Descubren un nuevo simio en la selva amazónica brasileña
July 9, 2009 by Revista Opción
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Investigadores han descubierto una nueva subespecie de simio en un remoto lugar de la selva amazónica, según anunció el martes la Sociedad para la Conservación de la Vida Silvestre (WCS, por sus siglas en inglés).
El mono descubierto fue avistado por primera vez por los científicos en el 2007 en el estado brasileño de Amazonas y está emparentado con los monos tamarín, conocidos por sus vistosas espaldas marcadas, dijo el grupo de conservación de la vida silvestre con sede en Estados Unidos.
El pequeño simio, que es en su mayor parte gris y marrón y pesa 213 gramos, ha sido llamado tamarín Mura, por la tribu indígena Mura de la cuenca de los ríos Purus y Madeira, donde fue encontrada la nueva subespecie. Los ejemplares del pequeño mono miden unos 24 centímetros de alto y tienen una cola de 32 centímetros.
“Este nuevo mono descrito, muestra que incluso hoy hay importantes descubrimientos de vida silvestre por realizarse”, dijo en una declaración de la WCS Fabio Rohe, principal autor de un estudio que confirma el nuevo descubrimiento.
El estudio halló que el simio es amenazado por proyectos de desarrollo en la región, incluyendo una gran carretera que atraviesa la selva que está en proceso de pavimentación y que podría provocar deforestación. “Este descubrimiento debe servir como una llamada de alerta de que aún hay mucho por aprender de los lugares silvestres del mundo, aunque todavía los humanos siguen amenazando a esas áreas con destrucción”, sostuvo Rohe.
Reuters
La biodiversidad de Sudamérica se debe a la cordillera de Los Andes
June 20, 2009 by Revista Opción
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¿Por qué Sudamérica reúne la mayor variedad de plantas y animales del planeta? Un estudio, con participación del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), propone una explicación más allá de factores ecológicos: los autores desvelan el papel clave que jugó el nacimiento de la cordillera de los Andes en la aparición y extensión de la biodiversidad tropical, un hallazgo que cuestiona las tesis tradicionales que consideran al río Amazonas el motor de la expansión de la biodiversidad de la región.
El estudio, publicado en la revista ‘PNAS’, ha sido reseñado en el último número de ‘Science’.
La investigación ha sido dirigida por la investigadora del CSIC Isabel Sanmartín, que trabaja en el Real Jardín Botánico (CSIC), en Madrid, en colaboración con Alexandre Antonelli, de la Universidad de Gotemburgo (Suecia).
Sanmartín aclara las razones que impulsaron el trabajo: “La región del neotrópico, que abarca América del Sur, incluye los bosque húmedos tropicales más grandes del planeta. Por ejemplo, un tercio de todas las plantas con flores se encuentran en la región, lo que atestigua su importancia como reserva de la biodiversidad. Sin embargo, todavía no se conocen con exactitud cuáles han sido los procesos responsables de tan extraordinaria diversidad”.
Tradicionalmente, la comunidad científica ha achacado la riqueza neotropical a factores ecológicos, como una mayor tasa de luminosidad, temperatura y humedad. “Las hipótesis ambientales no contemplan la posibilidad de que las condiciones ambientales actuales sean las mismas que se daban hace millones de años y tampoco asume que no todas las especies reaccionan igual a esas condiciones del ambiente. Por eso, en los últimos años, han surgido hipótesis más integradoras, que intentan explicar la riqueza de la región en términos históricos o evolutivos”, apunta la investigadora.
Estas teorías, explica Sanmartín, apuntaron en un primer momento al río Amazonas como dinamizador de la región y, en los últimos años, han comenzado a reconocer la influencia de la cordillera de los Andes, aunque como un hecho puntual y centrado exclusivamente en la diversificación de plantas de alta montaña.
La hipótesis que defienden Sanmartín y sus compañeros reivindica un papel más importante para la cadena montañosa. Sus conclusiones se han basado en el estudio evolutivo de la familia de plantas Rubiaceae, de la que procede la planta del café, muy presente en la región. Los autores analizaron secuencias de ADN de los vegetales, combinando los resultados con evidencias geológicas, paleontológicas o climatológicas utilizando un nuevo método de análisis biogeográfico.
Los datos obtenidos en la investigación sugieren que las Rubiaceae migraron desde Laurasia (Europa, Norteamérica y Asia) hacia América del Sur a mediados del Terciario, hace unos 40 millones de años. Para ello se sirvieron del levantamiento de los Andes del Norte. Allí, estas plantas permanecerían hasta el Mioceno, hace unos 23 millones de años.
Nuevas pruebas
Asimismo, el trabajo aporta nuevas pruebas sobre la existencia, en tiempos prehistóricos, de dos accidentes geográficos cuya presencia en la zona es muy discutida por geólogos y paleogeógrafos. Son el Portal Occidental de los Andes, una barrera geográfica a la altura del Sur de Ecuador, y el Lago Pebas, un gran sistema lacustre con una extensión en torno al millón de kilómetros cuadrados ubicada en la cuenca occidental del Amazonas.
El hecho de que las Rubiaceae no se dispersara hacia el sur de los Andes hasta el Mioceno parece avalar la existencia del portal, una región de tierras bajas entre los Andes del Norte y los Andes Centrales que se veía a menudo invadida por las aguas del Pacífico. De confirmarse su existencia, el portal habría impedido el paso de animales y plantas entre ambos sectores de la cordillera hasta que, a mediados del Mioceno, se produjo el levantamiento de la cordillera oriental de los Andes, fenómeno que abrió el camino de las especies de montaña hacia el sur.
Según explica Sanmartín, el cierre del portal andino en el Mioceno coincidió con la formación en la mitad occidental de la cuenca amazónica (entre los actuales Perú, Colombia y Brasil) del Lago Pebas. El aislamiento tanto del portal como del lago explica, según el estudio, que en la actualidad ambas zonas coincidan con dos puntos con una de las mayores tasas de acumulación de plantas y animales autóctonos de América del Sur, la región de Huancabamba, al sur de Ecuador, y la cuenca occidental del Amazonas.
El Mundo
Deforestación del Amazonas: auge y declive de la población
June 12, 2009 by Revista Opción
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La destrucción de la selva amazónica para sustituir los árboles por cultivos agrícolas y explotaciones ganaderas no es un buen negocio para los habitantes de la zona. En un primer momento, se suele producir un florecimiento de las condiciones de vida pero el declive llega a continuación y la situación resultante es igual de crítica para la población residente. Ésta es la conclusión de un estudio realizado sobre 286 municipios de la amazonía brasileña que se publica el viernes en la revista Science. La región en que se ha investigado el efecto de la deforestación es una de las más pobres y menos desarrollada de Brasil. El estudio muestra que en los municipios que han talado los árboles la vida no es mejor que donde se han conservado. La amazonía brasileña alberga el 40% de la selva tropical que queda en el planeta y juega un papel fundamental en la conservación de la biodiversidad, la regulación del clima y los ciclos biogeoquímicos.
La investigadora Ana Rodríguez (Universidad de Cambridge, Reino Unido) y sus colegas han utilizado el índice de desarrollo humano del Programa para el Desarrollo de Naciones Unidas (PNUD, en sus siglas en inglés) que tiene en cuenta la esperanza de vida media, la alfabetización y los niveles de vida de la población. Con ello han evaluado esos 286 municipios, que tienen diferentes grados de deforestación. El resultado es que después de un florecimiento inicial, las condiciones se deterioran de nuevo y al final el nivel de vida es similar al que había antes de iniciarse el proceso de destrucción de la selva.
El problema es que cuando se inicia la deforestación, la gente accede a nuevos recursos, incluida madera talada, minerales y tierras para pastos. De este modo los mayores ingresos y las nuevas carreteras mejoran la educación y asistencia sanitaria de la población y, en general, el nivel de vida. Pero es un florecimiento transitorio. En poco tiempo el nivel de desarrollo vuelve a la situación anterior, cuando la deforestación se extiende a otras zonas de selva virgen. Al final los indicadores de calidad de vida antes y después de perder la selva, son iguales.
Sin embargo, los investigadores apuntan en su artículo, que “las nuevas políticas e incentivos financieros están creando oportunidades para una trayectoria de desarrollo más sostenible no basada en las actividades que destruyen la naturaleza y los ecosistemas”. Estas nuevas estrategias, afirman Rodríguez y sus colegas, serían más beneficiosas para la población de los municipios que han investigado.
Desde 2000, se han talado 155.000 kilómetros cuadrados de selva en Brasil para explotar la madera o mediante quemas para dejar lugar a la agricultura, recuerdan los investigadores. Cada año se pierde una media de 1,8 millones de hectáreas (entre 1988 y 2008) de selva a medida que se extiende el uso de la tierra. Esto supone casi una tercera parte de la deforestación tropical del planeta y en consecuencia se emiten a la atmósfera unos 250 millones de toneladas de carbono suplementarias.
El País
La selva en los zapatos
March 2, 2009 by Revista Opción
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Sus zapatos y los que tiene en el armario, más sus prendas de cuero, unido al sofá de piel del salón o los asientos de cuero del coche contribuyen a deforestar la selva del Amazonas.
El cuero procedente de millones de cabezas de ganado para la industria de la piel se produce en gran medida en Brasil, el mayor exportador mundial de esta materia prima, a la que hasta ahora no se le había atribuido una más que evidente huella ecológica.
Ha sido Greenpeace quien ha dado la voz de alarma: los 205 millones de cabezas de ganado vacuno que se alimenta en los pastos de la Amazonia arrebatados a la selva, contribuyen de manera decisiva a la destrucción del mayor pulmón del planeta y por tanto al cambio climático. El informe Impacto de la ganadería en la Amazonia, no sólo denuncia la expansión de la ganadería en Brasil a costa del mayor captador de carbono terrestre, sino de sus consecuencias para el calentamiento global.
Entre 2000 y 2007 se han destruido 154.000 kilómetros cuadrados de la selva, una extensión mayor que Grecia. Y aunque Brasil no es un país industrializado, es el cuarto país más contaminante del mundo. El 75% de las emisiones de CO2 de la mayor economía de Sudamérica provienen precisamente de la deforestación.
La destrucción de la selva viene ocurriendo aceleradamente desde hace más de tres décadas, impulsada por el apoyo del Gobierno a la colonización del territorio y el desarrollo de infraestructuras con ese fin. Tras la tala ilegal de madera todavía en curso, ilegal quema y tras ella la agricultura y la ganadería, que por el bajo precio del suelo logran producir a precios muy competitivos, lo que hacen de Brasil el mayor exportador del mundo de madera, carne y pieles.
Si hace unos años, las ONG denunciaban la destrucción de la selva para cultivar soja con destino a los biocombustibles o la ganadería y el coste insostenible de la producción de carne para las grandes cadenas de hamburgueserías, ahora le ha llegado el turno a las pieles; la industria del cuero.
«Brasil tiene un papel muy importante ante los efectos del cambio climático y debe ser capaz de reducir la deforestación a cero antes de 2015», defiende Greenpeace en su informe mundial.
No obstante, Greenpeace asegura que no pretenden hacer una campaña contra la expansión de la ganadería en Brasil, sino a favor de que este país «adopte el objetivo Deforestación Cero para 2015, para evitar el cambio climático».
Lo que sí va a realizar la organización ecologista es una campaña entre los sectores industriales europeos y norteamericanos para que suspendan sus importaciones de cuero o carne «procedente de empresas ganaderas brasileñas vinculadas a la deforestación ilegal o a condiciones de semiesclavitud de sus trabajadores».
«La ganadería tiene un impacto social nefasto en la Amazonia. Más de 3.000 trabajadores fuero liberados de explotaciones ganaderas en las que vivían en régimen de semiesclavitud», asegura la ONG.
Otro efecto pernicioso es el metano expulsado por las flatulencias del ganado. Las moléculas de metano son 60 veces más activos en en el efecto invernadero que las de CO2. Se calcula que el potencial de emisión de gases de efecto invernadero del ganado bovino es de 13 kilogramos de CO2 equivalente por kilo de carne. «Esto significa que comer un kilo de carne genera la misma cantidad de gases de efecto invernadero que un pasajero en un vuelo de 100 kilómetros», asegura el informe. La cifra duplica la huella de carbono de la carne de pollo o de porcino.
Ante el cúmulo de argumentos, Greenpeace considera que Brasil debe de apoyar el nuevo protocolo que surja de la Cumbre del Clima de Copenhague en diciembre próximo, que incluya un Fondo Internacional para la Reducción de las Emisiones por deforestación y Degradación de los Bosques (REDD). Este acuerdo que se viene discutiendo desde hace años se debe firmar este año para canalizar fondos a los países con selvas tropicales que eviten la deforestación.
Brasil ya ha presentado un plan para detener la deforestación en 2015 en un 70%. Sin embargo Greenpeace considera que debe ser en su totalidad y que cinco años antes debe establecer una moratoria. Si se logra, la huella de nuestros zapatos será menos destructiva.
El Mundo
El museo más ‘verde’ del mundo abre en San Francisco
February 3, 2009 by Revista Opción
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El arquitecto empezó por el tejado. Renzo Piano se subió a lo más alto de la vieja Academia de las Ciencias de California, resquebrajada tras el terremoto de 1989, y oteó las colinas de San Francisco desde las frondas del Golden Gate Park. Se dejó poseer por aquello que los romanos llamaban el ‘genius loci’, el espíritu del lugar, y volvió al mundo de lo palpable con una etérea idea…
“Los museos de ciencia han sido siempre opacos y claustrofóbicos, como si fueran reinos de las tinieblas. Pero este edificio, en uno de los parques más bellos del mundo, tiene que conectar con la naturaleza. Necesita ser transparente, verde y sostenible para cumplir con su propósito: el estudio de la Tierra”.
Así brotó el boceto, como un mar de colinas, concretado al cabo de ocho años y 500 millones de dólares, habitado ahora por un millar de especies y coronado por un sinuoso ‘tejado vivo’ de una hectárea, 60.000 células fotovoltaicas, un sistema de ventilación natural y un armazón de acero totalmente reciclado.
La vieja Calacademy -como se le conocía popularmente desde su fundación en 1853- es ahora el templo ‘verde’ de la ciencia, el museo más ecológico del mundo desde los cimientos hasta esas siete cúpulas vegetales que se funden mágicamente con el paisaje, en un ejemplo único de biomímesis. Y también uno de los centros más punteros de investigación, donde es posible ver a los paleontólogos y a los entomólogos con las manos en la masa.
El ‘espíritu del lugar’ ha dado incluso un nuevo impulso a la misión de la Academia de las Ciencias de California, con una exposición permanente dedicada a Darwin y las islas Galápagos y el mayor repertorio de actos para celebrar los 150 años de ‘El origen de las especies’ (‘Evolve 2009′).
Un planetario, un acuario y una selva tropical -con toda la fauna piscícola del Amazonas- comparten espacio bajo el tejado ‘verde’, en el que ocupa también un lugar muy visible y práctico el cambio climático (con el manual ‘La sostenibilidad hecha simple’, que se llevan bajo el brazo los miles de visitantes diarios).
“Nuestro objetivo no es sólo investigar, albergar exposiciones o convertir la naturaleza en espectáculo”, sostiene el director de la Academia, Gregory Farrington. “Queremos que el edificio sea en sí un ejemplo, que inspire a los visitantes para que conserven los recursos naturales y ayuden a sostener la diversidad de la vida en la Tierra”.
El ‘envoltorio’ es el mensaje. La Academia ha recibido la certificación LEED ‘platino’ que la acredita como el mayor edificio público construido hasta la fecha con criterios ecológicos.
Renzo Piano, ganador del Premio Pritzker en el 98, artífice entre otros del George Pompidou en París, del rascacielos del New York Times en Nueva York o del emblemático Centro Jean-Marie Tjibaou de Nueva Caledonia, ha dado una nueva vuelta de tuerca a la arquitectura a sus 71 años y ha marcado un nuevo hito de lo posible dentro de un espacio urbano.
Visto desde lejos, el edificio adquiere una extraña ligereza y parece camuflarse poco a poco en el entorno, fiel al deseo original del arquitecto: “Quise crear el efecto de que el parque se elevaba y el museo se deslizaba por abajo”.
Para el radiante interior, Piano confiesa haberse inspirado en “las telarañas, las escamas, las hojas y otras formas naturales”. La luz entra a raudales por decenas de tragaluces que se abren y se cierran mediante sensores, en función de la temperatura, y permiten que el pabellón se ventile naturalmente (“una de mis obsesiones era evitar a toda costa el aire acondicionado”).
El 90% de los materiales de la vieja sede de la Academia se han aprovechado en la nueva construcción, donde se han aplicado los criterios más rigurosos de aislamiento y eficiencia energética. El consumo de electricidad es el 30% menor que un edificio de su tamaño, y las placas fotovoltaicas producen más del 10% de la energía que consume el museo.
Aunque donde de verdad se aprecia el genio del arquitecto es en el tejado verde, que absorbe 12 millones de litros de agua de lluvia al año, enfría y aisla la Academia y se extiende como una manta verde y poblada de fresas salvajes, claveles silvestres y amapolas de California, en singular sinfonía de ciencia y naturaleza.




