UNA COLORADA
August 24, 2009 by Revista Opción
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Desesperación
Por: Lilia Cisneros Luján
Las continuas apariciones mediáticas del primer mandatario, quien un día declara y otro también, sin la aparente asesoría de publicistas conocedores de la fina línea que separa esta legítima actividad -para la promoción de productos disponibles en el libre mercado- de la burda propaganda; nos permiten sospechar que la desesperación ya no es exclusiva del pueblo. La desesperación, tan amplia en sus manifestaciones como sus múltiples acepciones gramaticales, es causa y efecto, alfa y omega, origen y destino. Como resultado de la limitación de oportunidades para el estudio, el empleo o el acceso a los satisfactores básicos, gente de todos los estratos sociales ha perdido la esperanza y, tal desaliento se convierte a su vez en causa de enojo, aflicción y cólera. Cuando una familia, se enfrenta impotente y cíclicamente a la pudrición arrastrada por un canal de desagüe no desasolvado o un río violento, respecto de cuyo cause y devastación histórica nadie ha hecho nada, la aflicción se empieza a tornar en exasperación y otra vez, lo que fue efecto se vuelve causa de probables estallidos sociales.
¿Cómo remontar las manifestaciones emotivas de una hiriente realidad, en la cual conviven por instantes reporteros de medios electrónicos bien equipados –botas, pantalones especializados, vehículos de primer mundo etc.- con víctimas usadas como parte de la producción de noticias que, indudablemente aumentan el rating de audiencias domesticadas para entretenerse con el morbo de pies callosos, mobiliario y trapos destrozados, ojos infectados, pieles irritadas, llanto de niñ@s violad@s casi siempre por el cercano o la autoridad responsable de protegerlo? El tema de los derechos humanos ha sido tela para cortar –a favor y en contra- por analistas, conductores, corresponsales y enviados especiales. Algo tan inherente a la esencia misma del hombre, se ha usado, para criticar o defender –según la filias, fobias o pagos recibidos de quien hable en la pantalla chica- al titular de la CNDH, el ejército, los policías, los países que el imperio considera enemigos y eventualmente las víctimas. Pero, algo está pasando, según se infiere por las reacciones, y gestos iracundos de comentaristas en un programa, conducido por cierto por quien tiene fuertes lazos de parentesco y amistad con muchos miembros del poder judicial. El relevo de cuadros en el la Comisión Nacional de Derechos Humanos y la del DF, nos ha mostrado a quienes con desesperación anhelan ocupar esas sillas, aunque también a agoreros y porristas dispuestos a cobrar el voto expresado, cuando el favorito “llegue”; pero igualmente vemos el miedo de quienes alentaron la diarrea legislativa y de pálpito que nos agobia y, por primera vez consideran el riesgo por la entrada a la residencia o la elegante oficina del influyente de algún militar o policía dispuesto a fabricar una imputación que viole sus derechos. ¿Qué se siente, que la podredumbre, la basura y todo lo execrable entre a tu casa? ¿Les está produciendo “inquietud” a los políticos improvisados y medios que los acompañan, las manifestaciones populares de hartura y disposición a entregar lo único que les queda que son sus vidas? ¿Alguien recuerda los planteamientos hechos en la tragedia de Acteal cuyas expresiones de indiferencia e ironía hoy han variado en 180º? ¿Qué, además de sus propias trampas, ha propiciado tanto enojo? ¿Por qué el regaño presidencial a los que según él perjudican con sus expresiones a México? ¿Cómo no tener ansiedad, luego de una campaña como la enarbolada por el titular de salud a propósito de la influenza? ¿Bastará, para restaurar la credibilidad, la entrega de tierras a indígenas chiapanecos expulsados y encarcelados –hoy se sabe- sin elementos constitutivos del delito que se les orquestó, para privarlos de su libertad? ¿Cuánta más inmundicia debe salir de las coladeras del poder y entrar por cada ranura de la vida nacional, para que alguien comprenda el dolor profundo de millones de personas -más de la mitad de la población en el caso de México- hartas de ver como los responsables del progreso y el desarrollo social solo se hacen bolas al igual que el mal engrudo? ¿Para que seguir gastado el dinero del pueblo en propaganda tendiente a convencernos de las manos limpias, el empleo boyante y la recuperación del catarrito, frente a una realidad de nepotismo mercantilista, incapacidad administrativa, contaminación con las ambiciones más deleznables y carencia absoluta de auto crítica?
México avanza en la tabla de los países con altos índices de suicidios, la sociedad en su conjunto está llegando al límite de lo soportable, la agresividad propicia enfrentamientos entre vecinos transeúntes, automovilistas y colegas. Los jóvenes, abandonados e inermes frente a la absoluta opacidad de los pseudo líderes, no entienden el lenguaje de los adultos y en automático, casi como en defensa propia, desechan la experiencia, quedando a merced de un presente sin historia y un mañana sin futuro, sin más sostén que la propaganda manipuladora, el mundo feliz ofrecido por la tecnología virtual, a la cual por cierto pocos tienen acceso y “la suerte” de vincularse con el narco. Con espíritu optimista queremos pensar que la desesperación mostrada por conductores de medios electrónicos, será un honesto giro hacia el cumplimiento de su función social y no un simple y anticipado deslinde de ministros que sentenciaron en contra de lo que anteriormente se difundió. Ojalá los medios le dieran igual espacio que a la nota roja o el “apoyo de Monsanto al agro nacional”, al éxito de universitarios mexicanos en materia de investigación alimentaria. La población merece menos zorras impedidas para verse la cola y más recursos para educación. Aspiramos a la difusión de los argumentos de los rectores para exigir recursos y no solo frases aisladas dando la impresión de belicosidad, para enfrentarlos a los negocios privados de la enseñanza. Más que la amenaza de un senador priísta en contra de un ejecutivo que no ha cumplido con la reforma petrolera, queremos estar seguros que las plataforma internacionales en Burgos y otras cuencas, la sospechosa desaparición de islas, los ductos ordeñados y todo lo que se mal habla de PEMEX no responde a una estrategia de descalificación, para sustituir los avances de los años treinta con un retroceso monumental, que aun sin haberse consumado, ya nos tiene sumidos en la desconfianza la cual se acabará cuando la tranza, la queja y la reprimenda, sean sustituidos por la honestidad, la interlocución, la modestia republicana y el imperio de la Ley.




