UNA COLORADA
February 16, 2009 by Revista Opción
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Lilia Cisneros Luján / Está en la naturaleza humana, la posibilidad de optar por la paz o la guerra, el reconocimiento o desconocimiento de los poderes constituidos, el amor o el odio, el enriquecimiento material o el crecimiento espiritual, la lealtad o la traición, el valor o el miedo. El libre albedrío ha sido reconocido como semejanza divina o derecho humano y en aras de éste se mueven esperanzas –por un mundo distinto, justicia social, equidad en el reparto de bienes- sueños –una familia segura, feliz y sana; la empresa exitosa, o la posibilidad de regresar altruista y honestamente al mundo lo que la sociedad nos ha otorgado- y anhelos, que se tornan positivos o negativos, según los valores de la persona y el entorno social que muchas veces le determina. Más allá del imaginario particular y muy frecuentemente colectivo, eventualmente lo que fue un sueño se convierte en pesadilla, el anhelo en frustración y la esperanza en desesperación. La diversidad de opiniones acerca de ideologías, filosofías, religiones, hipótesis científicas, etc. encuentra su mayor obstáculo para convertirse en logro y superación de la raza humana, en la envidia y la ambición, fuentes inagotables de la irresponsabilidad y la mediocridad. ¿Qué es lo que lleva a empresas exitosas –lucrativas o filantrópicas- a perderse con el transcurso del tiempo? ¿Por qué muchos gobernantes se ven en la imposibilidad de cumplir sus promesas de campaña?
Cuando menos en las últimas tres décadas y en particular en los países en desarrollo, hemos visto el supuesto triunfo de grandes movimiento populares –Brasil, Venezuela, Bolivia y parcialmente en México, son algunos ejemplos de América latina- los cuales casi como denominador común, no han logrado desarrollar sus programas ni mucho menos sacar adelante las iniciativas que ofertaron. ¿Cuál será el factor común de fracaso de quienes han llegado, con abrumadoras mayorías, a puestos máximos del ejecutivo o a bloques de supremacía en los legislativos? ¿Por qué el señor Barack Obama, ni siquiera ha podido integrar un gabinete a modo? La respuesta está en la realidad de los poderes fácticos y plutocráticos y en la propia naturaleza humana. Desde el libro del éxodo, hasta los hechos de los apóstoles se mandata la prohibición de injuriar a los gobernantes y se ofrece a los que soporten el vituperio, sin temor ni abatimiento, el triunfo y la tierra prometida. Lo contenido en esta antigua y proverbial literatura, es repetida a lo largo de la historia humana con las variables propias de la cultura y el tiempo. Hoy se reitera lo utópico de alcanzar el triunfo electoral si este no va acompañado de la conquista del poder y, cuando se tienen todas consigo, la única forma de obtenerlo, es ejerciendo la humildad para reconocer que no se tiene la oportunidad de crear las condiciones en el contexto social que permitan su ejercicio, trabajando para suplir las deficiencias que se van presentando, entrenando a aquellos con los cuales se habrán de cumplir los compromisos, perdonando a los cortos de entendimiento y de generosidad –que al fin ellos solos serán marginados como resultado de sus actos, de la misma forma en que la hierba mala es separada de la semilla buena- evitando abatirse por las contradicciones y enfrentando con sabiduría y espíritu conciliatorio –ajeno a la venganza- las diferencias.
Esto último es quizá la parte más difícil de ejercer por quienes han asumido cualquier tipo de liderazgo. Frecuentemente se confunde un espíritu conciliador, con debilidad de carácter, hoy mismo se alzan voces interesadas en el negocio de la guerra, vaticinado como derrota una decisión para el retiro de tropas en Irak y en otros puntos del planeta. Son muchos los críticos de las medidas financieras propuestas, a más de uno les molesta la postura internacional respecto a paradigmas de representación global en temas como los árabes, los latinos, la reducción de armas estratégicas, las energías renovables y muchos otros, en los cuales, si bien Obama debe ser firme y congruente, también sería oportuno que considerara lo dicho en el Foro Social Mundial, particularmente lo expresado por el presidente Lula, quien defendió una salida a la crisis financiera mundial: “…que no pase sólo por nuevos caminos económicos y financieros, sino también por la construcción de un nuevo modelo productivo y de consumo ambientalmente sustentable”. El nuevo habitante de la Casa Blanca, puede elegir entre, ceder a las descalificaciones interesadas o mantener el rumbo que le llevó a esa posición. Esto último no será fácil, requiere de un gran espíritu, convencimiento profundo de que, lo expresado en campaña es lo correcto y, una gran labor de concertación para disminuir al mínimo las contradicciones.





