Las autopsias apuntan a que el Airbus no estalló en vuelo

June 13, 2009 by Revista Opción  
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La autopsia a los cadáveres de 16 de los pasajeros del Airbus-330 de Air France que cayó al Atlántico el 1 de junio con 228 personas a bordo reveló ayer que no presentan quemaduras, un dato que descartaría la posibilidad de que el avión hubiese explotado en vuelo. La mayoría de los cadáveres estaban desnudos debido a que la fuerza del viento habría arrancado su ropa, lo que según informaciones de la cadena Globonews TV y del periódico Estado de São Paulo refuerza la hipótesis de que el avión se rompió en pedazos en el aire antes de caer al mar.
Hasta ayer habían sido hallados 50 cuerpos del vuelo AF447, según la Marina y la Fuerza Aérea de Brasil, que coordinan las operaciones. La búsqueda de cadáveres y de los restos del avión continuó en una jornada en la que las condiciones climáticas eran más favorables que en días anteriores y permitieron recuperar tres cuerpos más.
Por su parte, la Marina francesa está tratando de localizar las cajas negras del avión, que, junto con las autopsias, son las piezas clave para averiguar la causa del accidente, que deberá ser finalmente establecido por las autoridades de Francia.
El oficial de la Fuerza Aérea brasileña Ramón Cardoso explicó que el hecho de que los cadáveres y los restos del avión se encuentren tan lejos de la costa brasileña dificulta las operaciones, para cuya conclusión no se ha planteado una fecha límite.
El director general de Airbus, Fabrice Brégier, aseguró ayer en una entrevista publicada por el diario francés La Dépêche du Midi que sus aviones son “seguros”, tras las dudas surgidas sobre la implicación de los sensores de velocidad en el accidente, en consonancia con las declaraciones de la Oficina de Investigaciones y Análisis, responsable de las pesquisas. “Nuestros aviones son seguros. Lo afirma la Agencia Europea de Seguridad Aérea, lo afirman nuestros clientes”, declaró Brégier, en la primera reacción de un directivo de Airbus tras el accidente del vuelo AF447.
El País

Brasil recupera los cuerpos de dos víctimas del avión que se perdió en el ‘caldero negro’

June 7, 2009 by Revista Opción  
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Seis días después de que el avión desapareciera en medio del océano, el Ejército brasileño recuperó ayer dos cadáveres de hombres, parte de un ala, un trozo de asiento, una mochila y una maleta que guardaba en su interior, milagrosamente intactos, dos billetes del Air France 447 Río de Janeiro-París. Son los primeros elementos tangibles de un vuelo enigmático, que acabó hundido de noche sin que se sepa aún por qué y que había despegado, a la hora prevista, de una forma perfectamente normal.
El Airbus 330 transportaba 228 personas que conformaban esas mezclas azarosas e irrepetibles que se forman en todo viaje transoceánico: un príncipe de la depuesta monarquía brasileña, un director de orquesta, un hombre que regresaba por unos días a Alemania para reunir los papeles necesarios para casarse a toda prisa y quedarse a vivir para siempre en Río… Iba completamente lleno: un médico de Montpelier intentó hasta el último momento comprar una plaza. En vano.
Se pegó a la costa brasileña hasta que, a la altura de Arrecife, se internó en el Atlántico. Más al norte se formaba una de esas tormentas típicas de esa franja intertropical, con vientos fuertes, lluvia, granizo y nubes altas de 15.000 metros imposibles de sobrevolar para ningún avión de línea. Esta zona es conocida por marinos y por comandantes de vuelo debido, precisamente, a esas colosales tempestades instantáneas que pueden llegar a extenderse a lo largo de 100 kilómetros. Un piloto veterano explicó hace unos días que lo más parecido a atravesar esa zona movidos por vientos de esa potencia es manejar un avión dentro de un tambor de una lavadora en marcha. Por lo general, los pilotos tratan de evitar las tormentas dando rodeos. Aunque están acostumbrados a perforarlas. No se trata de nada excepcional. En Francia, esta área particular tiene un nombre expresivo: el caldero negro.
A las tres y media de la madrugada, en medio de la noche, poco antes de que el avión se metiera de cabeza en este caldero negro, fuera ya de la cobertura de los radares de la costa americana y lejos de la de los radares africanos, en esa zona ciega, el comandante habla por radio con Brasil. Informa de la altitud: 11.000 metros, de la velocidad, 840 kilómetros por hora y de que empiezan a sufrir grandes turbulencias.
Por ahora es la última información llegada por medio de la voz humana que se tiene del AF-447. Y si no se encuentra la caja negra, cosa nada segura, oculta en algún mínimo pliegue de una montaña submarina del tamaño de los Andes a 4.600 metros de profundidad, será la última. Durante un mes emitirá una señal acústica que sirve de localizador. Hacia la zona supuesta del hundimiento viajan ahora, en una carrera contrarreloj, barcos científicos y submarinos nucleares franceses y naves estadounidenses especializadas en sistemas de audición para tratar de escuchar ese bip-bip que se extinguirá el 1 de julio y que emite una baliza plateada del tamaño de un plátano que, posiblemente, se haya desprendido de la caja negra después del choque.
A partir de la conversación del piloto con Brasil, nada o casi nada es seguro. Hay quien afirma que un rayo pudo arañar el fuselaje, dañando el sistema de radar, dejando al Airbus inerme ante la localización de la tormenta, lanzándole a ciegas a lo más profundo del caldero negro. Hay quien piensa en una bomba, teoría que no está excluida al 100% pero que, para la Oficina de Investigaciones y Análisis, organismo encargado de la investigación oficial, “no es muy coherente”. Estos investigadores consideran que las condiciones atmosféricas tampoco escondían “nada de excepcional”.
A las cuatro y diez de la mañana del lunes pasado la central de Air France en el aeropuerto de Charles de Gaulle recibe el primero de una serie de 24 mensajes codificados enviados por el avión de forma automática, según informaron ayer los responsables de la investigación. Indica que el piloto automático ha sido desconectado y que el control es manual. El avión ya vuela por entonces a una velocidad inapropiada. Mientras, los medidores de velocidad dan datos contradictorios, lo que llevó ayer a la investigación francesa a aconsejar la sustitución del sistema en los Airbus 330.
Dos minutos después se reciben dos señales más: reflejan una caída en bloque del sistema informático vitales para dar datos del vuelo además de la velocidad, la altitud o la dirección, entre otros. Un minuto después otro mensaje informa de un fallo general y en cadena del sistema eléctrico. El último mensaje que llegó al ordenador central de Air France en París, a las 4. 14 de la madrugada, el número 24, es terminante, agónico y brutal. Se ha traducido por “Cabina en velocidad vertical” y anticipa, según ciertos expertos, una despresurización, una caída en picado y una desintegración del avión en pleno vuelo, en un punto indeterminado del Atlántico, situado a 650 kilómetros al noreste del minúsculo y turístico archipiélago de Fernando de Noronha. En medio del caldero negro. En medio de la tormenta.
A las ocho de la mañana, sin noticias del Airbus 447, salta la alarma. Los radares africanos de Dakar no registran el avión. La noticia da la vuelta al mundo. En el aeropuerto de Charles de Gaulle, donde se esperaba al avión a las 11.45, alguien adjunta en el casillero correspondiente del panel de información delayed (retrasado). Poco después, se avisa por megafonía a las personas que esperan el vuelo rogándoles que se acerquen lo antes posible a la terminal 2D, donde se organiza a toda prisa un gabinete de crisis.
Algunos de los familiares, amigos, hermanos, padres e hijos de los 228 ocupantes del avión, entre los que se contaban siete niños y un bebé, acuden, atontados por el impacto de la noticia y el dolor, a esa terminal fatídica en busca de información, o de consuelo. Casi en ese momento, la Oficina de Investigaciones y Análisis comienza a recoger los primeros datos para tratar de reconstruir el misterio de un accidente ocurrido en pleno vuelo, algo muy raro en los accidentes de avión. Francia y Brasil se paralizan de estupor.
De las víctimas, por lo menos del lado francés, no se sabe mucho. Las autoridades reagruparon a los familiares en un hotel. Hubo un testimonio que se repitió en radios y televisiones. Era de un hombre con gafas, mayor, que miraba a la cámara con cara de asustado, sin haberse recuperado del todo de la sorpresa y del miedo. Confesaba a quien quería oírle que era médico de Montpellier y que se quedó sin plaza por llegar tarde y por pura buena suerte, que había llegado a París al día siguiente, por la misma ruta, pero en un vuelo distinto.
El País

Marina de Brasil intensifica búsqueda restos Airbus

June 5, 2009 by Revista Opción  
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La Marina de Brasil intensificó el jueves su búsqueda de restos del Airbus 330 de Air France que cayó al océano Atlántico con 228 personas a bordo y que, según un diario francés, podría haberse despedazado al entrar en una zona de tormentas a una velocidad incorrecta.
La Fuerza Aérea Brasileña (FAB) descartó, en tanto, que objetos recogidos el jueves por un helicóptero de la Marina en la zona rastrillada fueran del vuelo AF 447, que partió de Río de Janeiro hacia París en la noche del domingo y del cual se perdió el contacto unas cuatro horas después de su despegue.
Un helicóptero Lynx de la fragata Constitucao, guiado por un avión C-130 de la FAB, izó un soporte usado para acomodar cargas (pallet) y dos boyas, que inicialmente se consideraron podrían ser los primeros restos recuperados del Airbus.
Pero el brigadier Ramon Borges Cardoso, director del Departamento de Control del Espacio Aéreo de la FAB, dijo en la noche que, luego de analizados los objetos, se descartó que pertenecieran al Airbus 300-200 siniestrado.
“Confirmamos que el ‘pallet’ encontrado no era parte de los destrozos de la aeronave”, afirmó el oficial en una conferencia de prensa en la ciudad de Recife, en el noreste de Brasil, agregando que se trataría de “basura”.
Aviones de la FAB avistaron numerosos destrozos entre el martes y jueves en una amplia zona del Atlántico a unos 1.200 kilómetros al noreste de Recife, así como extensas manchas de combustible, pero sin ubicar sobrevivientes o cuerpos.
La fragata Constitucao se unió a otras dos unidades de la Marina en las búsquedas el jueves, asumiendo el comando de las tareas en un área circular de 200 kilómetros de radio, dividida en tres sectores.
La FAB dijo que operan en las búsquedas 11 aeronaves, movilizadas en la Base Aérea de Natal, en el noreste de Brasil, y en la isla Fernando de Noronha.
En tanto, en Río de Janeiro cientos de personas se reunieron en un acto ecuménico en una céntrica iglesia para recordar a las víctimas, en su mayoría brasileños, franceses y alemanes.
“Llorar la pérdida de un hijo duele mucho. Como madre, todavía tengo la esperanza de que ocurra un milagro”, dijo entre lágrimas Marieta Parente, madre del jefe de Gabinete de la alcaldía de Río, Marcelo Parente, quien estaba en el fatal vuelo AF 447 de Air France.
El diario francés Le Monde, citando fuentes cercanas a la investigación, dijo que el grupo aeroespacial Airbus planeaba emitir una recomendación a las aerolíneas sobre velocidades óptimas para que el A 330 opere en condiciones climáticas adversas, tras hallar indicios de que el avión siniestrado volaba a una velocidad incorrecta.
El vuelo AF 447 partió a las 1930 hora local (2330 GMT) del domingo de Río y el piloto reportó cuatro horas después que había ingresado en una zona de fuertes turbulencias. Minutos después se perdieron todos los contactos con la nave.
Airbus declinó comentar el reporte de Le Monde; mientras que la agencia de investigación aeronáutica francesa, que debe validar las recomendaciones, no estaba disponible de inmediato para hacer comentarios.
Expertos, aunque reacios a admitir que una tormenta pueda por sí sola derribar un avión tan moderno, han especulado que turbulencias extremas o una descompresión explosiva podrían estar detrás del accidente.
Servicios de inteligencia y analistas de seguridad dijeron que no se han detectado indicios de que el accidente pudiera ser fruto de un atentado, mientras el Gobierno brasileño afirmó que la presencia de combustible sobre el océano permite descartar la hipótesis de una bomba.
ACTO ECUMENICO
Los ministros de Relaciones Exteriores de Brasil y Francia acompañaron el jueves a más de 2.000 familiares y amigos de las 228 víctimas del desastre en el acto ecuménico realizado en la Iglesia Candelaria, en el centro de Río.
El presidente Luiz Inácio Lula da Silva, quien llegó en la madrugada a Brasil de una gira centroamericana, estuvo representado por su canciller, Celso Amorim.
El ministro de Relaciones Exteriores de Francia, Bernard Kouchner, lamentó en portugués la fatalidad. “En nombre del presidente de la República Francesa presento al presidente Lula, al pueblo brasileño, los pésames de Francia”, declaró.
“Con todo el amor y la fraternidad me inclino ante el sufrimiento de las familias y de los allegados (a las víctimas)”, agregó.
Kouchner y el subdirector de Air France, Jean Claude Cros, se reunieron luego con familiares de las víctimas en un hotel de Río por cerca de una hora.
En el encuentro recibieron quejas de falta de información, reconoció Kouchner en posterior conferencia de prensa, indicando que nada se ocultaba y se daban los datos que se conocían “a medida que evoluciona la investigación”.
Brasil encabeza las búsquedas de los restos del Airbus, pero el Gobierno de Francia estará a cargo de las investigaciones del accidente, ya que el avión llevaba la bandera francesa.
Un navío francés equipado con un minisubmarino capaz de descender hasta una profundidad de 6.000 metros está en camino hacia la zona donde se avistaron los restos.
Las búsquedas incluirán un esfuerzo por detectar las cajas negras del Airbus, que contienen grabaciones de voz y datos técnicos sobre el vuelo, consideradas vitales para descubrir las causas del desastre, el peor en la historia de Air France.
Pero, el rescate, pese a la disponibilidad del minisubmarino, resultará extremadamente difícil, según expertos, ya que la profundidad del océano en la región es de entre 2.500 y 3.000 metros.
Investigadores franceses ya dijeron que podría nunca conocerse la verdad sobre lo que exactamente hizo desplomar al enorme aparato.
Reuters