en libertad de Alan Jara, ex gobernador del departamento del Meta (centro). Con el regreso de Sigifredo López concluye este proceso, realizado con apoyo brasileño.
¿Habrá más? Colombianos por la Paz, el grupo de políticos e intelectuales que a través de un diálogo epistolar concretaron la vuelta de estos seis secuestrados, envió una nueva carta a la guerrilla. Pretenden “entusiasmar” a Jorge Briceño, el Mono Jojoy, para que siga entregando cautivos.
La gran incógnita es saber qué dice Alfonso Cano, máximo comandante de las FARC, en un CD que fue entregado ayer, en la selva, a la senadora de la oposición Piedad Córdoba, gestora de estas liberaciones.
El País