Inauguran la exposición La mano que mece la pluma

October 28, 2009 by Revista Opción  
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lamanoConaculta.- La escritura gótica, dice el diseñador y artista plástico Gabriel Martínez Meave, tiene algo que nos hace gritar o ponernos de rodillas, que nos conmueve y nos inquieta, que no nos deja estar tranquilos frente a una página en blanco que al irse llenando de letras negras es como si se inundara de luz oscura.
Esa pasión de Martínez Meave por la caligrafía, la tipografía y la ilustración es lo que se podrá apreciar en la exposición La mano que mece la pluma, que se inauguró ayer lunes 26 de octubre en el Museo Mural Diego Rivera, en el contexto de la 53ª Conferencia Anual de ATypI, typo09.
La exposición esta compuesta por 40 piezas, entre libretas de bocetos, trabajos de dibujo de letra y caligrafía, y brinda la oportunidad de adentrarnos en el complejo, profundo y fascinante mundo de los laberintos creativos de Gabriel Martínez Meave, quien ha plasmado en cada una de estas piezas universos fantásticos, personajes seductores, escrituras herméticas y contactos con lo divino.
Martínez Meave es un diseñador gráfico y tipográfico, ilustrador y calígrafo mexicano que ha recibido numerosos reconocimientos en Diseño, entre ellos, diversos premios del Type Director Club de Nueva York y de la Asociación Tipográfica Internacional (ATypI), así como el primer lugar de la Bienal Nacional de Diseño en México (2001).
Su trabajo tipográfico digital forma parte de las librerías de Adobe Systems, y ha diseñado proyectos de tipografía para el gobierno federal y diversas instituciones y empresas mexicanas. Ha ilustrado libros para las editoriales Siruela y Fondo de Cultura Económica. Imparte talleres, conferencias y ha exhibido su trabajo en México y el extranjero. Además, recientemente fue seleccionado entre los 100 diseñadores emergentes más influyentes del mundo para el libro, publicado por la editorial inglesa Phaidon.
Al referirse a la tipografía, Gabriel Martínez Meave revela que ésta también ha tenido sus ideologías, sus ideólogos y sus dogmas. El movimiento más relevante que ha padecido el diseño en el siglo XX, el modernismo, dice el creador, empezó como una revolución aparentemente liberadora de la gráfica demasiado ostentosa, demasiado engolada, demasiado “individualista” y “emocional” del pasado.
Nuevos dogmas, como “la forma sigue a la función” o “el diseñador debe ser invisible para el usuario”, así como un desprecio intelectual por cualquier conexión entre diseño y arte se volvieron la bandera y la norma. La síntesis geométrica, la sobriedad de línea y el diseño neutro, impersonal, se enarbolaron no como uno de los caminos de lo visual, sino como el único posible.
“Muchos preceptos del modernismo eran justos y necesarios, pero la forma dogmática en que fueron abrazados por tantos académicos y practicantes del diseño fue lo opuesto. A ellos les debemos que nuestras ciudades se llenaran de edificios sórdidos como cajas de zapatos; que el ornamento fuera considerado no nada más como innecesario, sino como aberrante; que la educación en los clásicos se menospreciara y se perdiera; que la jerga profesional se llenara de términos teóricos incomprensibles y pedantescos; que todo proceso de diseño se concibiera como algo únicamente utilitario; que cualquier aspiración estética o expresiva en un diseño se viera como sospechosa y retrógrada; que oficios de siglos como los canteros, los herreros, los vidrieros y los encuadernadores se dieran por muertos y que la paleta tipográfica se redujera a las teclas de la máquina de escribir”, expresa el artista.
Bajo el grito de combate “menos es más”, abunda Gabriel Martínez, esta guerra contra lo antimoderno causó cuantiosas bajas en todos los frentes artísticos. Una de sus más hermosas víctimas fue la letra gótica. Y como tiro de gracia, estas heroicas letras fueron infamemente ligadas a uno de los movimientos políticos más terribles de la historia: el Nazismo. No ha sido sino hasta años recientes que las góticas –también llamadas blackletters, letras negras o letras fracturadas–, han empezado a revivir tímidamente en las computadoras de los diseñadores.
En palabras del también diseñador Leonardo Vázquez, Gabriel Martínez Meave es un artista de otro tiempo, excelente dibujante, obsesivo detallista, creador autodidacta y polifacético maestro poseedor de un talento irrepetible que motiva y que trasciende.
“Su obra traza una línea, continua y firme en la historia del diseño mexicano contemporáneo, siguiendo la veta y el impulso creativo que han dejado grandes nombres en la historia de las artes gráficas de nuestro país, como el de Julio Ruelas, Roberto Montenegro, ‘el Chango’ García Cabral y Miguel Covarrubias, entre otros”, indicó.

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